El escándalo de las universidades de EE.UU.: Así funcionaba «La Llave» para los niños ricos

Es el mayor fraude educativo de la historia del país, un sistema de sobornos que garantizaba la adminisión de los vástagos de familias pudientes en los mejores centros de élite


Las carreras universitarias en Estados Unidos comienzan mucho antes de poner un pie dentro de Yale, Stanford o Georgetown. Ser admitido es la primera meta, la de un exigente maratón que reclama glorias académicas a los jóvenes aspirantes a una plaza o, a falta de ellas, deportivas. Resulta, sin embargo, que uno podía ahorrarse los codos y el esfuerzo si sus padres tenían unos cuantos millones en el bolsillo. Los cimientos de la meritocracia se tambalean en ese país que presume de construirse a sí mismo con sudor y constancia. La investigación que acaba de hacer pública el FBI -«el mayor fraude educativo de la historia del país»- es solo un recordatorio de que el dinero, y no el talento ni tampoco el trabajo, es lo que realmente decide cuántas oportunidades tendrá uno en la vida. 

Operación Varsity Blues 

La mayor investigación sobre educación del Departamento de Justicia de EE.UU. ha destapado un fraude que abarca todo el país, que se remonta hasta el 2011 y en el que están implicadas las más ilustres universidades norteamericanas: de la de San Diego a la de California (UCLA), pasando por la de Texas, Yale, Georgetown, Stanford o Wake Forest.

La operación, una indagación exhaustiva en la que unos 200 agentes se han dedicado a escrutar a cerca de 300 personas, suma de momento 50 arrestados en seis estados distintos, entre ellos, padres y madres a los que se acusa de haber comprado para sus hijos el acceso a estos centros de élite

Según los fiscales, se han desembolsado más de 25 millones de dólares (22 millones de euros). A 6 millones por plaza. El caso, que continúa abierto, ha sido bautizado como Varsity Blues, un guiño a la película de 1999 dirigida por Brian Robbins, que a España llegó con el título Juego de campeones, que cuenta la historia de un jugador de fútbol americano de Texas que se deja la piel en el campo por su equipo para acceder a una prestigiosa universidad..

William «Rick» Singer

William Rick Singer, de 58 años, es el cerebro de esta red de sobornos que, desde hace ocho años, lleva garantizando a aquellos padres y madres que puedan permitírselo el acceso a las mejores universidades del país. El atajo era gestionado a través de dos empresas: The Edge College and Career Network, con sede en Newport Beach, California, y la organización sin ánimo de lucro The Key (La Llave)

Singer -bronceado, de complexión delgada y cabello canoso- disfrazaba sus servicios de asesoramiento «para aliviar la ansiedad de ingresar en la educación superior». Se definía a sí mismo como un emprendedor serio que echaba una mano a los estudiantes para poder acceder a las universidades de sus sueños.

El pasado martes, se declaró culpable ante un juez federal de Boston de hasta cuatro cargos distintos: conspiración por extorsión, conspiración para lavar dinero, conspiración para defraudar a los Estados Unidos y obstrucción de la justicia. Hacía caja manipulando los sistemas de admisión y sobornando a los funcionarios y a los entrenadores. Era experto en camuflar los pagos como donaciones y beneficencia.     

50 detenidos, 33 de ellos padres

«Formamos un equipo con tu hijo o hija para que identifique sus fortalezas, libere su potencial, elija la universidad correcta, se posicione para ser admitido y desarrolle un plan de estudios y experiencia extracurricular que le conducirán a una vida de éxito». Con estas palabras y buena fama entre los privilegiados conseguía The Key atraer hasta su puerta a la crema de Hollywood y a elevados cargos de Silicon Valley, «minititanes de la tecnología, las finanzas, la abogacía y el entretenimiento», ha apuntado The New York Times.

Olivia Jade Giannulli y Lori Loughlin, junto a Isabella Rose Giannulli
Olivia Jade Giannulli y Lori Loughlin, junto a Isabella Rose Giannulli
Felicity Huffman
Felicity Huffman

Millonarios, sí, pero de un solo dígito. Según admitió el propio Singer durante la vista, «hay una puerta de delante por la que un estudiante puede entrar por sus propios medios y una puerta trasera [la de los ricos] donde la gente utiliza los enchufes institucionales y realiza grandes donaciones». «Yo inventé una puerta lateral que garantizaba que las familias pudiesen entrar».

Este «catálogo de riqueza y privilegio», en palabras del fiscal, incluye a directores ejecutivos de compañías privadas y públicas -Bill McGlashan, del fondo de inversión TPG Growth, o Manuel Henríquez, de Hércules Capital -; a constructores de éxito; a dos actrices «bien conocidas» -Felicity Huffman, protagonista de Mujeres desesperadas, y Lori Loughlin (Full House), madre de la influencer Olivia Jade-, a un célebre diseñador de moda -Mossimo Giannulli- y al copresidente de un bufete global -Gordon Caplan, de Wilkie Farr & Gallagher)-.  

Importantes entrenadores como Gordon Ernst -instructor de tenis de Michelle Obama y sus hijas, o reputados profesores como John Vandemoer-, han sido fulminantemente despedidos de sus puestos. El fraude transciende el escándalo académico, implicando delitos como evasión de impuestos o blanqueo de capitales.

Las trampas

Pista deportiva en el campus de la Universidad Georgetown de Washington D.C.
Pista deportiva en el campus de la Universidad Georgetown de Washington D.C.

Los servicios más básicos que ofrecía Singer no bajaban, según la exposición de hechos de la Fiscalía de los 15.000 dólares (13.200 euros) y ascendían hasta los 75.000 (66.200 euros). Estas tarifas incluían sobornos al personal académico para que hiciese la vista gorda en los exámenes ACT y SAT (pruebas de acceso estandarizadas que evalúan la preparación de los aspirantes: los conocimientos, la primera; el razonamiento y las aptitudes, la segunda), incluso para que manipulasen el resultados de los ejercicios alterando sus respuestas; también, falsificación de títulos de atletismo y chantaje a los entrenadores para poder acceder a los programas de deporte.

Pero la organización que tenía montada este señor era bien amañada, capaz de adaptarse a cada caso: suplantaba identidades para superar los procesos de selección, inventaba perfiles de jugadores que llegaban recomendados por falsos monitores y avalados por reconocimientos simulados, alegaba con éxito que los estudiantes tenían algún tipo de discapacidad para beneficiarse de subvenciones e incluso construía pruebas gráficas para justificar las mentiras

Singer se enfrenta a una pena de 65 años de cárcel y a una multa de 1,25 millones de dólares (1,1 millones de euros). «No puede haber un sistema de admisiones universitarias aparte para los ricos -censuró el fiscal que anunció los cargos-. Y tampoco habrá un sistema de justicia penal aparte». 

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