Los líderes del desafío independentista intentan presionar al Supremo con sus alegatos políticos

M. Balín / M. Saiz pardo MADRID / COLPISA

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Oriol Junqueras fue el primero en intervenir en el turno de la última palabra correspondiente a los doce acusados
Oriol Junqueras fue el primero en intervenir en el turno de la última palabra correspondiente a los doce acusados Tribunal Supremo

Critican a la Fiscalía, exhiben victimismo y retan al Estado, en la última sesión del juicio

12 jun 2019 . Actualizado a las 22:46 h.

Cuatro meses exactos, 52 sesiones y 300 horas después, el juicio por el desafío secesionista en Cataluña llegó este miércoles a su final. Lo hizo con los alegatos de los doce acusados, que reclamaron su absolución. Ahora será el turno del tribunal, de las deliberaciones de los siete magistrados y la redacción de la sentencia por parte del presidente, Manuel Marchena. El responsable de la sala buscará un fallo por unanimidad, que se espera para principios de otoño y que, pase lo que pase, seguirá marcando la política catalana, y también nacional, a corto y medio plazo.

Este miércoles, sin ir más lejos, la mayoría de los acusados no se lo pusieron fácil. Endosaron al tribunal la responsabilidad de no agravar la crisis política del «conflicto catalán». En cualquier caso, el listón de penas que ha pedido la Fiscalía, entre 16 y 25 años de cárcel por un delito de rebelión a nueve de los acusados; o la Abogacía del Estado, entre siete y 12 años por un delito de sedición, ejercerán su influencia cuando la sala examine los hechos.

El enjuiciado que más apretó fue Jordi Sànchez, expresidente de la Asamblea Nacional Catalana. «Es injusto para este tribunal que tengan que resolver un problema político. Pero ustedes tienen la responsabilidad de no agravar el problema. No me gustaría estar en su piel. Ojalá que su sentencia ayude a resolver lo que la clase política no ha sabido resolver. De su sentencia se va a derivar la lectura del límite de derechos fundamentales, de reunión, de expresión, de disidencia», enunció el ahora dirigente de Junts per Cataluña.

Con menos ímpetu y detalle, este mensaje también lo transmitieron el exvicepresidente Oriol Junqueras, los exconsejeros Raül Romeva, Carles Mundó y Santi Vila y el presidente de Òmnium Jordi Cuixart. «Del resultado de este juicio depende la calidad de la democracia del Estado español», vaticinó con grandilocuencia este último.

«Lo volveremos a hacer»

Genio y figura, Cuixart llevó sus creencias al límite, pese a que sobre el papel tiene la mejor posición en la parrilla de salida de la sentencia. Asumió que va a pasar un tiempo en prisión (lleva 19 meses) porque para él, mirando cara a cara a los jueces, lo que diga ese fallo será un acicate para seguir trabajando por la independencia. «Mi prioridad no es salir de prisión, sino seguir luchando para avanzar en la resolución del conflicto. Lo volveremos a hacer pacíficamente», avisó.

Antes intervino Junqueras. El presidente de ERC, «motor» de la causa según el fiscal, abogó por devolver el conflicto a «la política, la buena política, al terreno de la negociación y el acuerdo». Mentó sus «convicciones religiosas», admitió que todo político comete «errores» y compartió sus ideas con los que defienden la república «desde convicciones democráticas».

Raül Romeva, compañero de ERC y de abogado, fue más profundo. Dijo que las acusaciones «han instrumentalizado el concepto de odio y han querido construir un marco mental fundamentado en la existencia de un odio a España y lo español. Sin embargo, no han podido aportar ni una prueba», afirmó.

Las intervenciones más emocionales fueron las de Jordi Turull, Jordi Rull y Jordi Sánchez. Los tres de Junts, el partido del fugado Carles Puigdemont, cayeron en el victimismo para denunciar esta «tremenda injusticia». «Nos persiguen por nuestras ideas», señaló Turull. «No existen suficientes cárceles para encerrar el anhelo de libertad de un pueblo», apuntó Rull. «Somos víctimas de un dolor causado por el Estado», dijo Sànchez. Carme Forcadell y Dolors Bassa, hicieron un alegato más jurídico para buscar la comprensión del tribunal.