Sánchez bloquea la vía navarra y se ve abocado a repetir la fórmula de la moción

El candidato socialista necesitará la colaboración de los secesionistas o de Bildu


MAdrid / La Voz

Cerrojazo a la vía navarra para la investidura de Pedro Sánchez. Salvo giro inesperado de última hora, los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro (UPN) votarán en contra de la reelección del candidato socialista a la presidencia del Gobierno, por lo que a Sánchez no lo quedará más remedio que buscar el apoyo de las formaciones secesionistas catalanas o Bildu; o bien convencer al PP o a Ciudadanos para que se abstengan y evitar así una nueva convocatoria electoral.

La opción navarra ha quedado desbaratada este miércoles con la elección de la presidencia de la Mesa del Parlamento de la comunidad foral. El PSN tenía la llave para facilitar que el órgano de la Cámara autonómica fuese dominado por Geroa Bai o por Navarra Suma (coalición integrada por UPN, PP y Cs), y tras una vertiginosa negociación, los socialistas navarros han decidido que el nacionalista Unai Hualde (Geroa Bai) saliese elegido presidente del Parlamento navarro gracias a la suma de sus votos a los de EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra. En la misma votación se concedió a Bildu una secretaría de la Mesa.

Lo ocurrido en la sesión es tan solo el preámbulo de la que se celebrará los próximos días para la elección del presidente navarro, pero todo invita a pensar que se mantendrán los dos bloques, por lo que la socialista María Chivite acabará asumiendo el mando de la comunidad foral. Como consecuencia directa, Sánchez se quedará sin los apoyos de los dos parlamentarios de UPN en Madrid, ya que esta formación exigía como requisito indispensable para facilitar su investidura que los socialistas permitieran un Ejecutivo autonómico liderado por Navarra Suma. Además de estos dos apoyos, Sánchez necesitaría la complicada abstención de Coalición Canaria para lograr ser elegido presidente en una segunda vuelta, en la que se requieren más síes que noes, ya que los presumibles votos favorables de Podemos, PNV, PRC y Compromís son insuficientes. 

Sin moneda de cambio

El PSOE se queda sin moneda de cambio con los regionalistas. Y con la vía de una abstención del PP o Cs casi descartada, el único camino transitable vuelve a ser el mismo que adoptó en la moción de censura con la que logró desalojar a Rajoy del Gobierno: los secesionistas catalanes o Bildu. Conscientes del desgaste que provocan estos apoyos, desde la Moncloa y Ferraz han transmitido su intención de dejar de depender de estas fuerzas, pero finalmente a Sánchez no le quedará más remedio que volver a sentarse en la mesa con los interlocutores de Puigdemont y Junqueras. O eso, o repetición electoral en otoño.

El diputado de ERC Gabriel Rufián se mostró abierto a negociar para que el candidato socialista logre renovar la presidencia, aunque ya advirtió que hay un peaje que pagar, que son los «gestos» por parte del Gobierno de cara a la celebración de un referendo para la independencia. Además, estos hipotéticos apoyos de ERC a Sánchez están estrechamente vinculados con la sentencia que dictará el Supremo a la vuelta del verano sobre los dirigentes independentistas. Uno de ellos es el presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, que se enfrenta a 25 años de prisión por su papel en la declaración de independencia proclamada por el Parlamento catalán a finales de octubre del 2017. Durante toda la campaña electoral, Sánchez rechazó en un sinfín de ocasiones pronunciarse sobre la posibilidad de proponer o no un indulto para los secesionistas.

La vicepresidenta reitera que Podemos solo puede aspirar como máximo a ocupar secretarías de Estado

Se mantiene el tira y afloja entre Podemos y el PSOE de cara a la votación de investidura de Pedro Sánchez. Los primeros siguen reclamando su entrada en el Consejo de Ministros, con un reparto de carteras proporcional al número de escaños obtenido por cada formación en las pasadas elecciones; mientras los segundos continúan sin aflojar y solo acceden al nombramiento de varios ministros independientes acordados por ambos y la integración de algunos dirigentes con el carné morado en altos cargos de la Administración, como secretarías de Estado o direcciones de entes públicos, pero siempre fuera del núcleo duro del Gobierno. Es decir, que Sánchez no quiere a Iglesias en las reuniones del Gabinete de los viernes. Así lo confirmaron ayer desde la dirección nacional de Ferraz.

La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, reiteró este miércoles la oferta del candidato socialista, que consiste en la designación de dirigentes de Podemos para hacerse cargo de «algunos puestos de responsabilidad importante, que desde luego no son en el Consejo de Ministros», matizó, pasando la pelota al tejado de Pablo Iglesias, invitándole a decidir «si conviene o no a sus objetivos» y a obrar en consecuencia. Pero en la formación morada no dan su brazo a torcer, y a pesar de la amenaza de Sánchez de una nueva convocatoria electoral en otoño, se mantienen firmes con su exigencias a cambio de apoyar la reelección del presidente del Gobierno en una votación de investidura que se prevé para la segunda semana de julio. 

Echenique afea las filtraciones

Pablo Echenique, secretario de acción de gobierno de Podemos, reclamó carteras ministeriales para sus compañeros de partido: «Confiamos en que al final va a salir bien, creemos que Sánchez no nos ha mentido cuando ha trasladado su voluntad de que haya un gobierno con Unidas Podemos», dijo, agarrándose a la palabra del jefe del Ejecutivo en funciones cuando propuso un Gobierno de «cooperación».

Además, el diputado de la formación morada acusó a los socialistas de filtrar a la prensa los pocos avances que se dan en las reuniones entre ambas fuerzas. «He trabajado en muchas negociaciones, y hay una regla para que puedan salir bien, y es no negociar a través de los medios de comunicación», lamentó.

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