Los ultras flamencos cambian por hombres a dos mujeres que iban en las listas por la paridad

La irrupción de la extrema derecha flamenca como tercera fuerza política en Bélgica ha sacudido la vida política de un país incrédulo ante el ascenso de un partido racista y misógino

El líder del partido de extrema derecha Vlaams Belang, Tom Van Grieken
El líder del partido de extrema derecha Vlaams Belang, Tom Van Grieken

Redacción

La irrupción de la extrema derecha flamenca del Vlaams Belang como tercera fuerza política en Bélgica ha sacudido la vida política de un país cada vez más dividido entre norte y sur, que observa incrédulo el ascenso de un partido racista y misógino que no detectaron las encuestas preelectorales.

«Se mantiene fiel a su ADN anticonstitucional, anti-belga, antidemocrático y con una constancia que roza la obsesión homofóbica y anti-mujer», ha declarado la asociación Consejo de Mujeres Francófonas de Bélgica (CFFB) después de que trascendiera que el Vlaams Belang ha reemplazado a dos candidatas que supuestamente insertó en sus listas por imperativo legal, informa Efe.

Esa formación ultra (Interés Flamenco, en español) sortearía así la obligación legal de los partidos políticos belgas de presentar listas con el 50% de mujeres, con la exigencia de que los dos primeros candidatos de la papeleta sean de sexo opuesto.

Vlaams Belang logró el pasado domingo el apoyo del 11,9% de los electores belgas en las elecciones generales, que se traduce en 18 de los 150 escaños del Parlamento federal frente a los 3 logrados en el 2014, solo superados por los nacionalistas flamencos de la N-VA (25) y por el Partido Socialista de la región sur de Valonia (20).

En la triple elección que celebró Bélgica el 26 de mayo, la extrema derecha conquistó, en clave regional, al 18,5% de los votantes de Flandes, la región norte, mientras que en los comicios al Parlamento Europeo fue el segundo partido en votos y escaños en toda el país, con el 12% de apoyo y 3 eurodiputados.

La candidata número dos por Flandes Occidental, Lut Deforche-Degroote, ha cedido su puesto en el Parlamento flamenco a un varón, Emmanuel De Reuse, del mismo modo Patsy Vatlet, segunda de la lista en las europeas y tesorera del partido, ha entregado su plaza en la Eurocámara a otro hombre, Tom Vandendriessche. «Pero cuando me inscribí en la lista en enero, no pensábamos tener dos escaños. Ha sido un poco inesperado», se ha excusado Vatlet.

«El 50% de mujeres en política es demasiado»

Las asociaciones feministas, sin embargo, no creen que la maniobra del partido sea una coincidencia y recuerdan que el líder de la formación, Tom Van Grieken, había declarado públicamente en la emisora «Radio 1» que «el 50% de mujeres en política es demasiado».

El partido se llamaba Vlaams Blok hasta noviembre del 2004 cuando la formación ultranacionalista, que defiende la secesión de Flandes del resto de Bélgica, tomó el hombre de Vlaams Belang para desvincularse de una condena judicial por racismo y xenofobia a varias asociaciones cercanas al Vlaams Blok y evitar posibles consecuencias para la propia formación que, ya con nuevo nombre, mantuvo a los mismos responsables y las mismas líneas programáticas.

Como Vlaams Blok, la formación se opuso a la ley belga de 1990 que despenalizaba la interrupción voluntaria del embarazo y presentó cuatro proyectos de ley para criminalizar el aborto entre 1992 y el 2003. Ya con la nueva marca Vlaams Belang, volvió a insistir en modificar la legislación tres veces entre el 2007 y el 2011, recuerda el CFFB.

Las posiciones de esa formación ultra y secesionista, que en noviembre del 2017 introdujo una moción para que el Parlamento flamenco reconociera la independencia de Cataluña declarada un mes antes por el entonces presidente autonómico Carles Puigdemont, que la cámara flamenca rechazó por amplia mayoría, le convertían, hasta ahora, en un partido marginal al que se le aplicaba un «cordón sanitario».

Pero el nuevo y fragmentado mapa parlamentario, que confirma el ascenso que el Vlaams Belang experimentó en las elecciones municipales del pasado octubre, pueden hacer cambiar ese pacto tácito que imperaba en la vida pública belga.

Prueba de ello es que, rompiendo la tradición, el rey Felipe de los belgas ha incluido al líder de la formación ultra en las conversaciones para encargar la formación de Gobierno, en un encuentro que no tenía precedentes desde 1936.

En la N-VA, partido más votado de Bélgica y cuyos postulados en inmigración se asemejan a los de la extrema derecha, existe división de pareceres ante la futura relación entre ambos partidos.

Un vídeo de la noche electoral viralizado días después en las redes sociales muestra a la figura emergente de los nacionalistas flamencos y exsecretario de Estado de Inmigración, Theo Francken, visiblemente contento ante el buen resultado de los ultras.

«Juntos somos la mayoría», dice Francken, en contraste con el gesto contrariado del fundador y presidente de la N-VA, Bart de Wever, quien no tiene una buena relación con la cúpula del Vlaams Belang. La escena acaba cuando el candidato a primer ministro de la N-VA, Jan Jambon, chista a sus camaradas para pedir silencio, haciéndoles notar la presencia de una cámara de televisión en la sala.

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