El PPE se aferra al poder en la Unión Europea y bloquea el reparto de cargos

Orban insta a los conservadores a evitar la «humillación» de ceder el timón a sus rivales

El socialdemócrata holandés Timmermans, favorito para presidir la Comisión Europea
El socialdemócrata holandés Timmermans, favorito para presidir la Comisión Europea

bruselas / corresponsal

La batalla por el poder en la UE continúa. Las negociaciones en Bruselas para repartirse los altos cargos de las instituciones se han convertido en un cuento macabro de muertos que reviven y de candidatos enterrados en vida. Hace poco más de una semana que el presidente Pedro Sánchez daba por muerto al candidato de los socialdemócratas para tomar el relevo al frente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, pero el holandés resucitó este domingo en Bruselas, tras la cumbre de Osaka.

En Japón se habría cerrado un acuerdo para encajar el complicado puzle. Un pacto cuya letra no ha gustado a parte del Partido Popular Europeo (PPE), ganador de las elecciones. Los conservadores se resisten a abandonar el poder. Creen que ese cargo le pertenece a su candidato, el alemán Manfred Weber, detestado por el resto de fuerzas políticas y cancillerías de la UE. La fórmula tampoco gusta en el centro y este de Europa, donde Timmermans despierta hostilidad y rencor. Es la bestia negra de Polonia y Hungría, a los que ha expedientado por poner en riesgo la democracia.

«El apoyo a este acuerdo por parte del PPE sería un error histórico. Significaría que un partido, el cual ha ganado las elecciones, renuncia a la posición ganadora por la que había luchado. Es humillante. Socavaría nuestra autoridad y dignidad», alertó el primer ministro húngaro, Víktor Orban, en una carta dirigida al presidente del PPE, partido del que el Fidesz húngaro fue suspendido por sus ataques al Estado de derecho. El líder magiar aprovechó el revuelo para tensar más las cuerdas con sus socios conservadores, divididos entre una facción más proeuropea y los ultranacionalistas. «Esto llevará a nuestra propia autodestrucción», deslizó en la misiva en la que se le olvidó mencionar a algún candidato aceptable para su país, puesto que no apoyan ni al candidato de su propia familia, Manfred Weber.

Orban no es el único en resistir el pulso de Berlín y París. Sus vecinos polacos ultraconeservadores del PiS han puesto el grito en el cielo: «No es un candidato de compromiso, es un candidato que está dividiendo fuertemente a Europa», señaló el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki. Una crítica a la que se sumó el controvertido primer ministro checo, Andrej Babis, investigado por corrupción: «No es la persona adecuada. En el pasado hemos tenido la sensación de que no tiene una actitud positiva hacia nuestra región», sostuvo.

Más allá del reducto de rebeldes eurófobos en el que se ha convertido Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), lo cierto es que el socialdemócrata despierta simpatías hasta en las filas rivales. El presidente francés, Emmanuel Macron, lo incluyó en su lista de favoritos. Eso sí, defendió la paridad: «Queremos dos hombres y dos mujeres. Mi compromiso es claro», manifestó. Pero para que cuaje esta candidatura será necesario saciar el hambre de los conservadores y, muy especialmente, el de Alemania. La presidencia del Banco Central Europeo sigue en el aire. Berlín podría estar dispuesta a sacrificar la presidencia de la Comisión si le garantizan que podrá poner en Fráncfort a alguien de su cuerda.

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