Bruselas trata de acorralar a Boris Johnson para forzar una nueva prórroga del «brexit»

La Comisión Europea insiste en que un divorcio desordenado con el Reino Unido es el «peor» escenario posible


Bruselas / Corresponsal

Solo hay que remontarse al último discurso público de la futura presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para saber que la conservadora está dispuesta a mantener al Reino Unido dentro de la UE aunque eso signifique prolongar una incertidumbre que los mercados ya dan por descontada y con la que Bruselas y Londres han aprendido a convivir: «Si necesitan más tiempo, pienso que ese es el camino correcto a seguir», deslizó la alemana invocando la posibilidad de una nueva prórroga.

Esta vía es intransitable para el recién llegado a Downing Street, Boris Johnson. El líder de los tories se juega todo el capital político el próximo 31 de octubre, día de la salida efectiva. Prometió llevar a buen puerto el brexit, sin aplazamientos ni excusas, así que la estrategia de seguir dilatando el calendario podría marcar el inicio de su final político. Solo tiene dos caminos: Renegociar el acuerdo o arrastrar a su país al precipicio.

Esa es la lectura que hace Bruselas, donde todos los esfuerzos están concentrados en cerrar filas y no ceder ni un centímetro de terreno ante las acometidas verbales y las amenazas del nuevo primer ministro británico. Johnson todavía cree que tiene opciones de forzar al equipo del negociador europeo, Michel Barnier, a renegociar el bautizado como «backstop», una solución de emergencia incluida en el acuerdo de divorcio por la que el Reino Unido se compromete a mantener a Irlanda del Norte dentro del mercado único y la Unión Aduanera como alternativa a una frontera física entre las dos Irlandas. A pesar de presentarse como un peligroso pirómano dispuesto a todo, incluso a un brexit caótico, Barnier no se ha amedrentado. Tampoco las cancillerías europeas. «La posición de la UE sigue inmutable. Pactamos un acuerdo de salida con el gobierno británico y es el mejor posible. Estamos dispuestos a añadir matices en la declaración política, pero no reabriremos el acuerdo de salida», insistió ayer la portavoz comunitaria, Annika Breidthardt, alimentando las sospechas de que ninguno pisará el freno hasta llegar al borde del precipicio.

Divorcio caótico

Se ha llegado a especular con la posibilidad de que Von der Leyen se muestre a favor de revisar los términos una vez que tome el control de la Comisión, pero solo previa consulta con los líderes y con el compromiso de que Johnson pedirá un aplazamiento, algo difícil de imaginar. A la ex premier, Theresa May, no se le dispensó ese trato a pesar de sus esfuerzos por sacar adelante el acuerdo sellado con los Veintisiete.

«Estamos preparados para el brexit, no hay nada nuevo que decir aquí», insiste el equipo de Barnier. Pero no cabe duda de que la perspectiva de un divorcio caótico pone los pelos de punta. «Si hablamos en términos de un no acuerdo, obviamente ese no es nuestro resultado preferido. Seguimos creyendo que un brexit ordenado es el mejor resultado para todos», asegura Breidthardt, eludiendo responder a las dudas en torno al posible cambio de estrategia de Von der Leyen.

Bruselas por el momento no está dispuesta a mover ficha. Todavía espera la visita de Johnson, quien se resiste a poner sus pies en la capital comunitaria. «Seguimos abiertos a mantener conversaciones con Johnson en las próximas semanas por si necesita clarificar su posición, por teléfono o en persona», aseguran sus funcionarios.

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