Jornada de indecisión

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

ACTUALIDAD

27 abr 2019 . Actualizado a las 08:38 h.

Adiós, campaña electoral. Que tanta paz lleves como descanso nos dejas. Mira que has sido rara y complicada. Tan complicada como el panorama que nos dejas. Si un servidor vota a uno de los partidos de la derecha, a lo mejor contribuyo al apocalipsis, porque la izquierda me está diciendo que un pacto a la andaluza sería un retroceso, una vuelta a la España en blanco y negro, un aval al machismo, un respaldo a los ultras y no sé cuántas desgracias más. Pero, si vota a uno de los partidos de la izquierda, Abascal me está diciendo que nos jugamos la supervivencia de la nación y Casado me advierte que está en juego España, 40 años de concordia y la Constitución. Me dan ganas de salir a la ventana en esta jornada de reflexión y pedir socorro. Envidio a tres mujeres de A Coruña que ayer fueron entrevistadas por Alsina mientras desayunaban y dos confesaron que votarían a Unidas Podemos y la tercera a Vox, y lo tenían muy claro.

Yo confieso que todavía no tengo esa claridad y se me agota el tiempo. Me gustaría que ganase Pedro Sánchez, que se supo colocar en el centro del escenario, pero, si no va a obtener mayoría suficiente, sabe Dios con quién pactará. Una hora después me gustaría que ganase Pablo Casado, que el hombre se lo trabajó duramente, pero, si se va a aliar con Santiago Abascal, sabe Dios en qué condiciones y a qué precio. Por la tarde me gustaría que ganase Albert Rivera, pero Casado me dice que eso es tirar el voto y que necesita mi papeleta para el Partido Popular por aquello de la ley D’Hont y el reparto de los restos. Y por la noche me gustaría que ganase Pablo Iglesias, pero como dice que el Ibex le va a impedir sumarse a Pedro Sánchez, mucho más intransigentes se pondrán si es Pablo quien forma gobierno y yo no le tengo respeto al Ibex, pero sí algo de miedo porque pueden desestabilizar la economía.

Así que dedicaré él día a deshojar la margarita y a una profunda meditación sobre qué papeleta coger mañana para no llorar el lunes. Mi consuelo de entrada a la jornada de reflexión es que tampoco importa mucho lo que vote, porque al final mi voto quedará diluido en la amalgama de sufragios que otros sumarán para hacer un bloque en el que estarán siglas y personajes que nunca en mi vida he pensado votar.

¿Y si me abstengo? Sería la salida de emergencia más noble, pero también la más cobarde. Además, la conciencia me lo desaconseja, igual que votar en blanco, por aquello de que después no tengo a quien reclamar, como si votando me dieran derecho a una hoja de reclamaciones. Y encima, la meiga de Mosteiro-Pol con quien evacuaba consultas para estas zozobras se ha muerto hace una semana. Creo que se ha muerto al ver el panorama en su bola de cristal.