Aún hay espacio para sorpresas políticas

Rivera quiere limpiar su fiasco municipal y la foto con Vox, y eso puede dar un giro a los pactos autonómicos y hasta a la investidura


Lo peor del lamentable espectáculo político al que hemos asistido en la configuración de los ayuntamientos es que todavía nos queda la segunda parte, que son las negociaciones para repartir el poder autonómico, y la tercera y no necesariamente última temporada de la serie, que es la de forjar una mayoría para investir al presidente del Gobierno. Tras perpetrar cambalaches sin cuento en varias localidades, y cerrar en muchos casos pactos claramente a la espalda de los ciudadanos que les han votado, los partidos observan ahora las reacciones y las consecuencias de sus actos. Y eso puede influir significativamente en los pasos que den a continuación en las negociaciones para elegir a los presidentes de las comunidades autónomas, lo que puede complicar ese proceso hasta límites insoportables en lo político. Ciudadanos, por ejemplo, sale malparado de la foto porque todos sus faroles y órdagos con el PP no le han servido para nada. Al final, ha tenido que dar la mayoría de alcaldías a los populares, aparece de nuevo junto a la extrema derecha de Vox, ha hecho el ridículo en Barcelona con su fichaje Valls apoyando a la populista Colau y su botín político se reduce a unas pocas alcaldías y puestos de segundón allí donde gobernarán los populares.

Madrid, la joya de la corona

Albert Rivera es consciente de que ha jugado mal sus cartas en la partida municipal, y tratará sin duda de resarcirse en los pactos autonómicos para limpiar la imagen de estar sometido por el PP. Si la alcaldía de Madrid, tercera ciudad más poblada de la UE, se decidió en una negociación entre PP y Vox a las cuatro de la madrugada, solo unas horas antes de que los líderes se presentaran legañosos a la sesión de investidura, imaginen hasta dónde puede llegar el pulso por la comunidad madrileña, joya de la corona de lo que queda por repartir por su enorme presupuesto.

Isabel Díaz Ayuso se las promete felices por la elección como alcalde de su compañero José Luis Martínez-Almeida, pero haría bien en tomarlo con calma. Ciudadanos está exigiendo ya la presidencia de la Comunidad a cambio de su «generosidad» con el PP en toda España. Y, una vez que entre en ese juego, salir de nuevo perdedor y fotografiado otra vez con Vox sería ya letal para Rivera. Si ese órdago de que Casado y Abascal le den la presidencia o gobierna el PSOE se repite, habría que darle más credibilidad, porque ya no será ya un farol. Será ganar o morir.

Y, como el PP no se puede permitir perder Madrid -que es su apuesta máxima- para que la ocupe quien aspira a arrebatarle la hegemonía en el centroderecha, no es descartable que al final el beneficiado sea el PSOE y Ángel Gabilondo acabe siendo el presidente de la Comunidad gracias o incluso en alianza con Ciudadanos. Algo que le serviría a Rivera para recuperar su imagen de líder que puede pactar a izquierda o derecha, y al PSOE para abrir la expectativa de pactos con Rivera en el Congreso. Pulsos similares pueden repetirse en otras autonomías y dar lugar a nuevos cambalaches. Y todavía queda el último capítulo: el de la investidura. No descarten que también allí se produzcan sorpresas.

Casado vuelve a la carga para nombrar a Álvarez de Toledo

Por segunda vez, el líder del PP sale de un proceso electoral aparentemente reforzado pese a conseguir el peor resultado histórico de su partido. Ocurrió primero en Andalucía, donde contra todo pronóstico el PP, con un resultado pésimo, acabó asumiendo la presidencia y poniendo fin a casi 40 años de poder socialista. El descalabro en las generales pareció ponerle contra las cuerdas. Pero con un resultado también muy malo en las municipales y autonómicas el PP va a retener poder local y autonómico gracias a los pactos. Con estos paradójicos resultados, Casado se ve fuerte y se plantea volverse contra sus críticos y tratar de para imponer a Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz.

La maniobra de Valls y su doble vara de medir

La llegada del ex primer ministro francés Manuel Valls a la política española se salda con un enorme fiasco para Ciudadanos y demuestra que España necesita solucionar sus problemas sin que le den lecciones desde fuera. De entrada, el discurso de Valls sobre la inmigración implica enormes dosis de cinismo, porque en su etapa como primer ministro galo llegó a ser amonestado por la Unión Europea por sus duras políticas contra los gitanos rumanos y búlgaros. Más de 10.000 fueron expulsados de Francia sin contemplaciones bajo su mandato. Y, desde luego, apoyar a la máxima expresión del populismo que es Colau y entregarle la alcaldía de Barcelona no es precisamente un gran aval para dar lecciones.

La incógnita del futuro papel de Vox en el Congreso

Existen dos teorías respecto a lo que significará la presencia de 24 diputados de la extrema derecha de Vox en el Congreso. La primera es la que indica que todos los partidos antisistema que llegan a los parlamentos con discursos incendiarios y alejados de la realidad acaban por ser domesticados y entrando en el juego de la política pragmática con más moderación. Es lo que pasó en gran parte con Podemos. La segunda es la de que Santiago Abascal está dispuesto a mantener su posición de reconquistador de la patria protagonizando un show diario frente al PSOE pero también ante la «derechita cobarde». Atentos a por tanto a por dónde tira Vox. Andalucía es una buena pista para ello.

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