De asaltar los cielos a repartirse la túnica

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FERNANDO ALVARADO | Efe

27 sep 2019 . Actualizado a las 19:05 h.

El 18 de octubre del 2014, impulsado en las encuestas por el descontento popular y con el éxito aún caliente de las elecciones europeas de mayo, Pablo Iglesias, líder indiscutido e indiscutible en aquel entonces de Podemos, sacaba pecho en Vistalegre, su feudo fetiche: «El cielo no se conquista, se toma por asalto», gritó ante su enfervorecida asamblea de simpatizantes.

Asaltar los cielos se convierte en el mensaje de la campaña del 2015. Frente al PSOE «socialdemócrata» de Pedro Sánchez, que estaba en caída libre en las encuestas, Iglesias ya no se conformaba con ser muleta de los socialistas. Su objetivo era el sorpasso. Convertirse en presidente era el sueño del chaval de Vallecas que había crecido en las Juventudes Comunistas. Un año después, en las vísperas de la lotería, le tocaron nada menos que 69 diputados. Y seis meses después, en junio del 2016, llegó a su techo: 71 diputados, frente a los poco más de los ochenta cosechados por Sánchez en el que fue el peor resultado de los socialistas en la democracia.

Mariano Rajoy frenó la acometida de Iglesias y su batallón de profesores universitarios e hizo buena la máxima de la política italiana: «El poder desgasta, pero mucho más a quien no lo tiene», dejo dicho Giulio Andreotti, maestro en el funambulismo para mantenerse en el palacio del Quirinal.