Cinco copas en menos de dos horas: el atracón de alcohol que practican 700.000 menores en fin de semana

Este hábito importado de países anglosajones es la causa de 6.000 comas etílicos al año en España


redacción | la voz

El alcohol es la sustancia psicoactiva de consumo más generalizada entre los estudiantes de 14 a 18 años. Es lo que ratifican continuamente las encuestas, de tal modo que casi ocho de cada diez menores (77 %) confiesa que ha consumido alcohol alguna vez en su vida, mientras que el 76 % lo ha hecho en el último año y un 67 % en el último mes. Son datos de la última Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias, realizada en el 206, pero sobre los que esta mañana incidió la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, en el primer Encuentro sobre Investigación en Adicciones, organizado por el Plan Nacional sobre Drogas.

Son datos preocupantes que se repiten de forma regular. Pero aún los hay más inquietantes y menos conocidos. Es el que hace referencia al atracón de alcohol o binge drinking, una práctica importada de los países anglosajones cada vez más consolidada en España. Alrededor de 700.000 menores admiten beber cinco o más copas o cañas en menos de dos horas. Son borracheras rápidas con un profundo impacto en cerebros aún en formación, pero que también tienen un efecto directo en forma de comas etílicos. Y así lo reconoció ayer la ministra de Sanidad. «Esta evolución hacia el consumo de atracón provocó el ingreso de al menos 6.000 menores por comas etílicos en el 2016», dijo.

Actuar sobre «las grandes cantidades de alcohol que ingieren los menores, sobre todo los fines de semana», será uno de los objetivos de la futura ley que pondrá en marcha el Gobierno, que incidirá en la prevención del consumo, aunque la ministra eludió concretar detalles. «Aún es prematuro», indicó, aunque abogó por un cambio social que rompa la permisividad que existe en la actualidad hacia la ingesta de bebidas alcohólicas. «Hay que tener capacidad de detección, inspección, pero lo más importante es que socialmente se asuma que no se puede vender alcohol a menores y, tanto padres como los adultos que interfieren en la vida de los niños, todo tiene que tener esa orientación de riesgo para los jóvenes», apunta.

No hay consumo seguro

La sociedad, en general, no es consciente de que se trata de un grave problema de salud pública. Y esta es, precisamente, la queja de los expertos reunidos en el encuentro sobre adicciones.  «Estamos ante un problema y la sociedad no está a la altura de la protección que se debe dar a las menores frente al consumo de alcohol», destacó el catedrático de Psicobiología de la Universidade de Santiago de Compostela, Fernando Cadaveira.

Una investigación realizada en la USC, y liderado por el propio Cadaveira, ha demostrado que el consumo de alcohol en los jóvenes altera su estructura cerebral, afecta a la actividad basal del cerebro, provoca hiperactividad a la hora de resolver una tarea, afecta a la corteza prefrontal y del hipocampo y pone en peligro su salud y bienestar. «El cerebro del adolescente es más vulnerable porque está en proceso de maduración, ya que se calcula que sigue madurando hasta los 25 o más años», añade Cadaveira.

En este sentido, la investigadora y profesora de Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), Xisca Sureda, lamenta que el alcohol esté siendo la alternativa «más económica» para los jovénes, para quienes es más barato ir a comprar una lata de alcohol y beberla en el parque que acudir a un polideportivo.

Pero no sólo el consumo de bebidas alcohólicas afecta a los menores y adolescentes, sino también a las personas mayores, como así lo ha comentado la investigadora en el departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, Rosario Ortolá. «No hay un nivel de consumo seguro», apostilla, en declaraciones recogidas por Europa Press.

Las borracheras en la adolescencia dejan huella en el cerebro

r. romar
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Las borracheras en la adolescencia dejan huella en el cerebro El consumo intensivo causa problemas de aprendizaje y de memoria y aumenta el riesgo de padecer dependencias en la edad adulta

El consumo intensivo causa problemas de aprendizaje y memoria y un mayor riesgo de sufrir dependencia en la edad adulta

Cada borrachera en la adolescencia es un billete directo a una lotería en la que todos los premios son desgracias. La reflexión parte de Fernando Cadaveira, director del grupo de Investigación en Neurociencia Cognitiva y Afectiva (NECEA) de la Universidade de Santiago y que lleva diez años estudiando los efectos del alcohol en el cerebro de los jóvenes. Y Cadaveira conoce muy bien cuáles son los premios de esta terrorífica lotería: problemas de atención y memoria; dificultad para el aprendizaje; fracaso escolar; mayor riesgo de dependencia del alcohol en la edad adulta y de caer en otro tipo de adicciones, desde las drogas hasta el juego; mayor probabilidad de sufrir un accidente de tráfico o de un embarazo no deseado y una mayor propensión a padecer enfermedades en la edad adulta. Sin hablar de que un coma etílico a una edad temprana puede ser una causa directa de muerte, como le ocurrió a la niña madrileña de 12 años que participó en un botellón.

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