Los adelantos electorales los carga el diablo

Convocar comicios y crear luego situaciones favorables al PSOE es una táctica arriesgada que Sánchez puede acabar pagando caro


Elegir la fecha de las elecciones generales, e incluso adelantarlas respecto al fin previsto de la legislatura, es una prerrogativa exclusiva del presidente del Gobierno. Es probablemente de la decisión más importan que toma un jefe del Ejecutivo durante su mandato, porque, de que acierte no, dependen las posibilidades de ampliar el apoyo al partido por el que se presenta como candidato. Todos los jefes de Gobierno de la democracia han escogido por ello la fecha de los comicios en función de su interés personal, por más que en las declaraciones oficiales todos digan que solo prima el interés del país y la estabilidad. En todo caso, acertar en esa decisión no es una tarea fácil. Un error puede acabar generando consecuencias contrarias a las buscadas.

La historia demuestra, no solo en España, sino en el resto del mundo, que en la mayoría de las ocasiones en las que un presidente del Gobierno ha decidido adelantar las elecciones fiándose de un supuesto viento de cola y de unas encuestas que le sitúan a mucha distancia de sus rivales, la cosa ha acabado en fiasco. Ese efecto se multiplica en caso de que transcurra mucho tiempo entre el anuncio del adelanto y la fecha de los comicios. En este caso, dos meses son mucho. Nada garantiza que la distancia que los sondeos daban al PSOE cuando Sánchez y su gurú Iván Redondo eligieron la fecha se mantenga hasta el 28 de abril e incluso aumente, como pretenden.

El Gobierno que adelanta los comicios suele sufrir un desgaste cuando los ciudadanos perciben que lo hace por interés propio y para aprovechar una coyuntura favorable. Pero, en el caso de Sánchez, esa estrategia es doblemente arriesgada, porque lo que hace no es aprovechar unas condiciones favorables para convocar las elecciones, sino convocar primero los comicios y crear posteriormente esas condiciones favorables, jugando con la ventaja de seguir manteniendo el control del Gobierno hasta el último día. Más allá de que sea legal o no, que el Ejecutivo pida a los ciudadanos que estén atentos a las ruedas de prensa de los próximos Consejos de Ministros porque se convertirán en «viernes sociales», como si se tratara de tómbolas semanales de aquí al 28 de abril, puede acabar volviéndose en su contra.

En España tenemos ejemplos de graves reveses en adelantos que pretendían reforzar al Gobierno de turno. Empezando por los dos seguidos de Artur Mas en Cataluña, que terminaron costándole incluso la cabeza, y pasando por el de Susana Díaz en Andalucía, que aspiraba a reforzar su posición, que era cómoda, y salió sin embargo más debilitada. El caso prototípico es el de la británica Theresa May. Se fio de las encuestas y adelantó las elecciones. Comenzó la campaña electoral con 20 puntos de ventaja sobre los laboristas y esperaba un triunfo aplastante para gestionar el Brexit. Al final, el resultado fue exactamente el contrario. Perdió la mayoría y se buscó la ruina.

Quedan 50 días para el 28A. Y el tiempo se le puede hacer largo al PSOE. En especial, si su estrategia de los viernes sociales es percibida como algo oportunista. Haber convocado inmediatamente después de la moción de censura habría sido más acertado.

Romper el marco de Cataluña será clave para el Gobierno

El Gobierno cree que la clave de las elecciones es que sea capaz de evitar que la cuestión de Cataluña centre la campaña electoral y consigna que la agenda social prime sobre la discusión del modelo territorial y el juicio del procés. Inmediatamente después de convocar los comicios, el Gobierno comenzó a marcar distancias con los independentistas para afianzar, con la ayuda de Podemos, ese intento de vuelco en el marco político. Pero todos los rivales de los socialistas son conscientes de ello. Y por ahora no están dispuestos a aflojar en su táctica de fiarlo todo al rechazo mayoritario que el independentismo catalán genera en el resto de España. De quién imponga el marco dependerá el resultado.

Rumores interesados para tratar de condicionar a Pastor

Las presiones políticas y mediáticas para tratar de condicionar la decisión de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, de cara a las listas de las próximas elecciones, no cesa. El sector más afín a Pablo Casado quiere crear el clima de que lo más favorable sería que se presentara como candidata a las elecciones europeas aprovechando su tirón. Los más contrarios a ella en Galicia alientan el rumor de que no será cabeza de lista en Pontevedra, sino número dos por Madrid. Lo cierto es que, una vez que Feijoo ha decidido quedarse en la Xunta, Pastor es ahora mismo el mayor activo del PP nacional y estará en la lista que desee, porque dar la sensación de que se enfrenta a ella sería un suicidio político para Casado.

Las generales pueden ser las últimas de Iglesias como líder

El patinazo de Podemos con el cartel en el que se anunciaba la vuelta de Pablo Iglesias a la actividad política después de concluir su permiso de paternidad ha sido tan desacertado, que las consecuencias pueden ser imprevisibles. El efímero cartel que presentaba a Iglesias como el macho alfa que venía a salvar a un partido a la deriva destrozó el discurso de Podemos a pocos días del 8M. Pero, además, era el reconocimiento explícito de que el partido no es nada sin su líder. La reacción del propio Iglesias, que dejaba ver su desencanto ante la concatenación de patinazos del partido, alienta el rumor de que Iglesias dejará el liderazgo del Podemos si, como parece probable, el resultado es malo el 28A.

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