Santiago Niño Becerra: «La vía monetaria se agotó; existe un exceso de dinero»

El catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull se alinea con la corriente de expertos que creen que se avecina un período de anemia, con tasas de crecimiento muy modestas y una Europa en plena transición hacia el futuro. A su juicio, los problemas de las economías del Viejo Continente no se solucionarán con compras masivas de deuda


Redacción / La Voz

Las opiniones de Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951) no dejan indiferente a nadie. En el 2009 describió con precisión la tormenta que poco después se desataría tras el estallido de la crisis de las hipotecas subprime. En El Crash: Tercera Fase (Roca Editorial, 2019), su último libro, dibuja una etapa de cambio que dará pie a un nuevo modelo económico y social.

-Mario Draghi acaba de advertir que el nuevo paquete de estímulos era indispensable por las amenazas que se ciernen sobre la coyuntura económica. ¿Coincide con su apreciación?

-No. En Europa, en el 2012, empezó lo que yo denomino la fase de las anfetas, la segunda fase de la crisis que comenzó en el 2007. Esas anfetas han servido para ganar tiempo, pero no han resuelto nada porque un cáncer no se cura con estimulantes. Y lo peor, la mayoría de esos fondos han ido a las empresas y en gran medida han servido para recomprar sus acciones. A mediados del 2018 ya apuntó la tercera fase de la crisis, en la que estamos, y esas nuevas inyecciones de anfetas solo van a servir para comprar un poco de tiempo adicional... a costa de más deuda.

-Parece haber consenso entre los economistas al señalar que estos años de cierta heterodoxia en las políticas del BCE resultaron decisivos para salir de la crisis, ¿pero tiene margen Europa ahora para reactivar a las grandes economías con una carga de deuda tan elevada y un entorno de tipos en negativo?

-Es que no se ha salido de la crisis, solo se congeló su desarrollo. Es como cuando Roosevelt comenzó a realizar obras públicas en Estados Unidos, en el 37; cuando se detuvo ese proceder, la crisis resurgió. La vía monetaria está agotada porque existe un exceso de dinero en todas partes, un dinero que solo son bits de ordenador. El principal problema de Europa no se arregla ni con más deuda ni con anfetas. No existe una Europa, sino tres: las zonas que sí cuentan en la economía postglobal porque tienen una elevada productividad, las que no, y las que nadan entre una zona intermedia.

-¿En qué medida puede resultar una losa pesada el balance que soporta el BCE, que está ya en el 40 % del PIB comunitario, más del doble que en el 2007? ¿Corre la economía europea el riesgo de japonesizarse, es decir, de no encontrar instrumentos entre las políticas públicas para salir de una etapa larga de atonía?

-No. El futuro de Europa, pienso, no es convertirse en un Japón bis (de hecho, pienso que Japón tampoco continuará en la situación en que ahora se halla), lo que sucederá es que va a dejarse de pensar en Europa como un todo y va a pasarse a pensar en las zonas que sí tienen recorrido y en las que no, y las que si lo tienen avanzarán. ¿La deuda? Nadie puede pagar todo lo que debe. ¿Qué queda? Quitas, reestructuraciones, compensaciones y tirar para adelante.

-El Banco de España acaba de rebajar su previsión de crecimiento para este año en cuatro décimas, ¿debemos hablar de desaceleración o teme un episodio más severo, al borde de la recesión?

-Sí, esto es muy curioso. El 20 de marzo el discurso del BdE era totalmente diferente. Cuando el FMI publicó su Spring Economic Outlook, en España se oyeron muchas voces diciendo que era una exageración, y ahora el BdE ha empeorado lo que el FMI decía para el 2021. Poco a poco va saliendo lo que ya era evidente: la tercera fase que se caracterizará por crecimientos raquíticos, a todas luces insuficientes y sesgados. Para diciembre, nuevo empeoramiento en las previsiones.

-Las tensiones entre EE.UU. y China esconden una pugna por la hegemonía mundial que difícilmente se resolverá a corto plazo. ¿Hemos de acostumbrarnos en Europa a una etapa de turbulencias, a una guerra comercial más larga de lo previsto?

