Juncker se despide de la Eurocámara con un llamamiento a combatir «los nacionalismos estúpidos»

El presidente de la Comisión Europea, que dejará el cargo el 1 de diciembre, hace balance de cinco años de gestión en los que «me empleé a fondo»

Juncker fue aplaudido tras finalizar su último discurso como presidente de la Comisión Europea en la Eurocamara
Juncker fue aplaudido tras finalizar su último discurso como presidente de la Comisión Europea en la Eurocamara

Bruselas / E. La Voz

Visiblemente emocionado, Jean Claude Juncker se despidió ayer de la Eurocámara como presidente de la Comisión Europea con un llamamiento a cuidar Europa y a luchar contra los «nacionalismos estúpidos». «Cuiden Europa y combatan con todas sus fuerzas los nacionalismos estúpidos y limitados. ¡Viva Europa!», concluyó su discurso, poniendo en pie a la mayor parte de los eurodiputados presentes en el pleno en Estrasburgo.

El mandato de Juncker debía finalizar el próximo 31 de octubre, pero finalmente se alargará al menos hasta el 1 de diciembre por las dificultades que está encontrando su sucesora, Ursula von der Leyen, para formar su equipo de comisarios. En su adiós agradeció el apoyo del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk _«hemos sido gemelos y hemos tenido nuestros encontronazos_ y dio su apoyo a Von der Leyen, «la persona ideal» para asumir el cargo. «Me voy ni triste ni eufórico pero con la sensación de que me empleé a fondo», subrayó.

El político luxemburgués de 64 años aprovechó la ocasión para hacer un balance de su gestión al frente de la Comisión Europea durante cinco años. En sus lista de fracasos enumeró la ausencia de avances en la reunificación de Chipre, no concluir un nuevo tratado con Suiza ni completar la unión bancaria.

Sin embargo, se felicitó por haber logrado una flexibilidad mayor en las reglas fiscales de la UE, que ha posibilitado «responder a favor de países como España, Italia, Portugal o Grecia cuando han pedido que tuviéramos una interpretación más flexible del endeudamiento». También por haber potenciado la dimensión social («un niño mal amado en los últimos tiempos», dijo), haber cerrado quince nuevos acuerdos de libre comercio y haber rescatado a más de 760.000 inmigrantes en el Mediterráneo.

Sobre la salida del Reino Unido, Juncker lamentó la «pérdida de tiempo y pérdida de energía» que, a su juicio, ha supuesto el largo proceso de negociación del brexit para el proyecto europeo, al tiempo que recalcó el «trabajo incansable» de Bruselas para negociar un buen acuerdo .

No perdió la ocasión de tirar de las orejas a los Estados miembros que reprobaron que la Comisión Europea interviniera en la resolución de la crisis financiera de Grecia y mostró su satisfacción con «haber devuelto la dignidad al pueblo heleno que durante demasiado tiempo pisoteamos».

El presidente advirtió de la tendencia irreversible de la pérdida de peso demográfico y económico de Europa. «Quien piense que eso justifica que haya menos Europa y que nos repleguemos a intereses nacionales, está muy equivocado». Cerró su discurso instado a los políticos a hablar a los jóvenes de la paz y la guerra: «Hay 60 guerras en activo y ninguna se está librando en la UE, territorio que ha sido escenario de los acontecimientos más cruentos del siglo pasado».

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