Las purgas de Trump auguran un endurecimiento de la política antiinmigratoria de Estados Unidos

El presidente renueva la cúpula del Departamento de Seguridad Nacional en un intento desesperado de frenar la creciente migración a EE.UU.

El presidente Trump, durante una intervención en San Antonio, en el estado de Texas
El presidente Trump, durante una intervención en San Antonio, en el estado de Texas

washington / e. la voz

Superado el ecuador de su presidencia, a Donald Trump la inmigración se le va erigiendo como un obstáculo para su reelección en el 2020. Prometió sellar el país con un muro pagado por México pero, a día de hoy, todavía no ha construido ni un metro nuevo de esa valla. A pesar de su terca negación de los hechos, hasta el momento tan solo se han renovado algunos tramos.

La culpa de la llegada de indocumentados la tenían los presidentes anteriores, las leyes, los jueces o el Partido Demócrata, pero lo cierto es que ni con mayoría republicana en el Congreso, como tuvo hasta enero, Trump ha logrado apoyo del legislativo para pagar su muro (que financiará parcialmente con su polémica declaración de una emergencia nacional), ni ha logrado disuadir a decenas de miles de intentar llegar a Estados Unidos. Es más, las cifras de detención en la frontera sur durante los primeros meses del año fiscal 2019 doblan a las del anterior, con más de 100.000 detenciones en la frontera con México en marzo.

Hecho una furia, el presidente amenazó con cerrar la frontera con su vecino, para después recular y dar a México un año de margen. Además, empezó a obligar a los solicitantes de asilo que llegaban a través de la frontera sur a volver a territorio mexicano durante la gestión de sus casos, que puede prolongarse años. Esta misma semana, un juez de San Francisco emitió una orden que obliga a detener la práctica. La Casa Blanca ya ha anunciado que recurrirá. Al igual que la mayoría de las decisiones polémicas de la presidencia de Trump, esta también va camino de ser resuelta en los tribunales.

La salida de Nielsen

Frustrado e impotente, Trump ha hecho purga en el Departamento de Seguridad Nacional. A pesar de haber sido de cara al público la responsable de la política de separación de familias durante la primavera del 2018 (al menos 2.700 menores fueron separados de sus padres), Trump forzó el domingo la salida de su secretaria de Seguridad, Kristjen Nielsen. Además, detuvo la nominación de Ron Vitiello para dirigir el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas porque quieren «ser más duros» y empujó a la dimisión de la número dos de Nielsen, Claire Grady, para poder colocar de forma interina al frente del departamento a su elegido, Kevin McAleenan. Todo un terremoto en el ministerio responsable de las políticas migratorias que augura un mayor endurecimiento de las medidas.

Con una Casa Blanca sin contrapesos moderados, los medios del país apuntan a un asesor de Trump, el nacionalista y ultraderechista Stephen Miller, como responsable de la purga y de las futuras directrices en materia de migración. Miller fue quien promovió la prohibición de entrar en EE.UU. a ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

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