El líder laborista impone su estrategia para el «brexit» a costa de debilitar su liderazgo
24 sep 2019 . Actualizado a las 08:27 h.Debería haber sido una especie de unción para Jeremy Corbyn y una muestra de unidad y fortaleza en torno a él de cara a unas elecciones generales anticipadas. Sin embargo, la conferencia anual del Partido Laborista ha terminado convirtiéndose casi en un viacrucis para el líder de la principal formación opositora, quien ha tenido que soportar desde el minuto uno episodios que han puesto de manifiesto que las divisiones y contradicciones en la organización están a flor de piel.
Pese a que en la reunión celebrada en Brighton se aprobaron propuestas como la de integrar las escuelas privadas en las públicas, reducir la jornada laboral a 32 horas en una década o garantizar a la ciudadanía el acceso gratuito a recursos como parques, bibliotecas y centros deportivos, estas quedaron solapadas por las divisiones exhibidas entre los dirigentes, en especial por el brexit; los intentos del sector cercano a Corbyn de liquidar al número dos del partido, Tom Watson; y las renuncias de cercanos colaboradores del líder, acompañadas de críticas venenosas.
Ayer, en el tercer día de las reuniones, la mayoría de los delegados dieron luz verde a la propuesta de la dirección de aplazar hasta después de las generales la tarea de decidir si respaldarán o no la opción de la permanencia en la UE, en un segundo referendo que prometen convocar si llegan al 10 de Downing Street. En la votación, que se hizo a mano alzada, se oyeron gritos, abucheos y hasta cánticos.
A primera vista la aprobación de la moción sobre el brexit supone una victoria para Corbyn, quien impuso su tesis de evitar definir ahora la posición laborista en un tema tan divisorio y centrar los esfuerzos en ganar las elecciones, aún sin fecha. Pero el triunfo le ha salido caro, pues hasta cercanos como Jon Lansman, líder del grupo Momentum, se opusieron a la estrategia.
Lansman fue quien precisamente presentó la moción para descabezar al segundo del partido, quien ha mantenido abiertas diferencias con Corbyn sobre temas como la salida de la UE.
Además, nada más conocer la decisión líderes laboristas como el alcalde de Londres, Sadiq Khan, la rechazaron, por considerar que no refleja la visión «de la abrumadora mayoría de los miembros del Partido Laborista, los cuales desesperadamente quieren frenar el brexit».
Críticas de sus aliados
Pero las críticas vinieron también desde otras formaciones como los liberaldemócratas, con los que los laboristas se han aliado para enfrentarse al Gobierno. «Los laboristas de Corbyn no pelearán a favor de quienes quieren seguir en la UE, los liberaldemócratas lo harán», escribió el partido, que hace dos semanas prometió que de llegar a Downing Street paralizará el brexit.
Los temores de que la ambigüedad en este asunto pueda afectar electoralmente al laborismo son fundados, pues en los últimos meses el partido viene perdiendo votos mientras que los liberales y los verdes están creciendo. En las pasadas elecciones europeas el primero superó a la formación que se ha alternado en el poder con los tories desde la segunda mitad del siglo XX.