La anarquía en Londres imprime fuerza a la prórroga del «brexit»

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Un activista a favor del  brexit  protesta frente al Parlamento de Westminster
Un activista a favor del brexit protesta frente al Parlamento de Westminster HENRY NICHOLLS | Reuters

May sigue sin tener apoyos para superar las tres votaciones en el Parlamento

10 mar 2019 . Actualizado a las 09:32 h.

 Anarchy in The UK. La célebre canción de los británicos Sex Pistols va camino de convertirse en el himno improvisado del brexit. Quién no se la imagina sonando de fondo en Westminster. «No sé lo que quiero, pero sé cómo conseguirlo», reza la letra. Tampoco lo sabe su Parlamento. El caos dentro de las filas conservadoras y laboristas es absoluto. A 19 días de decir adiós a la UE, la primera ministra Theresa May es incapaz de lograr el apoyo de una mayoría parlamentaria al acuerdo de salida. Ni siquiera la oferta de última hora del negociador europeo, Michel Barnier, parece lo suficientemente atractiva para desbloquear la situación. 

Expertos como el exjefe de los servicios jurídicos del Consejo, Jean Claude Piris, consideran que el francés ha puesto sobre la mesa «una oferta seria», otorgando a los compromisos políticos adquiridos desde enero el mismo peso legal que el acuerdo de divorcio e incluso garantizando el derecho a suspender el pacto «de forma proporcionada» si un panel de arbitraje determina que la UE «viola sus obligaciones de negociar con buena fe» en busca de una solución alternativa a la permanencia del Reino Unido en la Unión Aduanera.

Las garantías legales prometidas por Barnier no convencen a Londres, que sigue intentando trasladar a la UE la responsabilidad de un problema gestado en Westminster. Aunque los británicos se podrían retirar en cualquier momento y de forma unilateral de ese territorio aduanero, el Úlster tendría que seguir vinculado a las normas de la UE si no se vislumbra una alternativa a la frontera dura entre las dos Irlandas. Y eso no es aceptable para los socios unionistas de May.

El divorcio sigue atrapado en un callejón sin salida a dos días de pasar de nuevo por el Parlamento británico. Los precedentes hacen presagiar el peor de los desenlaces: Una nueva derrota. Si los diputados británicos tumban el acuerdo por segunda vez, solo habrá dos salidas posibles: saltar sin paracaídas el próximo 30 de marzo a las 00:00, esperando en balde que la UE se ablande y haga concesiones de última hora, o pedir una prórroga para el brexit.

La UE se mantiene firme. Barnier ha insistido en que no irá más allá de lo negociado en diciembre aunque suene la bocina. Este enrocamiento de Bruselas y la anarquía en la que se ha sumergido la política británica empuja a May a pedir el tiempo muerto. La clave para conocer el desenlace está en la extensión de esa tregua que debería solicitar Londres y aprobar por unanimidad los Veintisiete. Si se trata solo de semanas, es probable que la premier se dedique a agitar el miedo a un brexit duro y definitivo para atraer el voto de algunos laboristas y miembros de su partido que han suavizado posiciones a medida que se acercaba la fecha de salida. Así salvaría su pellejo, evitando la convocatoria de elecciones o segundos referendos. Si, por el contrario, Londres sorprende con una tregua más allá de las elecciones europeas, algo que quiere evitar la UE, la hoja de ruta británica debería estar enfocada hacia la preparación de un segundo referendo.

Cox, la batuta de la última fase de las negociaciones con la UE  

rITA a. tUDELA / londres

fiscal general británico, Geoffrey Cox, es el encargado de aconsejar jurídicamente al Gobierno
fiscal general británico, Geoffrey Cox, es el encargado de aconsejar jurídicamente al Gobierno Peter Nicholls | Reuters

La vida del fiscal general británico, Geoffrey Cox, ha dado en pocos meses un giro de 180 grados, pasando de ser una cara poco conocida en la política británica a pronunciar un rompedor discurso en el congreso del Partido Conservador en octubre y ser la persona del que todo el mundo habla desde que Theresa May le dio la batuta de la última fase de las conversaciones con la Unión Europea con la esperanza de que encontrar una salida al bloqueo del brexit.

 Cox se convirtió en fiscal general en julio, pero hasta entonces se había hecho famoso por su fortuna patrimonial y ser consejero de la reina, un estatus honorífico dado por Isabel II a un grupo reducido de abogados por sus méritos. Cox, de 58 años, casado y con tres hijos, es uno de los diputados más ricos con unos ingresos anuales de 820.000 libras. Tuvo que pedir disculpas por haberse olvidado declarar unas 325.000 libras en ganancias externas en el 2015 y los Comunes rechazaron su solicitud de gastos, que incluía una pinta de leche de 49 peniques.

Después de su primera estrepitosa derrota en el Parlamento, May apostó por tirar de la reputación de Cox como asesor independiente sobre contenciosos, que a menudo dependen del derecho internacional, adquirida durante sus 36 años de abogado. Fue así como Cox se trasladó al corazón de las negociaciones del brexit y de la política británica, bajo su máxima de que «en el mundo real, nada valioso se gana sin sacrificio ni compromiso». Partidario de la salida de la UE, Cox cree que respaldar la salvaguarda irlandesa sería como permanecer «en el primer círculo del infierno». Cuando regresa de Bruselas a los Comunes, lo hace con la cabeza alta. Sabe que los mejores abogados tienen que acostumbrarse a ganar y perder.