Cincuenta días de vértigo para el 28A

Así llegan las fuerzas políticas a los comicios


«Mucho cuidado, porque pueden encontrarse con que votan a un candidato y acaba elegido otro». Esta frase profética, pronunciada por Mariano Rajoy desde la comodidad de su mayoría absoluta durante la campaña de las generales del 2015, es un buen reflejo de a dónde se ha llegado en la política española. La fragmentación parlamentaria y la quiebra del bipartidismo, reemplazado ahora por un juego entre bloques con diferentes aliados, abre la paleta cromática y puede producir cualquier cosa, como que el propio Rajoy fuera derribado mediante una moción de censura y que el PSOE alcanzara la presidencia del Gobierno con casi la mitad de los votos de los que obtuvo Felipe González en 1996 al ser derrotado tras catorce años en el poder.

Este es el marco de fondo en el que va a tener lugar la campaña del 28A, fecha para que la que quedan exactamente 50 días. La situación de Cataluña y la potencial irrupción en escena de la ultraderecha de Vox son elementos que completan un cuadro en el que todos los partidos cuentan con alguna fortaleza, pero también con varios puntos débiles.

El PP gallego asiste a estos 50 días de vértigo consciente de que es difícil que obtenga un resultado mejor. Toca defender los 12 escaños, sobre un total de 23, obtenidos en Galicia en el 2016, y, sobre todo, debe confirmar su hegemonía política a un año vista de las autonómicas. La división de la derecha, con la llegada de actores como Ciudadanos y Vox, va a complicar la tarea de los populares en el conjunto del Estado, pero los de Feijoo no desprecian en absoluto el «plus de resistencia» que creen tener frente al PP nacional de Pablo Casado.

La oferta de estabilidad política, la huida de las posiciones extremistas y el control eficiente de las finanzas públicas van a ser los grandes caballos de batalla del PPdeG en estos comicios. El problema es que el partido fundado por Fraga ya no campa solo a sus anchas en ese espacio político: tras los patinazos cometidos en su estreno en Galicia hace tres años, Ciudadanos regresa con vocación de meterle una dentellada a la base electoral del PP, aunque sea a costa de fichar a algunos de sus descartes.

La bandera al revés

Si hay una ola naranja en España es casi imposible que no se deje sentir en Galicia, aunque esta tierra tiene sus particularidades y C’s no solo no hace gala de un discurso adaptado a la comunidad, sino que está falta de referentes políticos en estos lares. De alguna manera, los de Albert Rivera siguen siendo esa fuerza que en su logotipo pintaba la bandera gallega con la franja azul celeste al revés. Las incógnitas son todavía mayores con Vox. El conflicto catalán alienta las velas de este partido en toda España, y los sondeos indican que también empezarán a asomar en Galicia. No obstante, el discurso favorable a la supresión de las autonomías y el que cuestiona parte de la legislación en materia de igualdad pueden tener sus adeptos, pero es difícil que sea algo masivo. La ley d’Hondt, que exige tener entre el 8 y el 11 % de los votos para obtener un primer escaño en Galicia, es otra barrera.

El miedo a la ultraderecha

En el bloque de la izquierda lo que predomina es la estrategia marcada por el PSOE, que encara el 28A a los mandos del Gobierno y con perspectivas de ascenso. El control de la agenda política, del Consejo de Ministros y del BOE son elementos que le dan ventaja, aunque su principal baza consiste en azuzar el miedo hacia la extrema derecha que, tras lo visto en Andalucía y en la plaza Colón, tiene capacidad de sumar con el PP y Ciudadanos para formar gobierno.

La llamada al reagrupamiento del voto va a ser el motor de la campaña socialista, que en Galicia es, además, la única fuerza en el campo de la izquierda con capacidad de traducir apoyos en escaños que sirvan de dique de contención frente a Vox.

El principal talón de Aquiles de los de Pedro Sánchez es Cataluña y la alianza tejida con el independentismo para llegar a la Moncloa. Con todo, la escenificación de ruptura del diálogo con los secesionistas y la convocatoria de elecciones le restó potencia a un debate incómodo para los socialistas, que están intentando reemplazar con los destellos de la aprobación de medidas sociales cada viernes.

El espacio electoral ocupado por En Marea en Galicia, que en el 2015 superó al PSdeG en votos, se ha desmembrado. En un lado queda la marca ya asentada del partido y, en el otro, sus principales referentes. La fractura del llamado rupturismo político, junto a la contradicción que suscita que estén promoviendo la unidad popular quienes acaban de dinamitarla, es algo que le puede dar oxígeno a un BNG muy cohesionado bajo el liderazgo de Ana Pontón y mucho mejor asentado en el territorio. Y también puede nutrir al PSdeG, aunque con el inconveniente de que el voto de izquierda que reagrupe bajo sus siglas puede ser menos de lo que pierda En Marea en su hundimiento.

CRÓNICA POLÍTICA

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