España padece la maldición de Juncker

Sánchez y Rivera saben que deben formar un Gobierno de coalición, pero temen perder votos si hacen lo que deben


madrid

«Sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo ser reelegidos después de hacerlo». La frase fue pronunciada por el luxemburgués Jean-Claude Juncker, un europeísta de la vieja escuela que, más allá de su incontinencia verbal, ya compartió mesa en las cumbres europeas con personajes de la talla de François Mitterrand, Felipe González o Helmut Kohl, y que ahora va a ser sustituido como presidente de la Comisión Europea por la ministra más mediocre del Gobierno de Angela Merkel, Ursula von der Leyen, lo que da idea de la grave crisis que atraviesa la Unión Europea.

Pero la frase del irónico Juncker define a la perfección el principal dilema de los dirigentes políticos. Hacer lo que es mejor para el país y para los ciudadanos o hacer aquello que les permita mantener el poder o aspirar a conquistarlo. En España vivimos en este momento un ejemplo perfecto de lo que se conoce como la maldición Juncker. En la situación política y económica que atraviesa nuestro país, y con el tablero político que ha surgido de las urnas el 26 de mayo, tanto el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, como el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, saben perfectamente lo que hay que hacer. Lo que le conviene a España y lo mejor para el país es un Gobierno de coalición entre el PSOE y Ciudadanos. Una alianza perfectamente asumible entre dos partidos que ya llegaron a un acuerdo de investidura hace tres años y que sería además la única fórmula que daría estabilidad al Gobierno, sumando hasta 180 diputados, y ofrecería una imagen exterior de moderación y centrismo muy conveniente de cara al futuro.

¿Por qué entonces Pedro Sánchez y Albert Rivera se niegan siquiera a explorar esa vía? Por lo que ya explicó Juncker. Uno y otro no están pensando en lo que hay que hacer y en lo que conviene a España, sino en cómo ganar las próximas elecciones o mejorar su actual situación política. Sánchez cree que formar un Gobierno estable con Rivera facilitaría a Unidas Podemos recuperar terreno por la izquierda y disputarle ese voto. Y Rivera piensa que una coalición con el PSOE impediría definitivamente su ambición de sustituir al PP como partido hegemónico del centro derecha en España y permitiría recuperar terreno a Pablo Casado. En eso piensan ambos, y no en aplicar un programa centrista y moderado que podrían pactar y que es lo más conveniente. Y por eso estamos como estamos.

Resulta inaudito que habiendo en España tres partidos constitucionalistas y moderados como el PSOE, el PP y Ciudadanos, que suman 248 de los 350 diputados del Congreso, el futuro no solo del país, sino de los ayuntamientos y comunidades, se esté dejando en manos de fuerzas políticas radicales como Unidas Podemos, Vox o los independentistas catalanes, que a pesar de ser minoritarios se están convirtiendo en los árbitros de la situación y en hacedores de gobiernos.

Ante el dilema de Juncker, optar por la inestabilidad y por dar alas a los radicales en lugar de por un Gobierno estable de 180 diputados es sin embargo algo que Sánchez y Rivera acabarán pagando caro.

El ataque a Ciudadanos en el Orgullo retrata a sus rivales

La falta de una reacción política de solidaridad, cuando no la complicidad con los autores ante los ataques sufridos por los representantes de Ciudadanos en las manifestaciones del Día del Orgullo del colectivo LGTBI da una idea del grado de degradación de la política al que se está llegando en España. El argumento que se utiliza desde la izquierda para justificar unos actos de intolerancia que no representan al pacífico colectivo LGTBI es que la presencia de Ciudadanos en ese desfile era una provocación. Un argumento lamentable que recuerda al de aquellos que justifican los ataques sexuales a las mujeres diciendo que la culpa es suya por ir provocando al ir solas por la calle y ligeras de ropa.

El duelo psicológico Cs-Vox se mantiene en Madrid 

Tanto en el PP como en Ciudadanos están convencidos de que lo sucedido en la investidura del candidato del PP a la presidencia de la Región de Murcia, en la que Vox votó en contra, es un intento de elevar la presión de cara a la investidura de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid. Consideran que Vox no podrá mantener el órdago y se llegará a un acuerdo para que la derecha conserve la joya de la corona de las comunidades y que después también será posible repetir el acuerdo para la investidura en Murcia en una segunda votación. Vox asegura sin embargo que mantendrán el desafío y que si no hay pacto a tres también se perderá Madrid. O Rivera o Abascal tendrán que ceder.

Habrá nuevo Gobierno, pero se decidirá en el último día

A pesar de todo el ruido político y mediático, la posibilidad de que se repitan las elecciones generales es realmente mínima. Sería algo que no convendría a nadie digan lo que digan los sondeos. Que le pregunten a David Cameron o Theresa May de qué valen las encuestas cuando se fuerza a los ciudadanos a ir a las urnas por interés personal y como puede cambiar la opinión de los votantes en apenas dos meses. De manera que conviene tomarse una tila, porque, en julio o en septiembre lo probable es que la situación se resuelva no ya en el último día, sino en el último minuto, con carreras de negociadores del PSOE y Unidas Podemos intercambiándose papeles. El pacto está cantado. Solo faltan los detalles.  

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