La Guardia Civil vigila a 500 disidentes que quieren resucitar a la difunta ETA

El sector duro de la banda se articula alrededor de ATA y del preso Iñaki Bilbao

El etarra Iñaki Bilbao, en la Audiencia Nacional en el 2006.Iñaki Bilbao, en la Audiencia Nacional en el 2006
Iñaki Bilbao, en la Audiencia Nacional en el 2006

Redacción / La Voz

Aunque ETA ha sido puesta de rodillas por la acción conjunta de la sociedad civil, los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y la colaboración judicial y policial con Francia, el fin de sus actos terroristas en el 2011 y el anuncio de su disolución hace ahora un año no significa que la Guardia Civil haya dejado de vigilar al sector duro que todavía sueña con resucitar a la difunta banda.

Según explicó hace unos días, en un acto público celebrado en Pamplona por el 175.º aniversario del instituto armado, el coronel Valentín Díaz Blanco, responsable de los servicios de información del cuerpo, la Guardia Civil no ha levantado el pie del acelerador y mantiene bajo escrupuloso seguimiento los movimientos de alrededor de 500 disidentes que han expresado -en público y en privado- su rechazo a la disolución del grupo terrorista.

Este sector duro de la banda se articula en torno a la organización ATA (Amnistia Ta Askatasuna), que tiene como gran referente al preso Iñaki Bilbao Txikito, internado en el centro penitenciario Puerto III (Puerto de Santa María, Cádiz). Txikito, uno de los más fanáticos y sanguinarios miembros de la banda, fue expulsado en el 2014 por la cúpula de ETA por su oposición al abandono de las armas. Está condenado, entre otras causas, por el asesinato en el 2002 del concejal socialista de Orio Juan Priede. Su pena total asciende a 68 años y 7 meses, por lo que, salvo cambios en la legislación, no saldría de prisión hasta el 2070.

Insultos a los magistrados de la Audiencia Nacional

Bilbao es célebre por sus enfrentamientos con los magistrados durante los juicios en la Audiencia Nacional. A Alfonso Guevara lo amenazó, desde la cabina blindada de la sala de vistas, con «pegarle siete tiros y arrancarle la piel». A Teresa Palacios le dijo: «Fascista, tienes los días contados». Y a Baltasar Garzón le soltó: «Que te mato, pelamangos, me cago en el kilómetro 105 de tus cuernos». En estas manos está la disidencia etarra.

Vinculados a ATA figuran, como afines al movimiento en contra del fin de ETA, los también presos Ibai Aginaga, Daniel Pastor Alonso, Jon Kepa, Patxi Ruiz y Saioa Sanchez.

Desde fuera de la cárcel actúan David Urdin -quien llegó a asumir la dirección de ETA en el 2017-, un joven navarro procedente de la kale borroka y sin delitos de la sangre, que ha actuado como el emisario del auténtico jefe de la banda, David Pla, que acaba de salir en libertad en Francia aunque está a la espera de la aprobación de una euroorden tramitada por España. Pla, según fuentes policiales, fue uno de los dirigentes que participaron en el proceso de disolución de ETA, por lo que su postura se encuentra actualmente muy alejada de la de Iñaki Bilbao. 

«Rendición a la burguesía»

Otro de los duros que ha mostrado su descontento a través de ATA es el expreso Jon Iurebaso Atutxa, que ha publicado varios escritos criticando duramente lo que considera la rendición de la banda terrorista. Iurebaso cree que la decisión de la dirección de ETA y de su brazo político, Bildu, de abandonar el terrorismo los devuelve «al principal redil donde nació»: «Este no es otro que el PNV vasco-español de siempre y no independentista. Todo ello después de mendigar ante cierto sector de la burguesía vasco-española de un lado y reformistas de ‘izquierda’ no independentista por otro».

A pesar de que las cautelas obliguen a mantener la vigilancia sobre este grupo de etarras, por ahora la Guardia Civil descarta que en España se pueda dar un caso similar al del Nuevo IRA, ya que certifica que la estructura de la banda se encuentra muy debilitada. No obstante, el coronel Blanco lanza un aviso ante un posible retorno a la violencia: «Coger una pistola es fácil».

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