Bruselas no da tregua a Google y le asesta otro golpe de 1.490 millones

La sanciona por imponer, con contratos de exclusividad, su sistema de publicidad «on-line»


Bruselas

Bruselas sigue descargando su munición contra Google. La Comisión Europea sancionó este miércoles, por tercera vez en tres años, a la empresa norteamericana, que deberá abonar otros 1.490 millones de euros (el 1,29 % de su facturación en el 2018) a la hucha comunitaria. Y ya van 8.300 millones.

La comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, acusa ahora a la tecnológica de restringir el acceso de sus rivales a los servicios de intermediación publicitaria en Internet, cercenando la competencia y la innovación. Su plataforma AdSense for Search se hizo con el 85 % del mercado a través de prácticas ilegales que se extendieron desde el 2006 al 2016. La danesa detalló las maniobras urdidas por la empresa para acabar con rivales como MicrosoftYahoo.

Tras analizar centenares de contratos suscritos entre Google y propietarios de portales web como periódicos o blogs, el equipo de expertos de la Comisión pudo constatar que se suscribieron miles de cláusulas abusivas de exclusividad, en las que la compañía norteamericana prohibía a sus socios que dieran visibilidad en sus páginas a los motores de anuncios de otros competidores. Google trató de flexibilizar su política en marzo del 2009, al reemplazar de forma gradual esas cláusulas por otras que le garantizaban un «lugar privilegiado» frente a los rivales. De esta forma, las webs afectadas tuvieron que reservar los lugares prioritarios y más rentables en los resultados de búsqueda a los anuncios contextuales gestionados por AdSense. En la práctica, esto se tradujo en una restricción más sutil de la competencia.

No contentos con expulsar a rivales y prevenir nuevas entradas, Google dio una tercera vuelta de tuerca a sus políticas. Incluyó nuevas cláusulas exigiendo a las publicaciones una autorización previa de Google antes de realizar cambios en la manera en la que los anuncios de los rivales se mostraban. Esto significó que Google podía controlar a su antojo cómo de atractivos y, por tanto, cuántos clics, podían tener los agregadores de anuncios de la competencia. «Esto es ilegal bajo las normas europeas de competencia. Esta mala conducta duró unos diez años y negó a otras compañías la posibilidad de competir con sus méritos y de innovar», lamentó Vestager, quien ha sido criticada en múltiples ocasiones por Washington por apuntar con el dedo a las empresas estadounidenses y librar de la quema a otras compañías como la rusa Gazprom, a la que Bruselas no se atrevió a castigar el año pasado.

En el ojo del huracán

¿Hasta cuándo durará la ofensiva de la comisaria contra Google?, se preguntan sus ejecutivos. La respuesta la dio este miércoles la propia danesa: «Hasta que cambien sus prácticas empresariales». Vestager emprendió en el 2017 su primera cruzada contra la tecnológica, a la que mantiene contra las cuerdas. Se estrenó con una multa de 2.420 millones tras constatar que la tecnológica abusó de su posición dominante al primar la visibilidad de artículos en venta a través de su plataforma Google Shopping.

La segunda estocada se saldó en julio del 2018 con un multa histórica y ejemplarizante de 4.343 millones. ¿Qué faltas cometió entonces la empresa? Obligar a los fabricantes de móviles a instalar de forma automática el navegador Chrome y el buscador de Google en sus dispositivos como requisito indispensable para utilizar el sistema operativo Android. La compañía alegó en su defensa que los usuarios podían descargar cualquier navegador independientemente de que solo el de Google venga instalado de serie. Los responsables de la compañía, que no han revelado si recurrirán esta última multa, como hicieron con las anteriores, insisten en que siempre han actuado de forma «abierta y responsable», aunque anunciaron que en los próximos meses harán cambios para «dar más visibilidad a sus competidores».

A Vestager no le tiembla el pulso

Aunque sus detractores la acusan de actuar de forma selectiva, movida por afán de protagonismo y ambición política, lo cierto es que a la comisaria Vestager no le ha temblado el pulso a la hora de pasar por la guillotina a las compañías más infractoras del mercado. Bajo su batuta, los servicios de competencia han logrado sacar adelante tres expedientes de enorme calado político y económico como los que hoy tienen a un gigante digital todopoderoso, como Google, de uñas. Pero esa no es la única batalla que atesora la danesa en su currículo. En el 2016 abrió fuego contra el cartel de fabricantes de camiones, integrado durante 14 años por Man, Volvo, Daimler Iveco, Scania y DAF. Entre todos tuvieron que abonar un multa de 3.807 millones por actuar como una mafia, pactando precios y aplazando el calendario de introducción de tecnologías menos contaminantes para ahorrar inversiones. La danesa también forzó al Gobierno irlandés a recuperar hasta 13.000 millones de euros que había concedido en ayudas de Estado ilegales a Apple. Aunque quedan pocos meses para que expire la legislatura, Vestager no renuncia a otras investigaciones en curso contra la industria del automóvil alemana. Puede que la liberal siga apuntándose multas récord si consigue, como apuntan algunas voces, hacerse con el timón de la Comisión Europea.

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