Japón retoma la caza comercial de ballenas después de 30 años

Tokio ha establecido una cuota de 227 cetáceos hasta finales del año

Fotografía de archivo realizada el 21 de junio de 2007 que muestra la matanza de una ballena zifio en el puerto Wada en la prefectura de Chiba en Japón
Fotografía de archivo realizada el 21 de junio de 2007 que muestra la matanza de una ballena zifio en el puerto Wada en la prefectura de Chiba en Japón

agencias

Cinco embarcaciones han zarpado este lunes del puerto de la ciudad nipona de Shimonoseki en el marco de la reanudación de la caza comercial de ballenas por parte del Gobierno japonés tras 30 años de suspensión, una decisión que ha suscitado numerosas críticas.

Para retomar la caza comercial de ballenas, Tokio ha establecido una cuota de 227 cetáceos hasta finales del año, según ha informado el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca (MAFF, por sus siglas en inglés).

Los balleneros japoneses podrán cazar en las aguas territoriales y en la zona económica exclusiva de Japón 52 rorcuales aliblancos o Minke (Balaenoptera acutorostrata), 150 rorcuales de Bryde (Balaenoptera brydei) y 25 rorcuales boreales (Balaenoptera borealis).

«A partir de hoy, me gustaría que los balleneros realizaran la captura observando la cuota y buscando revitalizar la industria ballenera», ha indicado el titular de Pesca, Takamori Yoshikawa, citado por la agencia Kiodo.

El pasado año, Japón confirmó la decisión de abandonar la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para reanudar la captura de ballena a partir de julio de 2019, decisión que le valió fuertes críticas por parte de organizaciones ecologistas.

La comisión prohibió en 1982 la caza comercial de ballenas, una decisión que entró en vigor a nivel mundial cuatro años después. Desde entonces, Japón ha seguido cazando ballenas «por motivos científicos», un conocido vacío legal, en la Antártida y en el noroeste del Pacífico. Se da la circunstancia de que, con su salida de la comisión, Japón tendrá terminantemente prohibido cazar ballenas en estas zonas.

«La caza comercial de ballenas es una práctica inherente y excepcionalmente cruel que no tiene cabida en el siglo XXI», según un a declaración de la ONG Humane Society International, respaldada entre otros por la primatóloga y etóloga Jane Goodall o los actores Stephen Fry y Ricky Gervais. «No hay forma humana de matar a estos animales que no sea de una forma lenta y agónica», añade el texto.

El profesor de la Universidad de Tokio Nobuyuki Yagi ha considerado que la decisión adoptada por Japón era inevitable dado el partidismo exhibido en los últimos años por la comisión a favor de los grupos antiballeneros.

«Ha dejado de ser un organismo respetable para convertirse en un lugar donde los países en contra de la caza de ballenas hacen presión para imponer sus puntos de vista», ha lamentado en declaraciones a la agencia oficial de noticias japonesa Kyodo.

Por su parte, el profesor adjunto de la Universidad de Tohoku, Atsushi Ishii, ha pedido que continúan las negociaciones dentro de un término medio en el que Japón pueda proseguir con esta práctica, condicionada por ciertos límites estipulados por el derecho internacional.

Además, todavía no está claro cuánto beneficio podría comportar la reanudación de la caza comercial, sobre todo porque la dieta japonesa ha cambiado significativamente en las últimas décadas. Para hacerse una idea, el consumo interno anual de carne de ballena fue de alrededor de 200.000 toneladas en la década de 1960, pero la cifra ha caído a alrededor de 5.000 toneladas en los últimos años, según datos del Gobierno.

El consumo de la carne de ballena en Japón se redujo de unas 233.000 toneladas anules en 1962 (el equivalente de unos 2,4 kilos per cápita) a unas 5.000 toneladas en los años recientes, según las estadísticas oficiales. A lo largo del pasado año, los balleneros japoneses cazaron 637 animales, supuestamente con fines de investigación científica.

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