En busca de la «viagra femenina»: la falta de deseo sexual sigue sin solución

En septiembre sale a la venta en Estados Unidos Vyleesi, un fármaco para luchar contra el trastorno de deseo sexual hipoactivo de las mujeres


REDACCIÓN / LA VOZ

Hace dos décadas una «pastillita azul» revolucionó la sexualidad. Los hombres encontraron una píldora para solucionar sus problemas de impotencia. Durante estos veinte años, la han usado cerca de 70 millones de varones en el mundo. Mientras, la industria farmacéutica sigue buscando el equivalente femenino de la viagra.

Ahora, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha aprobado un nuevo tratamiento para las mujeres que sufren pérdida del deseo sexual. Se llama Vyleesi y saldrá al mercado en septiembre. El fármaco vuelve a dividir a la sociedad y a la comunidad científica. ¿Qué es y cómo funciona? Su principio activo es la bremelanotida y, en primer lugar, no es una pastilla de color rosa. Se trata de un medicamento inyectable que se debe administrar entre 20 y 45 minutos antes de tener un encuentro sexual. No debe utilizarse más de una vez cada 24 horas y no más de ocho veces al mes.

«Hay que dejar claro que la terminología que se está usando no es muy adecuada porque no estamos hablando de una viagra femenina. En realidad, no tiene nada que ver con la viagra real, es decir, con el sildenafilo u otros fármacos proeréctiles. Estos últimos, lo que buscan es mejorar la erección por un proceso vascular, lo que hacen es mejorar la llegada de la sangre al pene. Por el contrario, los medicamentos que se han estado investigando para los problemas de las mujeres, son fármacos con los que se pretende mejorar el deseo y no influyen en otros procesos a nivel de respuesta sexual de la mujer», explica Carlos San Martín, doctor en Medicina, sexólogo y psicoterapeuta. La bremelanotida actúa a nivel del Sistema Nervioso Central «sobre unos neurotransmisores implicados en esos problemas de deseo. Se busca una activación a nivel cerebral», resume el experto.

¿Cuál es el problema? «Este mismo fármaco se intentó comercializar por vía intranasal hace un tiempo, pero se vieron efectos secundarios importantes como la hipertensión arterial. En este caso, los estudios nos plantean que hasta un 40 por ciento de mujeres que lo han utilizado en los ensayos han referido problemas como náuseas, vómitos, dolores de cabeza... Hubo tasas muy altas de abandono», asegura el Director del Observatorio Nacional de Salud Sexual.

«Los resultados de los fármacos probados no son los esperados; demostraron una baja efectividad, posiblemente por no tener en cuenta la complejidad psicológica y contextual de la respuesta sexual femenina. Tendremos que aceptar que no todo se resuelve con un medicamento», asegura Purificación Leal Docampo, presidenta de la Sociedade Galega de Sexoloxía. Algo en lo que coincide Emilio López Bastos, de la Federación Española de Sociedades de Sexología: «Se aplica a las mujeres el modelo de deseo sexual masculino. En muchísimos casos, existen mujeres que vienen a consulta con un sufrimiento psicológico importante porque les fatal deseo sexual y en pocas sesiones lo mejoramos porque comprenden que ellas tienen que crear las condiciones apropiadas para que ese mecanismo se ponga en marcha. Los condicionantes del deseo en la mujer son muy distintos a los del hombre. Cuando una mujer se impone a sí misma el “tener ganas” está creando ya una condición negativa que dificulta el proceso».

Carlos San Martín también hace hincapié en esta idea. «La sexualidad de la mujer no solo depende de factores fisiológicos, también tienen un gran peso los factores emocionales y relacionales, por lo tanto, el abordaje de los problemas de deseo sexual femenino, de la lívido, no pueden reducirse únicamente al abordaje farmacológico. No se puede comparar la disfunción eréctil del hombre con la falta de deseo sexual de la mujer. Tenemos que evitar el reduccionismo farmacológico de la sexualidad y entenderlo como algo multifactorial», analiza el sexólogo.

¿Llegará Vyleesi a España? «Yo, desde luego, confío en que no. Los estándares de la Agencia Europea del Medicamento son mucho más estrictos», afirma Emilio López.

Aproximadamente una de cada cinco mujeres tendrá un problema de deseo sexual hipoactivo a lo largo de su vida, clínicamente diagnosticable. «Cuando la mujer percibe una falta de interés, de impulso y una falta de fantasía en relación con la sexualidad que no está vinculada únicamente con su pareja. Ahí está la clave. A veces, se confunde con un problema de pareja, pero son cosas distintas», aclara el doctor San Martín.

«Habrá que tener en cuenta como en nuestra sociedad sigue estando legitimada la mirada androcéntrica y mecanicista de la sexualidad, donde la construcción del imaginario del hombre está centrada en la performance numérica y la construcción del imaginario de la mujer como objeto de deseo. Cuando el deseo sexual se convierte en un producto de mercado, añadido a la creencia de que tiene que ser espontáneo, conlleva a que la autoestima de la mujer está sujeta a sentirse atractiva y deseada, y a sentir malestar y angustia si no lo consigue, o a sentirse culpable de no satisfacer al otro», recalca Purificación Leal.

Venancio Chantada: «Hoy ya nadie tiene vergüenza de decir que tiene problemas de erección»

marta otero

El jefe de Urología del Chuac asegura que, con los avances terapéuticos, un hombre puede tener una vida sexual satisfactoria hasta que se muera

Venancio Chantada fue el primero que recetó una viagra en Galicia. Fue en 1998. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hoy ya nadie habla de impotencia, asegura el experto, que ha pasado de tener que tirar de la lengua a sus pacientes para que le contasen su problema a ver cómo piden ayuda abiertamente, acompañados de sus parejas.

-¿Ya nadie habla de impotencia?

-«Impotencia» ya no se utiliza, es un término un poco peyorativo y se dejó de utilizar hace muchísimos años. La OMS en el año 1999 definió lo que era la disfunción eréctil: una alteración que impide tener una relación sexual satisfactoria, con lo cual es algo más amplio y engloba más cosas que la simple impotencia o el gatillazo, como le llama la gente. Si se hace una búsqueda médica sigue habiendo artículos que hablan de impotence, pero ya todo el mundo lo entiende así y los pacientes saben que eso se llama así y vienen diciendo: «tengo un problema de erección» o «tengo disfunción eréctil».

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