Trump amenaza a los demócratas con llevar migrantes a las ciudades santuario

Los problemas legales ya obligaron al magnate a suspender su desafío una vez


washington / e. la voz

Al otro lado de la frontera sur comienza el particular territorio comanche de Donald Trump. De ahí para abajo se extiende un terreno habitado por «animales», «delincuentes» y «asesinos» que viajan a Estados Unidos en caravanas, asesinan estadounidenses o los drogan hasta la muerte. Son mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos y hondureños. Ahora también colombianos. Esta misma semana, Trump acusó el Gobierno de Iván Duque de enviar a EE.UU. «a verdaderos asesinos».

Poco importa que los estudios demuestren que es más probable ser asesinado por un estadounidense que por un inmigrante o que la crisis de adicción más grave que sufre EE.UU., la de los opioides, se cocinó en farmacéuticas del país. Los males vienen del sur y si hay que cerrar la frontera, tal y como ha amenazado Trump repetidamente, se cierra. A riesgo, eso sí, de dejar a cientos de miles de personas varadas a uno y otro lado y hundir el comercio entre ambos países.

Con una administración de la que han ido saliendo las voces consideradas más moderadas, no es de extrañar lo que a finales de semana desveló The Washington Post: la Casa Blanca sopesó en noviembre y en febrero la posibilidad de soltar a miles de simpapeles en las «ciudades santuario». Se conoce así a las que rechazan colaborar con los agentes federales de migración en la captura y deportación de personas en situación irregular. Por ejemplo, San Francisco, de uno de cuyos distritos es congresista la actual presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, que plantó cara a Trump durante las negociaciones sobre la financiación para el muro fronterizo.

La Casa Blanca buscaba así penalizar a los demócratas soltando en las calles de los distritos donde estos tienen mayoría tanto a migrantes recién detenidos en la frontera como a otros ya en custodia. Una utilización política de la suerte de quienes solicitan asilo susceptible de generar problemas legales. De hecho, los tribunales han frenado varias veces a Trump. Sin ir más lejos, el lunes un juez federal detuvo la reciente práctica de devolver a México a los solicitantes de asilo, sea cual sea su nacionalidad, mientras se gestionan sus casos, un proceso que puede durar años.

El presidente, que en la última semana ha purgado a la cúpula del Departamento de Seguridad Nacional con la intención de ir en una dirección «más dura», presionó personalmente a la saliente secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, para que iniciara la suelta de inmigrantes en los «santuarios», según contó CNN. Trump recogió el guante de las informaciones y admitió el viernes que sopesa la posibilidad de llevar a cabo la práctica si no se endurecen las leyes del país, que impiden detener a un menor de edad durante más de veinte días.

Las deshumanizadoras políticas migratorias de la Casa Blanca (como la detención y separación de unos 3.000 niños de sus padres en el 2018) no han disuadido a cientos de miles de intentar llegar a EE.UU. De seguir al ritmo de los últimos meses, el número de detenciones en la frontera se iría acercando a las cifras récord de comienzos de siglo, cuando se superaba ampliamente el millón de personas capturadas.

Declaración de Trump

La confrontación entre los demócratas y el presidente aumentó un grado ayer al exigir uno de los miembros más destacados de la oposición, el presidente del comité de arbitrios y medios de la Cámara Baja, Richard Neal, la entrega de varios declaraciones de impuestos de Trump. El demócrata dio un ultimátum al Departamento del Tesoro, que podría derivar en una citación en el Congreso de los responsables de los impuestos o una demanda judicial contra la Casa Blanca, informa la agencia Efe.

La «caravana madre» guía a un millar de hondureños

A. PRADILLa
Un grupo de migrantes procedentes de Honduras caminan por una carretera en Frontera Hidalgo (México) en dirección a Estados Unidos
Un grupo de migrantes procedentes de Honduras caminan por una carretera en Frontera Hidalgo (México) en dirección a Estados Unidos

La ministra de Gobernación mexicana auguró a finales de marzo que el grupo será de 20.000 personas

Una nueva caravana migrante pone a prueba las políticas migratorias del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. La presunta permisividad del mandatario con el flujo de migrantes hacia Estados Unidos ha sido una de las principales críticas lanzadas por Donald Trump contra su homólogo mexicano. Esta posición, sin embargo, ha dado un giro de 180 grados. Recientemente, el inquilino de la Casa Blanca aplaudió a López Obrador y celebró su alto índice de detenciones. En principio, ambos mandatarios tienen posiciones antagónicas: derecha el estadounidense e izquierda el mexicano. Sin embargo, en público han coincidido en un objetivo: poner fin a la migración irregular desde Honduras, Guatemala y El Salvador.

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