¿Y si son los alumnos los que ponen el examen?

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

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UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

Es una práctica activa que permite a los estudiantes respasar el temario a la vez que se sienten protagonistas y los hace más responsables

10 feb 2020 . Actualizado a las 10:47 h.

Cada vez es más frecuente que la evaluación sea un proceso en el que los alumnos participan activamente. En las metodologías activas, el estudiante ha de ser el centro del proceso y se insiste en que junto al control de los profesores haya una mayor implicación del joven en su aprendizaje. Autoevaluarse o evaluar al resto es una práctica cada vez más común. Otra opción es que participe en el paso anterior: diseñar el examen. ¿Qué debería preguntarse? es una cuestión que implica aprendizaje en sí misma.

Eso es lo que hizo un profesor de Matemáticas de Madrid muy activo en Twitter, Alejandro Gallardo, quien compartió una experiencia en la red social: sus alumnos de tercero de ESO de Matemáticas Aplicadas (las que teóricamente se dirigían a FP) diseñaron su propio examen.

Esta práctica tiene buena acogida entre el alumnado, porque saber que se puede determinar parte de un examen es casi un premio para los adolescentes. Además, les ayuda a establecer prioridades -¿qué es lo más importante de este tema?- y esa es una forma de estudiar. Si eligen diez preguntas de alguna manera las han preparado y aunque solo haya dos que se vayan a repetir en el examen, han tenido que revisar el resto del temario.

Cuanto más implicado esté el alumnado el resultado puede ser mejor. Y vale para cualquier etapa. Los profesores de la USC Carmen Álvarez Lorenzo y Francisco Javier Otero Espinar realizaron hace años un estudio precisamente sobre una práctica similar en Farmacia. Según publicaron en la revista de la Universidad de La Rioja, el resultado fue muy interesante.

El objetivo era saber «en qué medida la implicación del alumno en la evaluación puede incrementar su motivación y su rendimiento». Desde el curso 2007-08 propusieron «a los alumnos de un grupo de Biofarmacia y Farmacocinética de la licenciatura en Farmacia de la USC que prepararan, de forma individual o en grupos de dos, preguntas para el examen sobre los contenidos de Biofarmacia». Los alumnos presentaron sus propuestas, de estas se eligieron diez por votación y finalmente el profesor escogió dos para el examen, que tenía cinco cuestiones. El resultado fue positivo: «La participación en la redacción de preguntas superó el 75%. De las 40 preguntas recibidas, se solaparon el 25%, por lo que a la votación final llegaron más de 20». Tener que elegir qué pregunta es la más adecuada sirvió al alumno como «estímulo para una asimilación progresiva de los conocimientos, constatándose una actitud más activa en las clases». El primer curso que se implantó el 100% del alumnado del grupo aprobó entre junio y septiembre; en el conjunto (con otros grupos diferentes) el 12% de los estudiantes no pasó la materia entre junio y septiembre.