La difusión del vídeo del atentado de Christchurch desbordó a las redes sociales

Facebook retiró 1,5 millones de copias en las 24 horas posteriores a la masacre en la que murieron 50 personas

Homenaje a las víctimas en las calles de Auckland.
Homenaje a las víctimas en las calles de Auckland.

Si la máquina que mueve Facebook puede censurar obras maestras de los pintores flamencos de los museos belgas es porque antes su memoria se ha alimentado con una cantidad de desnudos suficiente como para poder reconocer automáticamente las imágenes que cataloga como «impúdicas». Pero el invento de Zuckerberg no había visto nunca escenas como las perpetradas por el autor de la masacre de Christchurch, en Nueva Zelanda, que retransmitió en directo a través de Facebook Live su asalto a dos mezquitas y el asesinato de 50 personas el pasado día 15.

El vídeo tuvo una difusión inaudita para las redes sociales, que tienen ante sí una dura pelea con los límites de la libertad de expresión, porque el autor lo había planeado todo como una campaña de márketing con un impacto sin precedentes.

Según Facebook, el vídeo original llegó a tan solo 4.000 personas, pero la red social asegura haber retirado 1,5 millones de copias en las 24 horas posteriores al ataque, de las cuales 1,2 millones fueron bloqueadas en el momento de su subida.

Facebook asegura que no pudo detener la propagación porque el sistema no tiene referentes suficientes para poder comparar. «Nuestros sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos, lo que implica el tratamiento de miles de ejemplos para detectar un determinado tipo de texto, imagen y vídeo», subrayó el miércoles el vicepresidente de Facebook, Guy Rosen. «Este método funciona muy bien con los desnudos, la propaganda terrorista pero también con la violencia. No obstante, este vídeo en particular no llamó la atención de nuestros sistemas de detección automática».

Responsables de YouTube, filial de Google, aseguraron en los medios norteamericanos que la subida de copias de este vídeo «no tiene precedentes ni por su escala ni por su velocidad, por momentos tan rápida como una nueva subida cada segundo».

Ayer el vídeo todavía pervivía en la Red y es muy probable que resista durante años alojado en páginas que comparten la ideología del terrorista.

«Cada vez que ocurre una tragedia aprendemos algo nuevo», señaló Neal Mohal, responsable de producto en YouTube, a The Washington Post.

«Esta tragedia estaba prácticamente concebida para ser viral», estima Mohal en una entrevista con el diario norteamericano. «Hemos progresado, pero esto no quiere decir que no nos quede mucho trabajo por hacer», admite.

Al tiempo que permiten una libertad de expresión y comunicación casi ilimitada, las redes sociales también se han convertido en vehículos para la difusión de materiales como propaganda terrorista, de contenidos de pornografía infantil o de imágenes íntimas no autorizadas.

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