La unidad de la Unión Europea se pone a prueba en la era «postbrexit»

Los Veintisiete tropiezan antes de empezar con el reparto de cargos en la UE

Conte, Tusk, Tsipras, Macron y Varadkar, en la foto de familia de la cumbre en Sibiu
Conte, Tusk, Tsipras, Macron y Varadkar, en la foto de familia de la cumbre en Sibiu

Bruselas / corresponsal

«Todos a una», reza la declaración conjunta que firmaron ayer los Veintisiete líderes europeos reunidos en Sibiu (Rumanía). Sobre la mesa desplegaron un papel y diez compromisos para los próximos cinco años que se pueden resumir en uno: «Unidos pase lo que pase». El trauma ocasionado por el referendo del brexit y su agónico final no resuelto han inspirado buena parte de las promesas políticas que, a pesar de su tono alentador, podrían acabar siendo papel mojado. Y es que la UE volvió a tropezar ayer a la primera de cambio cuando llegó el turno de debatir sobre el relevo en las instituciones europeas.

Los Gobiernos conservadores apuestan por poner al frente de la Comisión Europea al candidato que salga ganador de las elecciones del 26 de mayo. No en vano, el del PPE, Manfred Weber, parte con ventaja. A pesar de los rumores de un posible intercambio de cromos con Francia para tomar el timón del Banco Central Europeo, la canciller alemana, Angela Merkel, despejó ayer todas las dudas: «Para dejarlo claro, apoyo a M. Weber». 

Mero juego de tronos

¿Quién se opone? La familia liberal. Tras sabotear el Spitzenkandidaten (sistema del candidato principal) y presentar hasta seis aspirantes diferentes, ayer insistieron en reducir el proceso a un mero juego de tronos entre los Veintisiete, sin automatismos derivados de la voluntad popular expresada en las urnas. Primero lo hizo el primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel: «Pregunten a mis votantes, no tienen ni idea de quién es el candidato de ningún partido», trató de justificar.

El presidente francés, Emmanuel Macron, echó más leña al fuego con la esperanza de colocar a dedo a sus preferidos: «No creo que sea la manera adecuada, salvo que hubiera verdaderas listas transnacionales», sostuvo para indignación del presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani. El italiano advirtió a los escépticos de que la institución apoyará al candidato más votado porque los resultados «no son un capricho». Ignorar los deseos de los europeos «limitaría la democracia», añadió. 

Una tesis que comparte el canciller austríaco, Sebastian Kurz: «Defenderé ese modelo. Sería difícil de vender a los ciudadanos las elecciones, con cabezas de lista, y luego dejar que sea una pequeña élite la que decida lo que quiera», denunció antes de pedir un «relevo generacional» en la cúpula de la UE y «cambios en los tratados».

Tusk convoca una cumbre el 28 de mayo para nominar a los próximos dirigentes del club No piensa lo mismo el presidente del Consejo, Donald Tusk, quien barrió para casa. Tras convocar una cumbre extraordinaria el 28 de mayo, en la que se abrirá el proceso de nominaciones, el polaco marcó territorio: «Mejor si hay consenso [con la Eurocámara], pero tenemos que ser realistas. Necesitamos un funcionamiento efectivo de la UE […]. Los líderes deben tomar plenas responsabilidades políticas en esto», deslizó. Quiere tener resuelto el puzle a principios de junio.

La misión se presenta complicada. Tusk tendrá que hacer malabares para equilibrar el reparto por fuerzas políticas, satisfacer las ambiciones de Alemania, lidiar con el protagonismo de Francia, poner remedio a la infrarrepresentación de España y buscar hueco para que los países del Este no se sientan excluidos de las altas esferas de poder. El bloqueo político impuesto por Hungría, Polonia, Austria o Italia a algunas reformas, como la del asilo, se convertirá en una prueba de fuego para la UE en la próxima legislatura. Los Gobiernos más rebeldes se comprometieron en Sibiu a seguir a bordo, pero Bruselas teme que la unidad de la UE se quiebre ante el primer obstáculo si los ciudadanos apuestan en las urnas por un giro ultranacionalista.

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