Trump congela su ardor guerrero

La Casa Blanca, el Pentágono y la CIA mantienen el pulso sobre el ataque a Irán


Redacción / La Voz

Cuando el planeta trataba de dormir algo más tranquilo pensando que los asesores que rodean al presidente de Estados Unidos son quienes aplacan los ánimos del impulsivo -e imprevisible- Donald Trump, las últimas noticias han puesto al descubierto que, en realidad, es Trump quien tiene que frenar a sus consejeros, muchos de los cuales, como el indómito John Bolton, están decididos a llevar a cabo ahora la invasión de Irán que no permitió hace más de diez años el entonces presidente George W. Bush.

Los servicios de inteligencia norteamericanos -según ha informado The New York Times- hicieron saltar todas las alarmas en la Casa Blanca al mostrar a Trump y su núcleo duro unas imágenes en las que, aparentemente, se veían varias embarcaciones iraníes equipadas con misiles. Ante la posibilidad de un ataque por parte de Teherán a las tropas que Estados Unidos tiene desplegadas en la zona -la república islámica está rodeada de bases militares norteamericanas, además de las propias de sus aliados en la región- o incluso a buques comerciales, Bolton y sus halcones propusieron a Trump ordenar un ataque inmediato. El jefe en funciones del Pentágono, Patrick Shanahan
-quien, tras una semana en el cargo no ha sido nombrado oficialmente, ya que primero tiene que ser ratificado por el Senado-, incluso elaboró un plan de urgencia para desplegar a 120.00 soldados en la zona, aunque el propio Trump aseguró que, de llevarse a cabo finalmente la invasión, habría que enviar a Irán «endiabladamente más tropas». 

Un presidente «frustrado»

En este contexto, relata The Washington Post, Donald Trump se siente «frustrado» por la actitud de sus consejeros más belicosos, a los que ha tenido que leer la cartilla en varias ocasiones durante los últimos días. El presidente número 45 de Estados Unidos considera que las fotografías obtenidas por la inteligencia militar no constituyen un argumento suficiente para derribar el régimen de los ayatolás. El comandante en jefe únicamente estaría dispuesto a mandar a su Ejército al Pérsico en caso de que la república islámica hiciese «un gran movimiento» ante el que la respuesta armada se hiciese imprescindible.

De hecho, uno de los mantras de Donald Trump durante la campaña electoral fue la promesa de reducir drásticamente el gasto en las operaciones militares en el exterior, y la invasión de Irak fue uno de los ejemplos que citó de los errores que no quiere repetir.

Mientras el presidente apacigua los ánimos de sus asesores, continúa el pulso interno sobre el ataque a Irán, tanto en la Casa Blanca como en el Pentágono y la CIA. También los aliados de EE.UU. -desde Israel y Arabia Saudí a las potencias europeas- discrepan sobre si ha llegado el momento de que suenen de nuevo los tambores de guerra en el golfo.

Comentarios

Trump congela su ardor guerrero