Sánchez acusa al independentismo de vetar la convivencia por bloquear a Iceta para el Senado

La decisión de los secesionistas alivia a los barones y candidatos del PSOE de cara al 26M porque evidencia que no hay pacto entre socialistas e independentistas

Pedro Sánchez firma un ejemplar de su libro tras el acto político celebrado en la tarde del miércoles en Pamplona
Pedro Sánchez firma un ejemplar de su libro tras el acto político celebrado en la tarde del miércoles en Pamplona

MAdrid / La Voz

«No están vetando a Miquel Iceta. Lo que están haciendo es vetar la convivencia, el diálogo y el entendimiento». El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, respondió así este miércoles al que constituye su primer conflicto político desde su victoria en las elecciones generales del 26 de mayo: el veto de los independentistas catalanes a que el líder del PSC se convierta en senador por designación autonómica para asumir después la presidencia de la Cámara alta. Según Sánchez, esa decisión indica que los secesionistas tienen «miedo al diálogo y a decirle a los catalanes que creyeron en ellos que la independencia no va a ser posible y que la única alternativa es la Constitución y la vía estatutaria».

Puigdemont carga contra Iceta

El PSOE da ya por hecho que la negativa de ERC a apoyar a Iceta, a la que suma la de la CUP y la de Junts per Catalunya, impedirá que el líder del PSC presida el Senado. «El no es inevitable. Estamos por el diálogo, pero así no se hacen las cosas. Tienen que dejar el márketing electoral», advirtió el portavoz parlamentario de los republicanos catalanes, Sergi Sabrià. Y el expresidente catalán y candidato de JxCat a las elecciones europeas, Carles Puigdemont, advirtió a Iceta de que no puede «invocar la cortesía parlamentaria» porque «él la rompió» cuando los socialistas anunciaron que era el elegido por Sánchez para presidir el Senado, «sin reparar en el hecho» de que previamente la Cámara autonómica lo debía designar como senador autonómico.

PP y Cs anuncian su abstención

Por el contrario, Iceta consideró que sería una «aberración democrática» que el Parlament vetara su elección como senador y recordó que «nunca en 40 años en ningún lugar de España» se vetó a un candidato al Senado propuesto en una Cámara autonómica. El PSC, que puso en marcha una campaña de recogida de firmas para que Iceta sea designado senador, intentó hasta el último momento salvar la situación e incluso exigió una votación que fuera nominal con papeletas que, de aceptarse, habría hecho senador al líder del PSC al no poder votarse en contra. Tanto Ciudadanos como el PP anunciaron que no vetarán a Iceta pero se abstendrán, lo que dejará al socialista catalán con el único apoyo de su partido y de Catalunya en Comú Podem. De confirmarse esas posiciones, sumaría un total de 25 votos a favor, 66 en contra y 40 abstenciones. El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, intervino también para reclamar a los secesionistas que reconsideren su postura porque la elección de Iceta haría «olvidar el Senado del 155» para poner en marcha una Cámara alta «del acuerdo, el diálogo y la reconciliación».

Una estrategia «win-win»

Pese al descontento en la dirección del PSOE, la maniobra política, que lleva el sello del gurú de Sánchez, Iván Redondo, era lo que en política se conoce como un win-win. Una jugada en la que la apuesta es vencedora se gane o se pierda. Situar a Iceta en la presidencia del Senado le habría dado el papel de árbitro entre el desafío independentista y la política de mano dura en Cataluña defendida por el PP y Ciudadanos. Pero lo cierto es que dirigentes regionales y candidatos municipales socialistas respiran en realidad con alivio, porque la posibilidad de presentarse ante sus electores el 26 de mayo con la evidencia de un pacto del PSOE con los independentistas para hacer presidente del Senado a Iceta, que, entre otras cosas, ha defendido el indulto a los lideres del procés si son condenados, no ayudaba precisamente a sus campañas. Ahora, tanto el PP, como Ciudadanos y Vox se quedan sin el argumento de la existencia de un pacto de Sánchez con el independentismo para gobernar tras el 26M. Y, de paso, el PSOE consigue que Cs y PP, aunque sea con su abstención, y no con su voto en contra, aparezcan formando una pinza con el secesionismo para impedir la designación de Iceta.

Narbona, posible alternativa

Lo ocurrido puede tener repercusiones en la compleja legislatura que se avecina. Sánchez podría necesitar el voto a favor de ERC en su investidura si los cuatro diputados independentistas electos juzgados por rebelión -Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull-, que podrán recoger su acta tras la decisión del Tribunal Supremo, no son inhabilitados antes de que se produzca la votación. Si esa probable inhabilitación se produce antes, la mayoría absoluta del Congreso se reduciría a 174 diputados y los socialistas no necesitaría al partido de Junqueras para investir a Sánchez.

Pese a que el PSOE parece resignado a que Iceta se quede sin el Senado, se resiste a anunciar su plan B, aunque todas las opciones apuestan a que será la presidenta del partido, Cristina Narbona, que ya es senadora.

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