Berlín quiere acabar con la institución que vela por las actas de la Stasi

Los 111 kilómetros de fotos y vídeos recopilados por la policía de la extinta RDA pasarán a formar parte del Archivo federal del país


Berlín

«Salió de allí como un hombre roto. Había cambiado por completo. Los niños no podíamos mencionar la cárcel. Tampoco mi madre. En nuestra familia era un tema tabú», relata Stefan Will. En 1985 su padre fue condenado a pasar año y medio en el Buey Rojo, como se conocía a la prisión de la Stasi en la ciudad de Halle. Erich Will es solo una de las 250.000 personas que fueron detenidas o interrogadas entre 1945 y 1989 por la policía política de la Alemania comunista.

Persecuciones, espionaje y torturas que llevaban a cabo de forma sistemática los cerca de 91.000 funcionarios de la Stasi con ayuda de unos 180.000 confidentes, que la mayoría de las veces eran familiares, amigos o compañeros de trabajo de los acusados.

El segundo capítulo más oscuro de la historia alemana, por detrás del nazismo, concluyó con la caída del Muro de Berlín en 1989, y como consecuencia la reunificación del país, un año después. Pero su legado, que abarca alrededor de 1,8 millones de fotografías y 2.800 vídeos, quedó documentado para siempre. Fue gracias a que la disidencia, en una acción sin precedentes bajo el lema «!Mis archivos me pertenecen!», logró salvar buena parte del material que había recopilado la Stasi y que intentaron destruir sus funcionarios para eliminar pruebas en su contra durante los últimos coleteos de la extinta RDA. Nada menos que 111 kilómetros de actas que el canciller de la unidad alemana, Helmut Kohl, habría deseado guardar bajo llave con el fin de calmar los ánimos, y que finalmente pasaron a disposición pública.

Millones de consultas

En 1991 el Parlamento aprobó la creación de una autoridad para custodiar la documentación de la Stasi, que empezó a funcionar en 1992 bajo la dirección del pastor protestante Joachim Gauck, quien dos décadas más tarde se convertiría en presidente del país. Desde entonces, el organismo ha atendido 3,2 millones de consultas realizadas por investigadores, prensa, ciudadanos y, en definitiva, todo aquél que solicitara información sobre los crímenes del régimen germano-oriental.

Ahora, cuando se cumplen en noviembre 30 años de la caída del Muro, la entidad desaparecerá y las actas de la Stasi pasarán a formar parte del Archivo federal del país. Así lo ha decidido una comisión de expertos que fue encargada por el Gobierno de Angela Merkel en 2015. «El material seguirá siendo accesible», explicó esta semana el responsable del Ejecutivo para la tutela de la documentación, Roland Jahn. El año pasado su organismo recibió 45.000 solicitudes, lo que implica 3.000 menos que en el 2017, y, a su juicio, justifica la eliminación de una entidad propia.

Asimismo la reforma, que aún debe pasar una votación en el Bundestag, contempla la centralización de las doce oficinas con las que contaba hasta ahora cada estado federado y que se reducirán a una sola por región. «A través de esta unificación queremos garantizar la conservación de las actas a largo plazo», declaró Jahn, que descartó recortes de personal.

No obstante, activistas pro derechos humanos de la extinta RDA reclaman el papel moral y político de la institución. «Debido a las crecientes amenazas contra la democracia en el este de Alemania, no conviene reducir la representación a nivel regional sino ampliarla», asegura el comité ciudadano de Berlín, con la mirada puesta en el auge de la ultraderecha.

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