Una precampaña electoral marcada por el «brexit», la recesión y la sentencia del 1-O

La falta de estabilidad y el frenazo de la economía alemana hacen saltar las alertas

Pedro Sánchez, durante la última sesión de control en el Congreso
Pedro Sánchez, durante la última sesión de control en el Congreso

Madrid / La Voz

La maquinaria electoral de todos los partidos trabaja ya a pleno rendimiento pensando en los comicios del próximo 10 de noviembre. No serán unas elecciones al uso, ya que al tratarse de una repetición electoral, técnicamente la campaña comprenderá solo la semana previa a que los colegios electorales de toda España abran sus puertas, y no las dos semanas habituales. Y tampoco serán unas elecciones al uso debido al intrincado calendario que resta por delante hasta el domingo de la votación, un auténtico campo de minas que todos los actores deberán esforzarse en sortear con éxito para atraer el voto de un electorado cada vez más indignado con su clase política.

El próximo lunes 23 concluye la cuenta atrás para que algún candidato recabe la confianza del Congreso, por lo que inmediatamente se disolverán las Cortes, decaerá la legislatura y se procederá a la correspondiente convocatoria electoral para dentro de siete semanas.

Entre medias, tal y como advirtió el presidente del Gobierno en funciones en su comparecencia de este martes, cuando afeó a PP, Cs y Podemos que «bloquearan» su reelección, España afrontará multitud de retos. Sin duda, uno de los que prometen generar una mayor inestabilidad será la sentencia del 1-O.

El juicio quedó visto para sentencia a principios del verano, y, aunque durante un tiempo se especuló con que el fallo podría conocerse justo a la vuelta de las vacaciones, fuentes judiciales detallaron que, bajo el fin de no enturbiar las ya de por sí intrincadas negociaciones de investidura (Sánchez necesitaba la abstención de los secesionistas), quedaría para la primera quincena de octubre. Los cabecillas se enfrentan a más de 20 años de prisión. El presidente de la Generalitat ya advirtió recientemente en un desayuno informativo en Madrid que no se quedarán de brazos cruzados y que el descontento se haría notar en la calle. ERC sugirió una huelga general. Las consecuencias políticas son imprevisibles. 

Otoño caliente en los banquillos

Imprevisible es también el fallo de los falsos ERE. El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía garantizó la pasada semana que la pieza política se conocería a finales de octubre. «¿Van a presentarse una moción a sí mismos cuando salga la sentencia de los ERE?», cuestionó Rajoy a Sánchez cuando constató que la moción cuajaría.

El 17 de octubre, el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González se sentará en el banquillo para declarar sobre la Púnica. Al día siguiente, lo hará Esperanza Aguirre. La de Cifuentes está sin fecha. En Génova dicen que son cosas del pasado, pero no perderán ojo de lo que suceda dentro de la sala. El otoño judicial viene caliente.

Pero las elecciones del 10 de noviembre no solo están condicionadas por factores internos, sino que lo que suceda al otro lado de las fronteras también será determinante. 

Alemania tose, la UE enferma

Sánchez reza para que la locomotora europea se sobreponga a la crisis, porque ya se sabe que cuando Alemania tose, Europa se acatarra. Los últimos datos económicos que maneja la Moncloa no son los más alentadores, y la oposición ya se prepara para sacar a pasear al fantasma de Zapatero y su gestión de la gran crisis del 2008.

Por último, el interminable culebrón del brexit parece que llega a su fin. Y por las bravas. El primer ministro británico, Boris Johnson, promete hacer efectiva la salida del Reino Unido de la UE el 31 de octubre, a dos días de que arranque la campaña. En el aire, Gibraltar, los expatriados, los acuerdos de pesca...

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