Valls, ¿de salvador a salvapatrias?

El ex primer ministro francés destroza la estrategia de Ciudadanos y, con dos afines, permitirá a Colau ser alcaldesa

Valls anunció su apoyo a Colau para frenar al independentismo
Valls anunció su apoyo a Colau para frenar al independentismo

redacción / la voz

Manuel Valls (Barcelona, 1962) está dispuesto a lo que sea para demostrar que tenía razón. Durante meses hizo campaña contra los populismos, pero ahora, a solo tres días de la investidura de alcaldes, mantiene su pulso con la dirección de Ciudadanos para apoyar a Ada Colau, uno de los símbolos del populismo (de izquierdas) español como alcaldesa de Barcelona. Su excusa, en este caso, es frenar al independentismo y evitar que el consistorio caiga en manos de Ernest Maragall (ERC y ex PSOE).

Valls defiende su postura casi en solitario. Llegó como abanderado de una plataforma constitucionalista que, en realidad, era una mutación de Ciudadanos. Bajo el nombre de Barcelona pel Canvi, sumó 99.191 votos y seis concejales, uno más de los que los naranjas, sin refuerzo estrella, habían obtenido en el 2015.

Pero Manuel Valls está acostumbrado a los focos y no se resignó a su papel marginal, limitado casi en exclusiva a la prensa rosa por su romance -e inminente boda- con la millonaria heredera de la multinacional farmacéutica Almirall Susana Gallardo. Horas después de cerrarse las urnas, aprovechó el vacío de poder de Ciudadanos en Cataluña -por la poco explicada huida a Madrid de Inés Arrimadas y la inacción de Albert Rivera- para ofrecer los votos de su grupo municipal a Ada Colau. «No podemos permitir que Barcelona caiga en las manos del independentismo», argumentó obviando los duros reproches contra la alcaldesa durante la campaña. 

Desobediente

Su estrategia fue desautorizada de inmediato desde Madrid. Pero Valls, lejos de aceptar la disciplina de partido, se enrocó y subió su órdago: si Cs no quiere, él y sus dos concejales de confianza (el exministro socialista Celestino Corbacho y Eva Parera, antigua militante de Unió) votarán a favor de Colau, lo que haría viable la alianza de esta con los socialistas.

Esa estrategia dinamitaría por completo el grupo de Ciudadanos en Barcelona y pondría en aprietos la estrategia de los naranjas en Cataluña, el territorio que vio nacer al partido a comienzos de siglo y que no ha parado de perder apoyos en las últimas citas electorales desde que Arrimadas consiguiera ser la más votada en las autonómicas del 2018. La jerezana renunció entonces a ser investida y, apenas un año después, ha optado por relanzar su carrera política al lado de Albert Rivera en el Congreso de los Diputados, dejando huérfana de liderazgo a la primera fuerza parlamentaria catalana.

Manuel Valls, que ya dio la espantada en el Partido Socialista francés e intentó pactar, sin éxito, con el emergente En Marchè de Emmanuel Macron, se niega a rectificar su hoja de ruta, pese a la petición expresa de pesos pesados de Ciudadanos como su secretario general, José Manuel Villegas. Esta misma semana mantuvo un acalorado enfrentamiento con Marcos de Quinto, el fichaje estrella de Rivera en las últimas generales, a cuenta de su estrategia, especialmente crítica con Vox. «¿No te preocupan más los coqueteos con Bildu en Navarra o que los blanqueadores del chavismo pacten con los socialistas?», preguntó el empresario en las redes sociales tras un comentario de su compañero.

La reacción del exvicepresidente de Coca- Cola evidencia la fractura interna de Ciudadanos. «Valls sabe cuáles son las líneas rojas de nuestro partido», le advirtió por enésima vez Villegas.

La fractura interna de la plataforma en Barcelona pel Canvi ya es inevitable. El daño a la formación naranja en Cataluña, por la pasividad de Rivera y el trasvase al puente aéreo de Arrimadas, se traducirá en una pérdida de credibilidad. El salvador del constitucionalismo puede acabar siendo un salvapatrias del que solo se beneficiará Ada Colau.

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