Lo que no sabías del pazo de Meirás

Emilia Pardo Bazán construyó el actual edificio donde tenía su biblioteca y se inspiraba. En su interior hay importantes joyas, entre ellas las estatuas del Abraham e Isaac del Pórtico de la Gloria. Está a la venta por ocho millones de euros

¿Quién lo construyó?

El pazo de Meirás está situado en el término municipal coruñés de Sada. Fue la escritora Emilia Pardo Bazán quien mandó construir la actual edificación en 1893.

La escritora pasaba varios meses al año en Meirás.

Pardo Bazán instaló su biblioteca en la Torre de la Quimera, la más alta del pazo, donde trabajaba.

Llama la atención el Balcón de las Musas. El lugar donde la escritora se inspiraba. Está en la fachada principal.

La capilla, de retablo barroco -de castaño y dedicado a San Francisco- cuenta con un impresionante sarcófago. El recinto se estrenó con la boda de Blanca, hija de la gran narradora naturalista.

Líneas básicas

Este pazo consta de tres torres almenadas de planta cuadrada y de distintas alturas. Las dos más bajas sirven de residencia. Su estilo es romántico.

Realmente más que un pazo esta construcción son unas torres que se edificaron sobre las ruinas de una antigua fortificación edificada en el siglo XIV por Ruy de Mondego, señor de las Mariñas y perteneció sucesivamente a las familias Dejo, Taibo, Ribadeneyra y, desde el siglo XVI, a los Patiño de Bergondo. Fue destruida por las tropas francesas, en el año 1809, durante la Guerra de la Independencia.

Su cerramiento actual está realizado en granito reservándose las mejores piezas de cantería para las esquinas, los vanos, remates y piezas singulares

Llaman la atención las ventanas de una de las torres, formadas por una triple arcada apoyada en columnas y balaustrada corrida del segundo piso, y los huecos en esquina de la siguiente planta bajo dinteles de cantería rematados en arco labrado en la misma pieza y apoyados sobre tres columnas con capiteles.

¿Qué pasó tras su fallecimiento?

Emilia Pardo Bazán murió el 13 de mayo de 1921. Quería ser enterrada en Meirás, pero falleció en Madrid.

Tras el asesinato de su hijo Jaime en 1936 y de su nieto -del mismo nombre- poco después del estallido de la Guerra Civil, el edificio queda en manos de su hija Blanca y de la viuda de Jaime, Manuela, que deciden donarlo a la Compañía de Jesús, pero no hubo acuerdo.

Las autoridades franquistas ofrecieron el pazo a la familia Franco como residencia veraniega, que no permitió la entrada a la hija y heredera de Emilia Pardo Bazán, que en vano intentó recuperar sus pertenencias.

Franco charla en Meirás con el alcalde Alfonso Molina
Franco charla en Meirás con el alcalde Alfonso Molina

Para acondicionarlo se recaudó dinero a través de la Junta Provincial Pro Pazo del Caudillo. Fue en 1937 y entre las autoridades destacadas estaba Pedro Barrié de la Maza.

En manos de los Franco

El dictador y su familia realizaron cambios en la propiedad. Se expropiaron fincas cercanas a los vecinos e incluso se amplió la carretera. También se instaló el portón de hierro de la entrada principal.

La entrada

En la entrada principal del inmueble sorprende una vidrieda con todos los apellidos de la familia de Emilia Pardo Bazán. Debajo hay un busto y un escudo de Franco. Había uno más grande, pero desapareció tras el incendio de 1978.

El incendio de 1978

Soldados vaciando la biblioteca para salvar los libros del avance de las llamas
Soldados vaciando la biblioteca para salvar los libros del avance de las llamas

Es uno de los grandes misterios del edificio. El 19 de febrero de 1978 se declaraba un incendio en el pazo. Las causas no llegaron a conocerse, pero se desataron todo tipo de teorías, entre ellas que la familia Franco se llevó de Meirás obras de gran valor artístico. Muchas piezas acabaron destruidas. 

Los volúmenes de Pardo Bazán se salvaron y fueron donados a la Real Academia Galega.

El comedor también quedó muy dañado.

La biblioteca se convirtió en un lugar muy fotografiado ya que Franco celebraba allí los Consejos de Ministros durante el tiempo que pasaba en el pazo.

Escudos de armas

El edificio mantiene los escudos de armas, tanto de la familia de Pardo Bazán, como de los Franco.

Las estatuas: otra polémica

En el pazo están dos esculturas de Abraham e Isaac realizadas por el maestro Mateo para el Pórtico de la Gloria. 

El concello de Santiago ha intentado recuperarlas por vía judicial.

El pasado febrero una jueza sentenció que los Franco eran los legítimos propietarios.

La finca

El terreno del pazo tiene más 6.000 metros cuadrados y una vivienda de servicio. Un terreno que se reunió gracias a expropiaciones forzadas.

 En venta

El pazo de Meirás cuenta con una especial protección. Fue declarado Bien de Interés Cultural en el 2008. Una categoría que exige a los propietarios a mostrarlo al público cuatro días al mes.

Tras mucha polémica, no se abrió a los visitantes hasta el 25 de marzo de 2011 las puertas del Pazo de Meirás se abrieron por primera a los visitantes. No se pudo ver al completo y muchas estancias llamaron especialmente la atención.

Tras la muerte de Carmen Franco, hija del dictador, en el 2018 sus herederos decidieron poner el pazo a la venta por ocho millones de euros.

La familia Franco, un negocio de cientos de millones de euros

carlos punzón
Palacio del Canto del Pico (Torrelodones, Madrid)
Palacio del Canto del Pico (Torrelodones, Madrid)

La familia del dictador ha acumulado chalés, palacios, aparcamientos, edificios y fincas gestionadas por decenas de sus sociedades, la mayoría centradas en el mercado inmobiliario

El 20 de febrero de 1968, casi siete años antes de su fallecimiento, Francisco Franco rubricaba en el palacio de El Pardo su testamento personal. Quienes han tenido en su mano el documento, indican que certificaba el legado a su muerte de dos millones de pesetas (12.000 euros) a cada uno de sus siete nietos, y a su mujer y a su hija los bienes inmobiliarios registrados a su nombre: el palacio del Canto del Pico (Torrelodones) y el pazo de Meirás, ambos regalados al dictador.

Pero el patrimonio familiar era mucho mayor. Tanto, que de esos bienes han seguido viviendo en buena medida sus descendientes y han generado actividad a medio centenar de sociedades centradas mayoritariamente en gestionar el tesoro familiar y rentabilizarlo en el negocio del ladrillo. Ese legado patrimonial de Franco no ha sufrido revisión alguna para rescatar los bienes recibidos como jefe del Estado, haciendo posible así que las propiedades que pasaron a su dominio y las que sus descendientes gestionaron, sigan haciendo de Franco un negocio muy vivo, aún 42 años después de su muerte.

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