Camilleri y Márkaris, patronos y garantes del gran «noir» mediterráneo

La primavera ha traído a las librerías nuevos casos de los comisarios Montalbano y Jaritos, respectivas criaturas literarias de los escritores italiano y griego

El actor Luca Zingaretti encarna al comisario Montalbano en la serie de la RAI
El actor Luca Zingaretti encarna al comisario Montalbano en la serie de la RAI

Redacción / La Voz

Pese a su edad provecta, los escritores italiano Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) y griego Petros Márkaris (Estambul, 1937) son los patronos y garantes del gran noir mediterráneo. Sus principales criaturas de ficción, los policías Salvo Montalbano y Kostas Jaritos, respectivamente, reinan en el oscuro cielo de ficción del sur de Europa. Han tomado hace tiempo el relevo de los Pepe Carvalho -personaje central de Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939-Bangkok, 2003)- y de Fabio Montale -protagonista de la mítica trilogía de Jean-Claude Izzo (Marsella, 1945-2000)- y, aunque conviven con las interesantes creaciones de Massimo Carlotto, Maurizio de Giovanni, Ian Manook, Donna Leon, Antonio Manzini, Marco Vichi, Ahmed Mourad o Dominique Sylvain, no parece que ninguno de estos consolide a medio plazo un personaje tan redondo, familiar, coherente, feliz y exitoso como son Montalbano y Jaritos, dueños de un universo intransferible.

Ambos veteranos autores han sido capaces de generar tal corriente de empatía que el lector (como ocurría en otras latitudes más atlánticas con Maigret, Beck y Wallander) espera con ansia cada nueva entrega de sus héroes. En España ayuda a este seguimiento la fidelidad de los sellos que las editan: Camilleri en Salamandra y Márkaris en Tusquets.

Algo que comparten los dos autores es su trasfondo social y ético, su preocupación por la realidad política, y su posición combativa y comprometida -aunque sin alharacas ni pancartas-, y cómo trasladan este discurso a las andanzas de sus funcionarios sin que ello cargue de excesos programáticos y solemnidades sus relatos. Al contrario, la lectura es siempre amena y ligera, y, aunque tampoco es que se trate de dos grandes prosistas, su pluma está suficientemente apegada a la sencillez y la levedad, más y mejor en la escritura del siciliano.

Todas sus aventuras son directas, cabales y teñidas de un cierto escepticismo. Ya hombres maduros, los policías carecen del cinismo del hard-boiled estadounidense y rehúyen las demostraciones de violencia explícita -lo que no evita que Montalbano se lleve de vez en cuando algún golpe.

Esta primavera han llegado al castellano nuevas investigaciones de Montalbano (El carrusel de las confusiones, 2015) y Jaritos (Universidad para asesinos, 2018), y no defraudan. No resultan tan fluidas como otras anteriores -ya van 28 novelas del italiano y 11 del griego-, pero es que los casos que indagan son también enrevesados. Y en lo que se refiere a Camilleri, quizá, más que con su ceguera, tenga que ver con que la trama (extrañamente) no se inspira esta vez en la crónica de sucesos.

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