¿Quiere Trump jugarse la reelección en Irán?

Los fracasos en Irak o Afganistán siembran dudas sobre un ataque a la república islámica, alimentadas por el choque entre los «halcones» y los no intervencionistas de la Casa Blanca


Redacción / La Voz

El artículo más leído en la edición de ayer de The Washington Post tiene un título revelador: Trump has no idea what he’s doing (Trump no tiene ni idea de lo que está haciendo). La columna, firmada por el analista Eugene Robinson, recuerda que el republicano Jeb Bush -poco sospechoso de tendencias rojeras- ya había advertido de que sería «un presidente caótico». La tesis central del texto de Robinson es que la Administración Trump no posee un plan detallado para ninguna de las decisiones que adopta.

¿Y con qué ejemplos defiende su argumento? Con la estrambótica forma en que se ha cargado las negociaciones comerciales con China -lo que ha derivado en una guerra de aranceles de imprevisibles consecuencias económicas y bursátiles-, el torpe manejo de la crisis de Venezuela y su retirada, hace un año, del acuerdo de desnuclearización firmado con Teherán. Una ruptura que ha degenerado ahora en un conflicto que amenaza con desestabilizar (aún más) una región siempre en la cuerda floja como Oriente Medio

¿Por qué se retiró Trump del acuerdo con Teherán?

En mayo del 2018, Donald Trump anunciaba una de las medidas más significativas de la política exterior de su mandato. El presidente norteamericano, que ya había amagado con la decisión, se retiraba del pacto nuclear firmado con Teherán por su antecesor, Barack Obama en el 2015, después de dos años de negociaciones a siete bandas entre Estados Unidos, Irán, China, Rusia, Francia, Alemania y el Reino Unido. Para Trump, se trataba de un acuerdo débil, que permitiría a la república islámica disponer de armas atómicas en un futuro, por lo que decidió asfixiar las cuentas del régimen con sanciones económicas y el bloqueo de sus exportaciones de petróleo. 

¿Estamos ante una nueva cortina de humo?

La estrategia es bien conocida. Y la han utilizado con gran ligereza sus predecesores en el Despacho Oval. Si tienes problemas internos, desata un conflicto fuera de las fronteras de Estados Unidos y la patria cerrará filas con su comandante en jefe. La cortina de humo parece la táctica elegida tanto en el caso de las negociaciones rotas con China como con las posibles intervenciones militares en Venezuela o Irán. Una pura maniobra de distracción para no tener que hablar de la situación del país.

¿Se atreverá EE.UU. a declarar la guerra a Irán?

A pesar de los mensajes belicosos del presidente, es muy poco probable que se produzca un ataque a Irán. Los estrepitosos fracasos cosechados en Irak y Afganistán han frenado el ardor guerrero de Trump y Bolton, uno de los halcones dispuesto siempre a poner las armas sobre la mesa. En una Casa Blanca fracturada, los no intervencionistas parecen estar ganando el pulso, ya que en este caso EE.UU. no solo estaría enfrentándose a las otras dos superpotencias globales -China y Rusia-, sino también a sus aliados europeos. Ni siquiera la presión del todopoderoso lobby armamentístico y la baza de vender ante sus fieles una exhibición de fuerza del poderío militar norteamericano a un año de las elecciones presidenciales aparentan ser argumentos de peso para dar el salto al frente bélico. Aunque si algo hemos aprendido en estos dos años es que Donald Trump es imprevisible.

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