Un nuevo fármaco innovador reduce los tumores a su mínima expresión y evita la metástasis

El tratamiento, que se prueba en un ensayo clínico liderado por el Vall d'Hebron, fue creado y desarrollado por un investigador de origen gallego


redacción | la voz

Frena e incluso evita la metástasis y activa el sistema inmune hasta el punto de que el tumor se reduce a la mínima expresión. Hasta su desaparición. Es lo que ha conseguido, en ensayos preclínicos, un innovador fármaco creado y desarrollado por el equipo dirigido por el investigador de origen gallego Joan Seoane en el Instituto de Oncología Vall d'Hebron de Barcelona. El tratamiento, en realidad una combinación de dos terapias, se está probando ahora en 41 pacientes en un ensayo clínico en fase I, en el que también participan el Memorial Sloan Kettering Center de Nueva York y el Princess Margaret de Toronto, el más importante de Canadá. Los resultados preliminares son más que prometedores, ya que se ha visto que el fármaco es «muy seguro» y no provoca toxicidad, por lo que lo más seguro es que se realicen nuevos ensayos en fases más avanzadas. La investigación se ha publicado en la revista científica Nature Communications.

«Estoy superorgulloso de este trabajo, porque parte de una investigación básica que desarrollamos en laboratorio para conocer los mecanismos del cáncer que hemos conseguido llevar hasta los pacientes en fase I con un fármaco que hemos desarrollado aquí, a través de una empresa que creamos nosotros y que estamos probando en los mejores centros del mundo», explica Joan Soane, nacido en Barcelona, aunque de padre de Vigo y madre de Leiro (Abegondo). «Tengo a Galicia en el corazón», admite el director del coprograma de Investigación Preclínica y Traslacional del VHIO y responsable del Grupo de Expresión Génica y Cáncer.

La investigación básica se centró en una citoquina, una proteína que desencadena la respuesta inmunológica. La protagonista se denomina LIF. El equipo de Seoane demostró que si se bloquea su actividad se eliminan las células madre tumorales y se previene la reaparición de distintos tipos de cáncer. «Algunos tumores -señala- tienen un alto nivel de LIF y, en estos casos, la citoquina promueve la proliferación de las células madre tumorales. Su bloqueo elimina las células madre tumorales y, de esta manera, se puede prevenir la metástasis y las recaídas».

Pero aún quedaban algunas sorpresas. La citoquina también desempeñaba un papel importante en el sistema inmune. En condiciones normales, cuando un agente extraño ataca al organismo activa una especie de alarma que hace que las células del sistema inmunitario, los linfocitos T, se dirijan hacia el lugar problemático para eliminar el daño. Pero en los tumores que expresan altos niveles de LIF ocurre exactamente lo contrario: se desactiva la alarma y el cáncer esquiva a nuestras defensas naturales. «Es como si un ladrón desactivara el sistema de alarma de un banco para que no llegara la policía», precisa Joan Seoane.

Si esto es lo que ocurre, ¿cuál ha sido la estrategia para evitarlo? Desarrollar un fármaco, el IMSC-1, que bloquea LIF en tumores que expresan altos niveles de esta citoquina. De esta forma se reactivan los linfocitos T para que destruyan el tumor. Para reforzar esta acción los investigadores combinaron su fármaco con un inmunoterápico que ya existe en el mercado, el anti-PD1. En modelos animales, los dos tratamientos no solo detienen el crecimiento del cáncer, sino que incluso consiguen que desaparezca. Y es más, se genera una memoria inmunológica, de tal modo que si se produjera una recaída nuestras defensas naturales volverían atacarlo. «Es algo similar a lo que ocurre con las vacunas», explica Seoane.

Pero, ¿en qué tumores podría funcionar esta innovadora terapia? El cáncer no es una enfermedad, sino que son muchas y, cada una de ellas, con sus particulares variantes. ¿Qué hacer entonces? «Lo que se está viendo ahora es que ya no es tan importante dónde está el tumor, sino el mecanismo fisiológico que se ve alterado por su acción», relata el investigador de origen gallego. En este caso es la citoquina LIF la que provoca la alteración, por lo que habría que tratar a los pacientes que tengan una alta expresión de esta proteína. Y es justamente lo que se ha hecho en el ensayo clínico: seleccionar a los participantes en base a una prueba que determine el nivel de la citoquina en sus tumores. «Lo que hemos visto es que hay tumores con una alta incidencia de LIF, como son el glioblastoma, el principal cáncer cerebral, el de páncreas, el de ovario y el de pulmón», apunta Seoane. Son, en todos los casos, tipos de cáncer muy agresivos.

Protege al cáncer como una madre a su embrión

La investigación básica que ha llevado a la potencial terapia también tiene una historia particular. LIF es una citoquina que ha sido diseñada por la evolución durante millones y millones de años para solucionar un gran problema que tienen todos los mamíferos: el hecho de que un ser vivo se integre en otro ser vivo. Es decir, el embrión se tiene que integrar en el útero de la madre. Pero, si el embrión tiene antígenos del padre, ¿cómo es posible que el sistema inmune de la madre no lo rechace? La respuesta está en la citoquina, que protege al sistema inmune de la madre, al tiempo que induce la proliferación de las células madre embrionarias con lo que se garantiza un crecimiento adecuado del embrión.

Es, a todas luces, un mecanismo clave para nuestra supervivencia. Pero el cáncer, además, de muy voraz, también es tramposo y ladrón. Lo que hace es apropiarse de este mecanismo molecular inducido por LIF para su propio beneficio. De esta forma, la citoquina protege el tumor del sistema inmune del paciente de la misma manera que defiende al embrión y promueve la proliferación de las células madre tumorales, así como lo hace con las células madre embrionarias. «El cáncer -sentencia Seoane- secuestra el mecanismo desencadenado por LIF para su propio beneficio, sobrevivir y expandirse».

Los nuevos Curie, de origen gallego

r. romar

Un matrimonio de científicos es el primero en acceder al elitista plan europeo Starting Grant y en lograr una beca para llevar su investigación al mercado

María y Joan nacieron y viven en Barcelona, aunque ahora trabajan mucho más lejos el uno del otro que cuando eran novios e investigaban en Nueva York. Él, en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center y ella, en la Universidad Rockefeller. Apenas los separaba una acera. Ahí empezaron una meteórica carrera que los ha llevado a situarse en la élite de la ciencia europea. Pero no solo los unen los tubos de ensayo, sino que también comparten su vida con tres hijos en común.

Fueron el primer matrimonio, cada uno por separado, en acceder el mismo año al elitista y exigente programa Starting Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC), en el que apenas triunfan el 5 % de las candidaturas presentadas, y hace unos días también se convirtieron en la primera pareja en obtener la prestigiosa beca Prueba de concepto, concedida por el mismo organismo europeo, una ayuda financiera a los científicos excelentes para llevar sus investigaciones al mercado, en una aplicación real para los pacientes.

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