Un año sin Rajoy: el PP busca la brújula

Se cumplen 12 meses de la moción de censura que abrió su relevo después de 15 años

Soraya Sáenz de Santamaría consuela a Rajoy tras el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez
Soraya Sáenz de Santamaría consuela a Rajoy tras el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez

madrid / la voz

Hace exactamente un año que Mariano Rajoy dejó de ser presidente del Gobierno. El 1 de junio del 2018, el PP fue desalojado del poder al prosperar por primera vez en la democracia una moción de censura. Crisis, Cataluña y, sobre todo, los casos de corrupción, con la sentencia de la Gürtel como espoleta -la Audiencia Nacional consideró probada la existencia de una caja B y condenó al partido por haberse beneficiado de la trama-, liquidaron no solo el Gobierno de Rajoy, sino también sus quince años al frente de los populares.

En estos doce meses, los dos principales partidos han recorrido caminos opuestos. El PSOE de Pedro Sánchez aprovechó la peana de visibilidad extra de un Ejecutivo al que llegaron de carambola y con unos exiguos 84 diputados, para invertir el deterioro de la formación, reforzar el liderazgo de Sánchez y acabar convirtiéndose en los vencedores de la maratón electoral de los dos últimos meses. Por contra, el PP ha sufrido un duro revés en las urnas, y aunque se ha mantenido como segundo partido más votado, resistiendo la amenaza de sorpasso de Ciudadanos, no encuentra la brújula para lograr reconectar con unos electores desencantados.

Cuatro días después de la moción de censura, Rajoy anunciaba su dimisión como presidente del PP. No solo eso. También su retirada completa de la política. El gallego, a diferencia de su predecesor, José María Aznar, no recurriría al «dedazo» para escoger sucesor, sino que pilotó la formación durante el período de interinidad que concluyó el 21 de julio, con el congreso extraordinario en el que se eligió al nuevo presidente.

Pablo Casado -hijo político de Aznar- se impuso a Soraya Sáenz de Santamaría -mano derecha de Rajoy- en una clara apuesta de los compromisarios del PP por la renovación. Aunque, en línea con su lema de campaña -«Nadie pierde y el PP gana»- las primeras palabras del nuevo presidente fueron para asegurar la integración de los derrotados, lo cierto es que no hubo tal.

La constatación definitiva de la liquidación del marianismo fueron las listas de candidatos a las elecciones generales de abril y luego a las autonómicas y locales de mayo. Salvo alguna rara excepción, como el caso de la expresidenta del Congreso, Ana Pastor, que encabezó la candidatura por Pontevedra, no quedó rastro de los afines a Rajoy o a Sáenz de Santamaría, por muy históricos que fueran.

Las ansias de renovación y de dejar atrás el pasado más oscuro del PP han acabado provocando, sin embargo, una desconexión del partido con sus votantes. ¿El motivo? El giro radical de Casado a la derecha para no ceder espacio ante la amenaza ultra y populista de Vox y resistir la derechización de la formación de Albert Rivera.

Abandonar el discurso más moderado y de centro del PP -como repetidamente advirtió el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo- tuvo consecuencias nefastas en las urnas, aunque la primera reacción de Casado, al alimón con Esperanza Aguirre, fue la de responsabilizar a Rajoy. Huérfana de padres, la evidente derrota del PP solo encuentra alivio en la conquista del Gobierno andaluz (gracias al pacto con Cs y Vox) y la posibilidad de mantener la de Madrid, la única joya que le queda en la corona.

Casado liquidó a todos los afines al expresidente y de esa etapa solo resiste Ana Pastor

Si por algo se caracteriza la presidencia de Pablo Casado es por haber enterrado, literalmente, el pasado. No queda rastro de los miembros de la Ejecutiva del partido con Rajoy ?que volvió a su plaza de registrador de la propiedad?, ni tampoco de sus afines o exministros, con la excepción de Ana Pastor.

¿Qué ha sido de los demás? Al verse defenestrados, la mayoría siguieron el ejemplo de Rajoy y dejaron la política.

Es el caso de la exvicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que en marzo fichó por el despacho de abogados Cuatrecasas, o de Álvaro y Alberto Nadal, exministro y ex secretario de Estado respectivamente, que volvieron a sus destinos como técnicos comerciales y economistas del Estado. Fátima Báñez también cambió -a la fuerza- el hemiciclo por la empresa privada, mientras que a María Dolores de Cospedal, que se pasó al bando de Casado tras las primarias, el actual presidente la dejó caer tras conocerse sus contactos con el excomisario Villarejo. 

Comentarios

Un año sin Rajoy: el PP busca la brújula