«No podemos aguantar más, llevamos 9 años de masacres»

Erdogan bombardea un puesto estadounidense en Siria


Beirut / E. La voz

El miércoles Erdogan inició el ataque. Esa tarde, Fadiya, de 47 años, abandonó junto a sus dos hijos su casa de Ras al Ain. «Cuando las bombas empezaron a caer, nos fuimos» resume.

Fadiya no esconde su resentimiento hacia la comunidad internacional. «Después del precio que hemos pagado por eliminar la amenaza terrorista [EI], nuestro pueblo ha perdido muchos hijos… y ahora nos echan de nuestra tierra y nuestra casa».

Ras al Ain está en el epicentro de los combates. Tres días de ofensiva se han cobrado la vida de al menos 16 civiles y herido a otros 53, según el Centro de Información de Rojava. El objetivo de Erdogan es desplazar a los combatientes kurdos, que Ankara considera terroristas (y Washington, hasta ahora, aliados en la lucha contra Estado Islámico) a una franja en el norte de Siria donde enviar a dos de los 3,6 millones de refugiados que viven en Turquía. Pero la ofensiva está creando más desplazados.

Fadiya es copresidenta del Consejo de Ras al Ain y cuenta que la mayoría de las 3.000 familias del pueblo han huido, muchas a Al Hassaka, a 80 kilómetros de la frontera. En esa localidad, Silwan Maoo, de Eshna Devlopment, trata de atender a los desplazados. «Nuestras once escuelas funcionan como refugio y los vecinos están acogiendo en sus casas a 265 familias», explica y alerta que desde hace dos días no tienen agua corriente porque la estación de Ras al Ain fue bombardeada.

De los 450.000 residentes enel noreste de Siria, unos 100.000 han huido, lo que desborda a las oenegés. Karl Schembre, portavoz en Oriente Medio del Consejo de Refugiados Noruego, cuenta que muchos trabajadores humanitarios huyen porque la situación es muy peligrosa. El hospital de Tal Abyad, según Médicos Sin Fronteras, ha cerrado. Schembre explica que el problema es elegir destino seguro. Al oeste, Idlib está en manos de rebeldes y yihadistas; al sur, el régimen de Al Asad; y al norte, la ofensiva turca. «No hay salida, excepto los que huyan hacia Irak, el resto está atrapado» dice.

En Al Tabqah (Raqqa), Amr, de Together for Jerjanaz, mira con aprensión la ofensiva. «Tenemos un gran miedo de que las células durmientes del EI se aprovechen de los combates entre las FDS y el Ejército turco» explica. El analista Sam Heller, de Crisis Group, coincide en que la invasión turca puede conducir al retorno del EI.

A Amr, de 28 años, ya ha visto Raqqa en manos de Al Asad, el Ejército Sirio Libre, el EI y las Fuerzas Democráticas Sirias; y el nuevo frente con Turquía le exaspera. «En Raqqa ya no podemos aguantar más operaciones militares, ni desplazamientos, hemos tenido 9 años de masacres, asesinatos y destrucción, basta ya», exclama.

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Esta apelación no llega al norte de Siria, donde el Ejército turco llegó incluso a bombardear un puesto de observación estadounidense próximo a Kobane la madrugada de ayer. «La explosión ocurrió a unos cientos de metros de un lugar en el que los turcos saben que estamos desplegados», informó el Pentágono sobre un incidente entre dos Estados miembros de la OTAN en el que no hubo heridos. Tras el anuncio, el Centro de Coordinación y Operaciones Comerciales de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) indicó que «las fuerzas estadounidenses regresaron a su posición en la colina Mishtanur».

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