Golpe de calidad al consumo pirata

La piratería cae en España, a pesar de los 4.300 millones de accesos ilegales del 2018. Las plataformas de «streaming» han conquistado al consumidor con su servicio asequible y no lineal


Redacción / La Voz

Hace solo siete días, millones de personas se organizaban en el mundo con el mismo objetivo. Los fieles de Juego de Tronos contaban las horas para el estreno de su última temporada. Un estreno simultáneo, mundial, que cada uno podría ver en su dispositivo predilecto. Aunque en España este lanzamiento quedaba lastrado por la caída de HBO, no deja de ser un ejemplo del cambio de hábitos en el consumo de contenidos audiovisuales, libros e incluso prensa escrita. Un mecanismo vivo que no deja de evolucionar: «Agora a ninguén lle pasa pola cabeza que unha estrea deste tipo se emitise nunca canle convencional. É incrible como se interiorizou o pago por contidos», explica Rubén Bastón, director de Marketing4eCommerce.

La democratización de Internet trajo consigo el todo gratis. Los más avezados recomendaban a otros usuarios cómo acceder a todo tipo de productos. Las descargas y compartir archivos era lo normal. Aún sigue presente, pero cada vez en menor medida. La piratería ha caído en España un 3 % en el 2018. Lo dice el informe del Observatorio de Piratería y Hábitos Digitales. El pasado año se accedió en España a 4.348 millones de contenidos. Un 12 % menos que en el 2015. A pesar del perjuicio para el sector, unos 2.200 millones de euros, se confirma la tendencia: la calidad le gana a lo pirata.

Una de las grandes plataformas de consumo de series y películas se enfrenta al mayor juicio por piratería en España. Los cuatro dueños de SeriesYonkis tendrán que responder por un delito contra la propiedad intelectual y causar perjuicios al sector por 550 millones de euros.

La persecución de la piratería ha dado sus frutos, pero lo que es innegable es que los hábitos de consumo han cambiado. Ahora ya no sorprende pagar por tener lo mejor, sin publicidad, a un precio asequible y en cualquier dispositivo. «Es un axioma que los mercados negros solo pueden desactivar la demanda que satisfacen cuando se traslada a otro mercado legal. En cuanto se han abierto una serie de plataformas accesibles a cualquier hogar medio a un coste moderado, la piratería ha ido a menos», explica Jerónimo Cabana, director de Bannister Global.

Era la jungla del busco en otro lugar lo que no me das: «A xente estaba cansada ou non quería consumir os produtos como os ofrecen as canles tradicionais. Á xente nova isto de sentarse e esperar a ver o que sae na tele, o consumo lineal, sóalle a decimonónico», comenta Bastón.

Según Kantar Media, en el 2017 había ya 6,8 millones de suscriptores en España de la televisión de pago. Los gigantes de la telefonía la incluyen en sus servicios de Internet. Movistar sigue teniendo el dominio de este mercado. Las combinaciones de paquetes son infinitas y el servicio de las plataformas de streaming está en ocasiones incluido. Pero ojo, de forma individual, solo Netflix tiene en España 8 millones de clientes, seguida de Amazon y HBO.

«Antes, para conseguir una película había que invertir tiempo en acceder a plataformas P2P cuyos contenidos eran defectuosos e ilegales. La experiencia de usuario era muy mala y el resultado, casi siempre, insatisfactorio. Ahora, por una cantidad muy asequible, un usuario tiene acceso a más contenidos de los que puede consumir en su día a día», explica Cabana.

Todo, fácil y rápido

Las nuevas plataformas no solo no tienen publicidad, sino que ofrecen compartir el servicio: «O mercado madurou. O consumidor afaise a ter por 10 ou 15 euros ao mes Netflix ou Spotify. Non lle compensa estar pelexando cun eMule ou estar soportando vinte banners ata chegar ao produto correcto coa calidade que buscaba e que non estea restrinxido. A experiencia polo aforro de tempo e a calidade compensa», explica Bastón. La oferta de contenidos es innumerable. Son series y películas globales, pero también aquellas que nunca habrían llegado, de forma sencilla, al consumidor español. Además, todo gira en torno a la experiencia de usuario: desde que los productos se puedan consumir en todo tipo de dispositivos, hasta que los algoritmos te muestren ya de entrada un catálogo de preferencias.

«Hay cosas muy interesantes en el modelo de negocio de Netflix, que supo pivotar desde la distribución de películas en DVD. También en el de HBO, que prácticamente inventó el pay-per-view a través del cable. Pero sin duda lo que me llama la atención es el modelo absorbente de Amazon, que poco a poco se ha convertido en un gigante de los negocios digitales», comenta Jerónimo Cabana.

No todo son series, películas o documentales. Spotify, líder del streaming en el mercado musical, asegura tener 180 millones de usuarios en el mundo: «Ás empresas tradicionais custoulles entendelo. Dende hai quince anos Atresmedia ou Mediaset intentan facer unha plataforma similar, pero non triunfaron. Ofrécenche os seus propios produtos dun novo xeito. Cando o idearon, o debuxo estaba a medio facer. O que axudou ao cambio foi Spotify. Foi o creador do concepto prémium. Doucho gratis, con publicidade e, a partir de aí, ofrézoche algo máis por poucos cartos. Achégache un extra que non pensaches que necesitaras, pero vaiche xerando esa necesidade porque xa estás afeito. A xente afíxose a pagar. Aí xurdiu Netflix; xa non podía ser gratuíto, pero aplicou o mesmo criterio: ter un catálogo amplísimo», comenta Rubén Bastón sobre unas plataformas que, según su criterio, tienen en su producto su mejor campaña de márketing.

«Netflix converteuse incluso nunha especie de startup. Dá solucións de entretemento, merca e produce series e películas. Son moi innovadores. Teñen frescura á hora de comunicar», sentencia.

Apple ha sido el último en apuntarse al suculento pastel. Incluso en YouTube ya existe la fórmula de micromecenazgo. El usuario puede pagar una pequeña cantidad a los gamers por diferentes opciones de servicio: «Antes cobrábase moito a poucos. Agora é pouco a moitos», explica Bastón.

El pagar por la calidad funciona incluso en escenarios más tradicionales. Por ejemplo, The New York Times tiene 4,3 millones de suscriptores. «O audiovisual abriu unha porta que se vai estender a outros sectores con forza. Agora si é o momento de pensar así».

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