El independentismo catalán pierde fuerza en su momento clave

La gran manifestación contra la sentencia del Supremo registró ayer menor afluencia de la esperada: 350.000 asistentes, muy lejos de los 1,8 millones de la Diada del 2014

C. REINO
BARCELONA / COLPISA

El independentismo empieza a dar muestras de cansancio. Al menos en la calle, donde las cifras de las movilizaciones no hacen más que caer de manera continua. La Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Omnium Cultural, los dos mayores colectivos civiles secesionistas, pretendían que la manifestación de ayer en Barcelona fuera una de las más multitudinarias de la historia reciente de Cataluña y, sobre todo, la más numerosa protesta contra la sentencia del procés. Habían convocado a participar en una marcha «masiva y transversal» contra el fallo del Supremo. Incluso pensaban atraerse a sectores no independentistas pero contrarios al encarcelamiento de los líderes secesionistas. Lo cierto es que, tan solo doce días después de conocerse esa resolución, únicamente consiguieron convocar a 350.000 personas, según los cálculos de la Guardia Urbana. Las cifras de esta protesta se quedaron muy lejos de los grandes números históricos del independentismo como cuando el secesionismo sacó a la calle a 1,8 millones de personas en la Diada del 2014, siempre de acuerdo a los cálculos del Ayuntamiento. La marcha de ayer ni siquiera logró superar la Diada del pasado septiembre (con 600.000 asistentes). 

Nuevas amenazas al Gobierno

Quim Torra trató ayer de regresar, al menos en lo simbólico, al escenario de hace dos años e insistió en la política de órdagos, con la amenaza al Gobierno central de volver a ejercer la autodeterminación. Torra recibió en el Palau de la Generalitat a cerca de 700 alcaldes (en Cataluña hay unos 947) con los que se conjuró para no «desfallecer» y «seguir adelante» para «acabar» el trabajo iniciado hace dos años, con el referendo ilegal del 1-O y la declaración unilateral del 27-O, de la que hoy domingo se cumplen justo dos años, y construir una república. «La autodeterminación no tiene camino de retorno», avisó por enésima vez.

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