Telediario desde el campo de refugiados

La periodista Rayan Sukkar ilustra los sueños y esperanzas de los palestinos


Beirut

Rayan Sukkar planta su cámara a la entrada del campo de refugiados palestinos de Burj Barajneh, en Beirut. Su chaleco de prensa podría confundirla con uno de tantos periodistas que ese mediodía cubren la protesta palestina contra la imposición de un permiso de trabajo, pero esta joven de 23 años no es como los demás reporteros.

Hija de palestinos expulsados de Jaffa y nacida en el campo de refugiados de Chatila (Líbano), Rayan heredó la condición de refugiada palestina y con ella una miríada de obstáculos legales. Los 270.000 palestinos en el Líbano no tienen derecho a poseer propiedades, ni a votar o acceder a una baja por enfermedad, y tienen vetados 39 oficios. Según Acnur, el periodismo no figura en esta lista, pero en el día a día los reporteros palestinos no obtienen permisos de trabajo.

Aún así, esta joven estudió Comunicación y en el 2016 se unió al proyecto Campji, una iniciativa de la organización alemana DW Akademia que forma a jóvenes refugiados en periodismo ciudadano. Hoy un equipo de 21 reporteros refugiados narran las historias de los doce campos de refugiados palestinos a sus 50.000 seguidores en su página de Facebook.

El día de la protesta, antes de empezar a grabar, un joven cruza en su moto a toda velocidad y grita burlón: «Rayan, ¿has liberado ya Palestina?». Indiferente, esta joven se adentra en las estrechas calles bajo un cielo hilado de cables eléctricos, un escenario que le es familiar, ya que creció en el campo de refugiados de Chatila. Conoce los problemas de los refugiados, porque son los suyos. «Cuando me hablan de los cortes de electricidad, de que el agua de sus casas está salada o de la falta de oportunidades de trabajo, esos son mis problemas también», afirma.

Esta mañana, Rayan quiere que los palestinos le cuenten sus peticiones al Gobierno libanés. «Esto va más allá de la polémica del permiso de trabajo», dice esta joven preocupada por su propio estatus laboral. Durante toda la mañana, ante su cámara, ancianos y jóvenes diseccionan la discriminación estructural que sufren en el Líbano. Están relajados, Rayan es de los suyos. Una señora se derrumba al contarle que su hijo sufrió una paliza tras emigrar a Europa. Otro joven le cuenta que el día anterior una tienda despidió a todos los trabajadores palestinos al no poder hacer frente a una multa de la inspección de trabajo.

Acabar con los estereotipos

El objetivo de Campji es ilustrar no solo los problemas, sino los sueños y las esperanzas de los refugiados palestinos. «Los periodistas extranjeros vienen con unos estereotipos en mente, e intentan grabar conforme a lo que buscan», dice Rayan criticando los medios que solo resaltan la violencia y la miseria en los campos. «Yo no estoy satisfecha con nuestras condiciones de vida, tenemos muchas cosas que cambiar, pero no estamos sentados esperando a que venga un milagro, hay gente tratando de cambiar las cosas», afirma.

Desde el 11 de julio, los palestinos han protagonizado en el Líbano protestas masivas ante una ley que consideran que equipara a refugiados que llevan siete décadas en el país con migrantes económicos. Rayan está preocupada por el aumento del discurso de odio contra los palestinos: «Ahora tenemos más responsabilidad, porque los medios locales no entran a los campos, nos ignoran. Nuestra responsabilidad es darle voz a esta gente».

Rayan recuerda con cariño sus dos reportajes preferidos: el de una joven refugiada que a pesar de las presiones estaba entrenando a fútbol y el de una pareja de 80 años en el campo de Burj el-Shemali «que aún estaban enamorados». Preguntada por qué noticia le gustaría dar un día, responde con una sonrisa: «Una historia de amor, aquí también amamos».

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