La escalada entre Estados Unidos y China asoma al mundo al precipicio de una guerra de divisas
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Trump acusa a China de manipular su moneda y Pekín responde limitando las importaciones agrícolas
07 ago 2019 . Actualizado a las 08:53 h.Si la batalla comercial entre Estados Unidos y China había sido hasta ahora una guerra de aranceles, el paso dado a última hora del lunes por la Administración Trump pone al mundo al borde de una confrontación que puede tener consecuencias devastadoras para la economía. Aunque el movimiento tiene un cierto carácter simbólico, el Tesoro estadounidense incluyó al gigante asiático en la lista de países que manipulan su moneda, algo que no se producía desde 1994.
El Gobierno norteamericano solicitará ahora la intervención del Fondo Monetario Internacional, para que actúe contra lo que los norteamericanos consideran una devaluación artificial del yuan ?que el lunes cayó a niveles del 2008 y que ayer se estabilizó?. Y es que, según el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, Pekín obtiene con este movimiento una «ventaja competitiva injusta». Una opinión que choca con la manifestada en julio por el propio FMI, que señaló que la posición financiera de China está en línea con las «políticas deseables» determinadas por esta institución.
El presidente Trump volvió a acusar a uno de sus principales socios comerciales de «utilizar la manipulación de la moneda para robar a nuestros negocios y empresas» e insistió en pedir a la Reserva Federal una nueva bajada de los tipos de interés, después de que la semana pasada rebajara un cuarto de punto el precio del dinero.
¿Es la del yuan una devaluación artificial?
Es la versión estadounidense. La Casa Blanca había estado esperando una respuesta de China después de que la semana pasada Donald Trump anunciara que, a partir del 1 de septiembre, impondrá aranceles del 10 % a las exportaciones de productos chinos, valorados en 300.000 millones de dólares, que se suman a los gravámenes del 25 % a los restantes productos de importación china, por valor de 250.000 millones. La confrontación tarifaria, iniciada hace más de un año, surgió como un intento de dar respuesta a una de las obsesiones del presidente: reducir el déficit comercial de su país con el gigante asiático, al que las empresas estadounidenses venden mucho menos de lo que las compañías chinas introducen en el mercado norteamericano. Una de las consecuencias de ese pulso es que, en lo que llevamos de año, China ha caído a la tercera posición de los principales socios comerciales de Estados Unidos, por detrás de México y Canadá.
La versión de Pekín difiere de la estadounidense en la intencionalidad. Según el gobernador del Banco Popular de China, Yi Gang, la caída del precio del yuan se debe «a los efectos de las medidas unilaterales y proteccionistas [de Estados Unidos] y a las expectativas por las tarifas contra China». Es decir, sugiere que la depreciación es un efecto de la política de Trump, no su respuesta silenciosa a ella. Yi Gang adelantó que su país no tiene intención de involucrarse en una guerra de divisas.
¿Beneficia a China la caída de su moneda?
Si la moneda china se debilita, los productos de Estados Unidos se encarecen en el mercado chino, por lo que las empresas estadounidenses pierden competitividad respecto a las empresas locales. Donald Trump se ha quejado repetidamente de que al mantener el yuan bajo de forma artificial, los productos chinos se abaratan. Sea intencionado o causal, China puede paliar el daño de los aranceles estadounidenses a su economía siendo más competitiva en el mercado global sin necesidad de abaratar la producción.
Pero la rebaja del valor del yuan tiene también sus riesgos y, de ser intencionada, podría ser un arma de doble filo. Y es que una mayor caída podría causar una fuga de capitales y dificultar que las empresas locales puedan cubrir sus deudas denominadas en dólares.
¿Cuál ha sido la respuesta de Pekín a las acusaciones de Trump?
Aunque Donald Trump asegura por activa y por pasiva que la guerra con China no tiene más que beneficios para Estados Unidos, el sector agrícola está sufriendo las consecuencias del pulso. En respuesta a los nuevos aranceles de EE.?UU., Pekín anunció la suspensión de la compra de productos agrícolas estadounidenses. Solo en el 2017, China importó productos norteamericanos por valor de más de 19.000 millones de dólares. El año pasado, con la guerra declarada, la cifra cayó más de 9.000 millones y en los primeros seis meses de este año, las compras desde China disminuyeron un 20 % respecto al mismo período del ejercicio anterior.
Las bolsas siguen abonadas al rojo
La guerra comercial entre las dos mayores potencias del mundo sigue castigando las bolsas de todo el mundo. Los inversores no terminan de fiarse de los movimientos políticos en Pekín y Washington y las llamadas al sosiego, lejos de calmar los ánimos, volvieron a provocar ayer el efecto contrario, el de las pérdidas bursátiles.
El Ibex cerró la jornada con una caída del 0,89 %, hasta los 8.699 puntos. En dos semanas el selectivo español se ha dejado un 7 % de su valor. Los números rojos fueron la nota predominante en el resto de plazas europeas que, al contrario de lo que ocurrió la víspera, cayeron menos que la española. El DAX alemán, cedió un 0,75 %; el FTSE inglés un 0,69 %; y el CAC francés, un 0,13 %.
Mientras, el Dow Jones abría en positivo, ya que los inversores aprovecharon la fuerte caída de las acciones el lunes para tomar posiciones en el mercado estadounidense.