Muere Eduardo Fungairiño, el fiscal indomable al que ETA quiso asesinar

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño MADRID / LA VOZ

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El polémico representante del Minsterio Público fue el emblema de la lucha contra el terrorismo en los años del plomo y se caracterizó siempre por su rechazo acatar ódernes superiores o directrices políticas

30 jun 2019 . Actualizado a las 17:29 h.

Fue el líder y la cabeza visible y mediática de los que se denominaron los fiscales «indomables». Un grupo de representantes de Ministerio Público en la Audiencia Nacional que se caracterizó por su actitud implacable frente al terrorismo de ETA, por no doblegarse nunca a las órdenes del Gobierno de turno y por mantener su independencia, sin tener tampoco reparos en expresar públicamente opiniones políticas controvertidas. Eduardo Fungairiño Bringas (Santander, Cantabria, 30 de mayo de 1946) ha fallecido esta mañana a la edad de 73 años. Su imagen en la silla de ruedas en la que tuvo que desplazarse de por vida después de sufrir un accidente de tráfico con 19 años en 1965, que le produjo una paraplejia, es uno de los iconos de los convulsos tiempos políticos de los años 90. Llevaba ingresado desde hace cinco meses por una dolencia cardiaca que complicaba su situación. Se había jubilado hace un año, en mayo del 2018.

Ingresó entró en la carrera judicial en 1972, en pleno franquismo, y ejerció luego como fiscal en la Audiencia Provincial de Barcelona entre los años 1973 y 1980. Su reconocimiento público lo alcanzó sin embargo tras su llegada a la Audiencia Nacional en plenos años del plomo del terrorismo de ETA, que intentó asesinarlo con un paquete bomba enviado en 1990.

De trato afable pero carácter volcánico, ejerció la acusación popular en algunos de los mayores procesos contra los terroristas de ETA, como el atentado de Hipercor en Barcelona en 1990. Pero también llevó la acusación en otro caso muy mediático, como fue el del envenenamiento por el aceite de colza. Su reputación hizo que en 1997 fuera nombrado fiscal jefe de la Audiencia Nacional.

En 2006, su resistencia a acatar órdenes superiores hizo que el entonces fiscal general del Estado, el gallego Cándido Conde Pumpido, forzara su renuncia como fiscal jefe tras la pérdida de confianza. Llevaba entonces 26 años en la Audiencia Nacional y fue destinado al Tribunal Supremo como delegado en la Fiscalía General para asuntos de terrorismo. La tensión había llegado al máximo tras la polémica comparecencia de Fungairiño en la Comisión de Investigación en el Congreso sobre los atentados islamistas del 11-M del 2004 Allí, el fiscal fallecido se desmarcó de las tesis de sus superiores y mostró su carácter indomable al asegurar en tono displicente que no leía los periódicos ni escuchaba la radio y que «por higiene mental», solo veía en la televisión «los documentales de la BBC». Desde la dirección de la Fiscalía se le acusó siempre de actuar por su cuenta y de guardarse para sí los excelentes contactos internacionales que mantenía, entre otros con fiscales norteamericanos o con el Centro Nacional de Inteligencia, sin compartir sus informaciones con los compañeros.

Recientemente, Fungairiño había mostrado en varias entrevistas una dureza contra el independentismo catalán similar a la que había protagoniado en su día contra el terrorismo etarra y se mostró a favor de ilegalizar a todos los partidos independentistas. También rechazaba abiertamente la prisión permanente revisable y defendía la instauración de la cadena perpetua para los terroristas que cometan crímenes especialmente execrables. «La Fiscalía lamenta la pérdida de Eduardo Fungairiño, quien fuera Fiscal jefe de la Audiencia Nacional y Fiscal del Tribunal Supremo, y quiere trasladar su pésame a la familia, amigos y compañeros», se señaló hoy desde la cuenta oficial de Twitter de la Fiscalía General del Estado.