Un test sobre los dos años de Macron

El presidente ha convertido las elecciones en un pulso entre los progresistas y la ultraderecha


París | E. LA VOZ

En Francia, los resultados de las elecciones europeas serán leídos bajo la óptica de un examen sobre estos dos años de Emmanuel Macron en el poder, como adhesión o sanción, sobre todo tras la crisis de los chalecos amarillos. Este domingo es la primera vez que los franceses acuden a las urnas desde que Macron asumió la presidencia y arrasó en la Asamblea Nacional con la creación de La República en Marcha, un partido sin historia, si no es la de la desintegración de los partidos tradicionales, conservador y socialista, especialmente este último.

El presidente esperaba aplicar en Europa el método que tan bien le había ido en Francia, con la creación de listas transnacionales que permitieran superar la dicotomía derecha-izquierda. El objetivo era lograr la disgregación del PPE (derecha y centro derecha) y del S&D (socialistas), pero no ha encontrado eco a su propuesta, y ahora discuten con partidos, como Ciudadanos, con los que crear un nuevo grupo bisagra en el Parlamento Europeo.

Y mientras Macron busca sin mucho éxito alianzas en el exterior, su principal rival, Marine Le Pen, ya se ha hecho una foto con el resto de partidos de ultraderecha congregados por italiano Matteo Salvini el pasado domingo en Milán. La líder de la Agrupación Nacional (el antiguo Frente Nacional) está exultante ante la publicación de los sondeos que atribuyen a su partido un 24,5 % de votos, por delante de La República en Marcha, 23 %, según la última encuesta de Ifop-Fiducial.

Ante la afirmación del inquilino del Elíseo de que iba a poner toda su energía para que la extrema derecha no lidere el resultado, Le Pen le ha respondido que «si pierde, deberá irse», porque a su juicio, estas elecciones se han convertido en «un referendo por o contra Macron». De hecho, los temas de la campaña, como el poder adquisitivo, la protección del medio ambiente, el lugar de Francia en Europa y la inmigración, han quedado en un segundo plano. 

Los chalecos amarillos

Entre las numerosas listas que se presentan (34) para elegir a los 79 diputados franceses de la Eurocámara, dos han surgido del movimiento de chalecos amarillos: una presencia anecdótica, ya que uno de ellos, Alianza Amarilla, tiene solo un 0,5 % de intención de voto.

Nathalie Loiseau, antigua ministra de Asuntos Europeos, encabeza la lista de La República en Marcha, y se ha visto en parte eclipsada por la presencia de Macron. La Agrupación Nacional ha elegido a un joven candidato, Jordan Bardella, de 23 años, que tiene el carné del partido de extrema derecha desde los quince. Los Republicanos han optado por investir a François-Xavier Bellamy, profesor de filosofía y ensayista. Su elección fue criticada por distintos líderes del partido, pero finalmente ha logrado seducirles, con la ayuda de los sondeos que les sitúan como tercera fuerza, con 14 % de intención de votos. Les sigue la lista de la Francia Insumisa (8,5 %) liderada por Manon Aubry, antigua portavoz de una oenegé dedicada a la lucha contra la evasión fiscal.

En cuanto a Los Verdes (6,5 %), están representados por el eurodiputado Yannick Jadot, que se ha negado a hacer alianzas con otras listas de izquierdas, algo que hubieran deseado los socialistas, que se han visto forzados a asociarse con Raphaël Glucksmann, ensayista y cofundador del movimiento Plaza Pública (6 %) creado el pasado otoño por diversas personalidades de la izquierda.

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