Los okupas se instalan en la mansión mallorquina de Boris Becker

La villa de lujo, que costó 10 millones de euros, llevaba años a la venta y estaba prácticamente abandonada tras la quiebra económica del tenista


redacción

Se conoce como Son Coll, y es la mansión mallorquina que en su día construyó la estrella del tenis Boris Becker, en un momento brillante de su vida y antes de enfrentarse a una penosa situación económica. El proyecto se realizó con todos los lujos incluidos: una gran casa principal más otra de invitados, establo para los caballos, piscina exclusiva, pista de tenis... Se construyó sobre ocho parcelas unidas y se tardaron varios años en transformarla en una verdadera mansión de diez millones de euros.  Pero el abandono de la propiedad, que lleva años al a venta por la mala situación económica del tenista, se convirtió en situación propicia para la entrada de los okupas. 

Una pareja de hippy de  alemanes, Bauchi y Hassel, que junto a otros amigos llevan ya meses instalados en su propiedad. Se conocieron trabajando en una pizzería y, a causa de los altos precios de los alquileres en Palma de Mallorca, decidieron trasladarse a la finca, donde crearon su propio poblado con huertos en los que han plantado cebollas, lechugas, sandías y otros productos de los que se alimentan. También instalaron un cobertizo hecho de varillas metálicas, un camping gas, una mesa con sillas y una cama con cojines.

  Son Coll fue adquirida por Boris Becker a fines de los 90, pero se quedó medio abandonada por culpa de las deudas del deportista, que ya intentó venderla en el 2007 por un precio de 15 millones de euros, aunque luego cambió de idea. La excusa que puso entonces es que la casa era demasiado grande para él, dado que solo pasaba allí unas semanas al año y sus hijos ya eran adultos.

La mala suerte del tenista

 Una burlesca polémica en torno a un supuesto estatus de diplomático centroafricano, decepciones financieras y aventuras conyugales que alimentan los tabloides: los nubarrones se acumulan para la leyenda del tenis alemán Boris Becker, quien vive una pesadilla a sus 50 años.

Acribillado por la deudas, el exnúmero 1 del mundo se declaró en bancarrota hace más de un año y va de mal en peor desde su retirada deportiva en 1999. Recientemente, incluso se ha visto envuelto en un embrollo inédito respecto a la autenticidad de un pasaporte diplomático que afirma tener de las autoridades de la República Centroafricana.

Boum Boum, apodo que recibía como tenista, aseguró haber sido nombrado en abril por el presidente centroafricano Faustin Archange Touadéra «agregado» ante la Unión Europea para asuntos culturales, deportivos y humanitarios de este país desgarrado durante mucho tiempo por la guerra civil y que continúa siendo uno de los más pobres del mundo.

La noticia, que pasó bastante desapercibida, suscitó un interés mucho más grande después de que el triple ganador de Wimbledon apelase ante la justicia británica a un presunto estatus diplomático y a la inmunidad adjunta para escapar del juicio por deudas de varios millones de euros después de haberse declarado en bancarrota en 2017.

Becker afirma que el documento es auténtico, que lo obtuvo ante «el embajador» de la República Centroafricana en Bruselas, Daniel Emery Dede. Este último «confirmó» el lunes que el alemán estaba en posesión de un pasaporte diplomático centroafricano. Pero el prestigioso diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung apuntó el oscuro papel jugado por un consejero de Becker en la obtención del título de agregado de la República Centroafricana.

El asunto complica la situación de la antigua estrella del tenis alemán, a pesar de los 25 millones de dólares ganados sobre las pistas, que al principio pudo esperar un retiro dorado. Pero desde entonces encadena dificultades. Justo antes del caso del pasaporte, la separación de su esposa Lilly, una modelo y estrella de la televisión de 41 años con la cual tuvo un hijo, alimentó durante varias semanas las portadas de la prensa rosa.

En 2001, ya se divorció de su esposa Bárbara después de que se revelara una infidelidad con una modelo rusa en 1999. Becker se vio obligado a reconocer el hijo nacido de esta aventura de una tarde... en la lavandería de un hotel londinense. El divorcio con Bárbara, con quien tuvo dos hijos, le costó varios millones de euros.

 Trofeos perdidos-

¿Desafortunado en el amor, afortunado en los negocios? El refrán no funciona con Becker, que acumula fracasos financieros, como en 2007 cuando tuvo que pagar casi 115.000 euros por la quiebra de un portal de Internet en el que había invertido. Becker, convertido mientras tanto en comentarista y que trata de recuperar su popularidad, ha tenido varios problemas con el fisco, como su condena en 2002 a dos años de prisión en suspenso y a 500.000 euros de multa por evasión fiscal cercana a 1,7 millones de euros.

También tuvo problemas con la justicia española, que lo condenó por deudas impagadas por trabajos realizados en su mansión en Mallorca, y con la justicia suiza, por no haber pagado al pastor que ofició en 2009 su boda con Lilly.

Desde entonces, Becker, que lleva varios años exiliado en Londres, se reinventó como comentarista deportivo y se reencontró con el éxito como entrenador del exnúmero 1 mundial, el serbio Novak Djokovic. Voluntariamente, también dirige el tenis masculino en la Federación alemana. Pero los negocios lo golpearon de nuevo con la bancarrota declarada por la justicia del Reino Unido, donde sus acreedores le reclaman varios millones de euros.

En la búsqueda de liquidez para pagar sus deudas, ahora vendió los trofeos logrados durante su carrera (49 en total) de los cuales seis son de Grand Slam. Sin embargo, la mayoría de los trofeos más prestigiosos, los que podrían aportarle más dinero, están ilocalizables. Y el gabinete que gestiona su quiebra económica hizo un llamamiento en enero para recuperarlos.

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