«The Inventor»: El «fíngelo hasta que lo consigas» que salió mal

HBO acaba de estrenar el inquietante documental de Alex Gibney sobre el fraude biotecnológico de Theranos. Delirante


Elizabeth Holmes apenas parpadea: sus ojos son muy azules, gélidos, y sin embargo su mirada es hipnótica, perfilada con una sombra gaseosa y oscura, pero delicada. Su piel es albina y lleva los labios congestionados, rojo mate. Viste de riguroso negro, melena estrictamente estirada y sonrisa de Mona Lisa. Y es muy joven. O al menos lo era cuando todo empezó, hace 16 años. Punto exacto al que se remonta el documental The Inventor (HBO), la historia de un timo y de su apoderada, una megalómana rendida a la adoración del CEO.

Holmes tenía entonces 19 años y la enfermiza ambición más que de cambiar el mundo, de salvarlo. También presencia y labia, aplomo en los hombros y una historia muy bien armada y seductora: un revolucionario y asequible método para analizar sangre exento de la temida aguja. Exigía solo un pinchazo, un aguijón mínimo en la punta del dedo cuya gota resultante analizaba luego una máquina elegante, sobria, nanotecnología ensamblada que arrojaba -garantizaba esa magnética mujer rubia- resultados rápidos y precisos. Una auténtica revolución.

Theranos (therapy más diagnosis) engatusó con la retórica de su líder y con su impoluta imagen de marca a políticos, millonarios, incluso a los medios de comunicación, un fraude que llegó a estar valorado en 9 millones de dólares. Conviene saber sobre él. Es completamente delirante.

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