Juncker admite que la elección de cargos europeos «no fue transparente»

El presidente de la Comisión cree que falta liderazgo y estabilidad en la UE

El presidente saliente de la CE se pronuncia sobre el reparto de cargos de la UE durante un acto en Helsinki
El presidente saliente de la CE se pronuncia sobre el reparto de cargos de la UE durante un acto en Helsinki

Bruselas/ Corresponsal

El polémico reparto de altos cargos institucionales en la UE sigue coleando. El último en sumarse a las críticas por el oscurantismo con el que los líderes europeos se repartieron esta semana los asientos ha sido el presidente saliente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker. El luxemburgués admitió desde Helsinki que el proceso por que el que se acabó eligiendo a la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, para tomar el relevo en la institución «no fue muy transparente».

El dardo vino acompañado de otro reproche a los Veintiocho por no haber respetado el sistema de candidatos. Ninguno de los propuestos por las diferentes familias políticas fue elegido: «Le dije al Consejo que siempre tuve la impresión de que haría historia, pero no así. Soy un tipo único. Fui el primero y el último spitzenkandidaten», lamentó. Juncker concurrió en las elecciones del 2014 como candidato a la Comisión por el Partido Popular Europeo (PPE), la misma familia que dejó caer esta semana a Manfred Weber, su elegido para los comicios del 2019, a cambio de mantener el control de la Comisión. «Desafortunadamente (el proceso de candidatos) no se ha convertido en una tradición», deslizó durante una rueda de prensa conjunta con el primer ministro finlandés, Antti Rinne, quien ha tomado el relevo en la presidencia temporal del Consejo (seis meses).

Durante su intervención, Juncker también reconoció que la UE «necesita dramáticamente liderazgo y estabilidad» para poder enfrentarse a los tiempos de que vienen, marcados por las guerras comerciales, la transformación digital de las economías y la emergencia climática.

Otro de los asuntos que abordaron fue la posibilidad de vincular la financiación europea al respeto del Estado de derecho en los próximos presupuestos europeos (2021-2027). Una medida de presión para forzar a gobiernos como el húngaro o el polaco a dar marcha atrás en la deriva antidemocrática que emprendieron de la mano de sus líderes ultranacionalistas, los mismos que esta semana respaldaron la designación de Von der Leyen. El apoyo a la alemana cercenó las posibilidades del socialdemócrata Frans Timmermans, la bestia negra de Budapest y Varsovia. El holandés ha librado en estos cinco años una guerra sin cuartel contra los continuos ataques de sus Ejecutivos a los derechos y libertades fundamentales.

La batalla continúa. Hoy mismo Bruselas estrechó el cerco al primer ministro magiar, Viktor Orban, al asegurar que investigará la nueva Ley húngara promovida por el gobierno para elegir a dedo los cargos al frente de la Academia de Ciencias y los proyectos susceptibles de ser financiados. La portavoz comunitaria, Lucía Caudet, subrayó la importancia de que sea “un panel de expertos independientes” el que esté a cargo de esta labor. «Seguiremos apoyando la libertad y autonomía de las academias de científicos», declaró.  

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