Sánchez e Iglesias no logran limar sus diferencias para un Gobierno de coalición

Podemos mantiene su exigencia de entrar en el Ejecutivo y el PSOE presiona con un pleno de investidura «pronto, con o sin apoyos»

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reunieron el 11 de junio en el Congreso
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reunieron el 11 de junio en el Congreso

Madrid / La Voz

Buenas palabras y mejores intenciones, pero sin avances concretos. Así puede resumirse el encuentro privado que mantuvieron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias el pasado lunes en la Moncloa de cara a atar los apoyos de Unidas Podemos para la investidura del candidato socialista. Iglesias continúa exigiendo un Gobierno de coalición con al menos un tercio de ministros de su partido, mientras que Sánchez solo accede a entregar algunas carteras a personalidades independientes acordadas por ambas formaciones. De este modo, las posturas se mantienen «muy alejadas», tal y como sostienen fuentes de Ferraz. No obstante, desde la dirección del PSOE dicen que el presidente del Gobierno en funciones sigue confiando en alcanzar un acuerdo con Iglesias, al que siguen viendo como su «socio preferente».

En la formación morada también sostienen que las cosas marchan en la buena dirección para cerrar un acuerdo, pero insisten en que este deberá asemejarse al firmado recientemente en la Comunidad Valenciana , y reclaman la entrada en el Consejo de Ministros de los viernes como un requisito imprescindible para confirmar sus apoyos. 

Aumentar la presión

Todo apunta a que la votación de investidura se celebrará en la segunda semana de julio, pero todavía falta que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, determine una fecha con el candidato. El ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, mencionó ayer que esta se celebraría «en breve», reforzando la idea desprendida el día anterior por el secretario de organización del PSOE y su compañero en el Gabinete, José Luis Ábalos, quien con cierta vaguedad deslizó que el pleno de investidura no se demoraría demasiado, y que aun sin contar con los apoyos necesarios para salir elegido presidente, Sánchez cumpliría con el encargo de Felipe VI para, al menos, poner en marcha el reloj de dos meses para la disolución de las Cortes previa a una nueva convocatoria electoral. Lo cierto es que nadie quiere ni oír hablar de otras elecciones para otoño, por lo que la decisión del candidato accediendo a someterse a una investidura condenada al fracaso solo puede entenderse como una manera de aumentar la presión sobre Podemos y Cs, las formaciones políticas a las que más podría perjudicarles la celebración de unos nuevos comicios según la tesis aireada ayer por el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas y exmiembro de la cúpula del PSOE, José Félix Tezanos, quien auguró un «voto de castigo» para quienes «menos hubieran favorecido» la investidura. De cara a la llegada de ese remoto, pero no imposible escenario, desde el partido morado se apresuraron este martes a despejar balones: «Quien se sentirá más presionado es quien esté dispuesto a ir a la investidura y no tenga los votos sumados», afirmó el diputado Rafael Mayoral, recomendando a Sánchez a acelerar esa búsqueda de apoyos antes de la celebración del pleno. 

ERC reclama «gestos»

La presidenta del PSOE y vicepresidenta del Senado, Cristina Narbona, afirmó este martes en un desayuno informativo que Sánchez está trabajando «mucho» para cerrar sus alianzas, aunque continuando con el argumentario socialista, aclaró que «con apoyos o sin apoyos, habrá sesión de investidura pronto».

Lo cierto es que hasta la fecha el único sí con el que puede contar Sánchez fuera del grupo socialista es con el del diputado cántabro del PRC. Parecen cercanos el de Compromís y los del PNV. Y aun con el visto bueno de Podemos, al líder socialista seguirían sin salirse las cuentas, por lo que, como en la moción de censura, podría volver a necesitar los votos de las fuerzas independentistas catalanas, aunque Sánchez ya conoce perfectamente el peaje que tendrá que abonar si quiere contar con estos apoyos.

El presidente de ERC en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, fue preguntado sobre este asunto en RNE, pues desde su formación se adelantó hace unos días una posible abstención. «Faltan gestos al otro lado que no se dan», lamentó, al hilo del informe de la Abogacía del Estado en el que se muestra desfavorable a la excarcelación de los líderes secesionistas que están siendo juzgados en el Supremo mientras esperan por la sentencia, que llegará a la vuelta del verano.

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