-Pienso que cuando hacia en el 2025 finalice esta tercera fase de la crisis se habrá alcanzado la estabilidad por una sencilla razón: porque a nadie le conviene la inestabilidad. A EE. UU. y a China le sucede lo mismo que a Europa: existen zonas que sí, y zonas que no. Pienso que pactarán porque es beneficioso para ambos.

-¿Le parece el gran factor desestabilizador de la economía española y europea hoy la guerra comercial o le preocupan más otras cuestiones como el brexit, el ascenso de los populismos...?

-La economía española juega en otra liga. España ha de empezar por resolver dos problemas que o no puede, o no sabe, o no quiere resolver. Uno es su déficit. El otro la viabilidad económica de algunas de sus regiones. Para ambos la solución vendrá de Bruselas.

-Teóricos como Graham Allison propugnan inquietantes teorías como la trampa de Tucídides... ¿Le parece una hipérbole o un aviso a navegantes?

-Me suena a algo parecido a ‘que viene el coco’. La Segunda Guerra Mundial fue muy rentable -de hecho, sirvió para liquidar definitivamente la Depresión- porque las destrucciones fueron cuantiosas aunque limitadas y porque murieron muchas personas pero de forma bastante selectiva. Hoy en una guerra no habría vencedores ni vencidos. Los muertos serían centenares de millones, el aire, el agua y la Tierra quedarían contaminados durante décadas. Quienes murieran en la guerra serían personas afortunadas, al resto les esperaría un escenario Mad Max. Eso no beneficia a nadie y en ese presente no sería aplicable el consejo de Rothschild porque no habría nada que comprar. Algo como eso no pasará porque no puede pasar y porque es imposible que pase. Pero es cierto: es útil sugerirlo para amedrentar a ciertos colectivos y para justificar ciertos gastos.

-¿Cuáles son sus perspectivas a corto y medio plazo para las economías europea y española? ¿Llega otra etapa convulsa cuando parece que aún no hemos dejado atrás del todo la crisis del 2008?

-No es España o Europa, sino el planeta. El entorno económico ya es postglobal, por lo que las interacciones entre agentes económicos son completas. (El drama de Uganda, por ejemplo, es que se halla completamente inmersa en ese entorno postglobal pero no desempeña ningún papel en él). Lo dicho: tercera fase de la crisis comenzada en el 2007; delimitación de zonas con posibilidades; declive de los estados y ganancia en importancia de las grandes corporaciones; implementación de lo que denomino el trinomio social: renta básica - marihuana legal - ocio gratuito a fin de comprar la paz social en un mundo económicamente desequilibrado y crecientemente tecnificado, es decir, con una demanda de trabajo decreciente. En resumen: un nuevo modelo.

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Manuel Blanco

El BCE acaba de aprobar otra lluvia de estímulos: 20.000 millones de euros al mes en compras de deuda. Los expertos dudan de la eficacia del programa y advierten de que Europa podría encarar una etapa de estancamiento secular, con la situación de Japón como temido espejo

Tokio. 1989. El valor del mercado inmobiliario de la capital nipona equivale al de un país como Estados Unidos. Solo el del distrito de Chiyoda-Ku, al de todo Canadá. Aquel territorio devastado por la Segunda Guerra Mundial se ha transformado en una potencia a nivel global. Sus bienes altamente tecnológicos invaden los cinco continentes, los modelos de trabajo de sus empresas se estudian en las escuelas de negocio, la productividad de su fuerza laboral no resiste comparación... Los niveles de riqueza son, en consecuencia, de los más elevados del planeta. Pero el milagro japonés, como lo han bautizado los economistas, está a punto de verse bruscamente interrumpido. Desde entonces hasta nuestros días, Japón atraviesa una suerte de crisis endémica que, todo hay que decirlo, para sí querrían buena parte de las naciones conocidas habida cuenta de la calidad de vida acumulada. El estado asiático soporta ya varias décadas de fuerte estancamiento, con el crecimiento en tasas muy modestas y una deflación crónica. Y ello pese a que su banco central ha regado insistentemente la economía del país de estímulos monetarios. Una lluvia de millones que no ha surtido los efectos esperados.

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