La semana «horribilis» de Bolsonaro: paro, corrupción y protesta educativa

Las sospechas acorralan a su hijo mayor mientras la economía se enfría y alumnos y docentes toman las calles


brasilia / e. la voz

Jair Bolsonaro está en Dallas para recibir un premio como Personaje del Año según un think tank de la muy conservadora Texas. Pero el alcalde demócrata de la ciudad, Mike Rawlings, excusó recibir al presidente brasileño, en la línea de su correligionario en Nueva York, Bill de Blasio, como protesta por sus posturas ultrconservadoras. Estos dos reveses de imagen pública en su escenario predilecto, EE.UU., podrían amargar a Bolsonaro si no fuera porque los problemas internos amenazan con ser mucho más graves que un simple desplante de protocolo.

En la misma semana, el sector de la educación ha protagonizado la primera gran manifestación de protesta de su breve mandato, los datos del paro han confirmado la paralización de la economía brasileña y -más preocupante aún- avanza en los tribunales la investigación sobre su hijo, Flávio Bolsonaro, y su entorno familiar, con nuevas revelaciones que apuntan a posible corrupción y evasión fiscal.

Dos millones de manifestantes en 200 actos en un país con casi 200 millones de habitantes no parece una cifra muy rotunda. Pero la movilización de estudiantes, universitarios y profesores en defensa de la educación y las universidades públicas es la primera contra el Gobierno de Bolsonaro desde que tomó posesión el pasado enero. 

Recorte del 30 %

El detonante fue el anuncio del ministro del ramo, Abraham Weintraub, de congelar el 30 % del presupuesto para los centros dependientes del Estado, lo que se ha entendido como un ataque al sistema universitario federal. Los sindicatos vinculados a la izquierda han pedido ya la cabeza de Weintraub, que al poco de asumir la cartera en sustitución del fallido Ricardo Vélez mostró su deseo de que el empobrecido nordeste brasileño prescindiese de estudiar filosofía por carreras de mayor «utilidad para el país».

Bolsonaro reaccionó a las manifestaciones calificando de «tontos útiles» a los participantes, de los que asegura que «no saben hacer ni una regla de tres y no conocen la fórmula del agua». Pero lo cierto es que hay temor a que en el Parlamento Weintraub sea atacado incluso por supuestos aliados del Ejecutivo, y comprometa al segundo ministro de Educación en apenas cinco meses de Gobierno.

El presidente también culpó a los estudiantes (y al izquierdista Partido de los Trabajadores) de estar tan poco formados que causan los 14 millones de parados que arrastra Brasil, con los datos frescos del primer trimestre que apuntan a un crecimiento en la mitad de los estados del país. Un síntoma, junto con el máximo anual en la cotización del dólar un poco por encima de los cuatro reales, que evidencia la paralización de la economía brasileña y el enfriamiento del entusiasmo con el que fue recibida la llegada de Bolsonaro al Gobierno. Todo a la espera de la reforma de las pensiones, cuyo éxito o fracaso puede marcar el futuro de la legislatura. 

Una presunta banda criminal

Y por si fuera poco, el ministerio público va levantando poco a poco el sigilo sobre las investigaciones a Flávio Bolsonaro, el mayor de los hijos del presidente, y una supuesta trama corrupta de empleados ficticios a su servicio como senador, que la Justicia cree que actuaba como una banda criminal. Muchos de esos empleados simplemente eran cortinas de humo para pasar hasta el 90 % de sus sueldos a Flávio.

El clan cree que estas informaciones provienen del fugado Fabricio Queiroz, exchófer y colaborador del hijo del presidente, que llevaba cheques de origen sospechoso a nombre, entre otros, de la ahora primera dama, Michelle Bolsonaro. Además, la Justicia investiga si el mayor de los hijos del presidente adquirió 19 inmuebles con su sueldo de senador sin declararlos.

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