Pedro Sánchez juega con el miedo a nuevas elecciones para tejer sus alianzas

Celaá solicita la abstención del PP y de Ciudadanos para «que el Gobierno no dependa de los independentistas»


Madrid / La Voz

Fortalecido por los resultados de los dos últimos procesos electorales, Pedro Sánchez parece dispuesto a forzar la celebración de unas nuevas elecciones generales en otoño en caso de no lograr formar Gobierno en solitario.

Su incontestable triunfo del 28A le deparó las mejores cartas para afrontar las negociaciones poselectorales, pero la jugada no está lo suficientemente clara como para que acabe saliendo investido presidente. De momento, las posiciones de todos los grupos políticos parecen inamovibles. Nadie parece dispuesto a rebajar sus pretensiones. Pero todavía falta un mundo hasta que se celebre la votación, todavía sin fecha oficial, aunque prevista para la segunda semana de julio.

Existen dos constantes a tener muy en cuenta para que la ecuación acabe resolviéndose. En primer lugar, el miedo que pueda tener cada fuerza política a volver a medirse en las urnas en unos meses. Por otra parte, el mapa municipal y autonómico, cuyas negociaciones están directamente relacionadas con Madrid.

El aliado potencial de Sánchez es Pablo Iglesias, pero la formación morada le exige formar un Gobierno de coalición proporcional a los diputados de cada uno (un tercio). El problema de Pablo Iglesias es que apenas tiene triunfos para jugar en la negociación territorial, y que una repetición electoral podría resultar catastrófica; no obstante, fuentes cercanas al secretario general aseguran que está dispuesto a mantenerse firme: bipartito o nada. Iglesias está convencido de que la única manera de remontar el vuelo pasa por entrar en los Consejos de Ministros de los viernes. El apoyo de Podemos no resultaría suficiente para la investidura, y Sánchez necesitaría seguir buscando aliados, con sus respectivos peajes, entre el PNV, Compromís, el PRC y Coalición Canaria, que mantiene su veto a Podemos, o incluso los dos diputados de UPN, una enrevesada fórmula que podría cuajar a cambio de facilitarles el Gobierno en Navarra. 

Un camino más intrincado

Todavía más intrincado se antoja el camino que Sánchez está sondeando en las últimas horas. En su comparecencia del jueves tras recibir el encargo del rey para formar Gobierno, pidió «altura de miras y responsabilidad» a todos los líderes, en lo que sonó a una invitación al PP y a Ciudadanos para que no bloquearan su investidura. Ayer lo confirmó la ministra portavoz en funciones, Isabel Celaá: «Si no queremos, y no queremos, que el Gobierno dependa de fuerzas independentistas, el PP deberá hacer un ejercicio y Cs también», comentó tras el Consejo de Ministros.

Sánchez exige ahora lo que negó hace cuatro años a Rajoy, con su famoso «no es no» que le acabó costando la secretaría general.

Ni el PP ni Cs parecen muy dispuestos a ceder, especialmente cuando Rivera trata de arrebatarle a Casado su papel como líder de la oposición, por lo que le piden que se deje de «tacticismos» y que se disponga a buscar los apoyos que necesita para sacar adelante su investidura.

De momento, el PSOE ha excluido de este tira y afloja a Vox, Bildu y los secesionistas catalanes, pero no se descarta que tenga que acabar recurriendo a estas dos últimas fuerzas. Aunque siempre quedarán las elecciones.

Sánchez cita para el martes a Iglesias, Rivera y Casado

Pedro Sánchez arrancó ayer la ronda de contactos con los líderes de otras formaciones políticas mediante una llamada telefónica al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, con la intención de acercar posturas de cara a esa votación de investidura a la que se someterá, previsiblemente, en la segunda semana de julio. El regidor autonómico le exigió a cambio de su voto un documento en el que queden plasmados una serie de compromisos para su región, en el que destaca la inversión de mil millones de euros para el AVE a Santander, que acordaron en definir durante la próxima semana a través de sus equipos negociadores.

La próxima semana también arrancarán los contactos al más alto nivel con la recepción en la Moncloa en persona a Iglesias, Rivera y Casado, citados para el martes. El primero en despachar con el jefe del Ejecutivo en funciones será el secretario general de Podemos, que le exigirá la entrada de su partido en un Gobierno bipartito. Después llegará el turno de Rivera, con el que Sánchez mantiene una relación muy distante desde hace tiempo y que se enturbió todavía más durante la campaña. El último turno será para Pablo Casado.

Sánchez parte de una posición de fuerza para negociar porque no existe una mayoría alternativa en el Congreso. «O gobierna el PSOE o gobierna el PSOE», dijo el viernes tras recibir el encargo del rey para la investidura. Lo admitieron tanto Rivera como Casado.

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