La sangre universal, un poco más cerca

Dos enzimas localizadas en bacterias del intestino pueden convertir los tipos A y B en cero


redacción / la voz

Convertir la sangre más común, del grupo A, o incluso la del B, en apta para la donación universal. O, lo que es lo mismo, transformar estos tipos en el cero, que no genera rechazo en las transfusiones. Es uno de los grandes desafíos de la medicina, un sueño que ahora, aunque aún lejano, está un poco más cerca gracias a dos enzimas que se encuentran en el intestino humano y que de forma combinada presentan el potencial de inducir la ansiada modificación. ¿Cómo? Eliminando las moléculas de azúcar, los antígenos, que se encuentran en la superficie de los glóbulos rojos y que son los que marcan la diferencia entre los distintos grupos sanguíneos. De este modo, el A presenta un tipo de azúcar; el B tiene otro y el AB los dos. Solo el 0 no tiene ninguno, de ahí su carácter universal para cualquier tipo de transfusión.

El hallazgo ha sido presentado en la revista científica Nature Microbiology por un grupo de investigadores canadienses de la Universidad de British Columbia. El grupo, al igual que otros de todo el mundo, lleva cuatro años probando enzimas conocidas por su capacidad de despojar a los glóbulos rojos de los azúcares, pero hasta ahora con resultados limitados. Hasta que encontraron en bacterias de heces humanas del intestino, de las que aislaron su ADN, dos enzimas que, de forma natural, se adhieren a la pared intestinal para comer los combos de proteínas de azúcar llamadas mucinas, lo que favorece la digestión. La pregunta, entonces, fue: si eliminaban las mucinas, ¿por qué no podían hacer lo mismo con los antígenos presentes en los glóbulos rojos? Y así fue, al menos a nivel experimental en un avance que podría revolucionar la donación de sangre y la transfusión.

Sin embargo, y aunque se trata de un hallazgo científico de gran calado, todavía está lejos de poder aplicarse de forma rutinaria. «Esto abre un campo tremendo, en el sentido de que podríamos poder utilizar sangre A y B sin rechazo, pero algo que todavía está en pañales. Es un paso importante, pero un primer paso», advierte Mercedes Villamaior Álvarez, del Servicio de Transfusión del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.

Quedan, todavía, importantes retos por resolver. Es necesario demostrar que las dos enzimas bacterianas son capaces de eliminar por completo los antígenos A y B, pero sin modificar la estructura de las células sanguíneas para que no altere otros antígenos importantes. Y, lo que no es menos importante, realizar la transformación sin que se vean afectadas las funciones primordiales de los hematíes, cuya misión principal consiste en transportar oxígeno a los órganos y tejidos.

Si se superan estas barreras aún quedaría otro aspecto a tener en cuenta. «Habría que conseguir producir estas dos enzimas de forma industrial para poder aplicar la innovación de forma rutinaria», destaca Villamaior Álvarez. En estos pasos pendientes, el siguiente que darán los investigadores canadienses será probar las enzimas en un entorno clínico

 

Aumenta el número de personas del grupo B por la llegada de inmigrantes

Si una persona con el tipo A recibe sangre del tipo B, o viceversa, los antígenos pueden hacer que el sistema inmunitario realice un ataque mortal a los glóbulos rojos. De esta forma, el paciente que recibiera esta transfusión podría morir o quedaría gravemente enferma. Por eso, solo pueden ser donantes universales los pertenecientes al grupo cero, de forma especial los 0 negativos, en torno al 7 % de la población. En Galicia, un 35 % es 0 positiva. Sin embargo, el tipo de sangre más común es la del grupo A, que la presentan el 37 % de los gallegos. Se da la circunstancia de que en la comunidad, de forma tradicional, un 7 % pertenecía al grupo B, aunque este porcentaje aumentó hasta el 10 % con la llegada de inmigrantes.

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